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Israel reimpondrá el confinamiento general tras perder el control sobre la pandemia

Un israelí se somete a la prueba de detección de la covid-19, el domingo en Jerusalén.
Un israelí se somete a la prueba de detección de la covid-19, el domingo en Jerusalén.ABIR SULTAN / EFE

Como un ejemplo de determinación para el resto de las naciones, Israel superó en primavera sin apenas consecuencias sanitarias el primer embate de la pandemia. La segunda oleada de la plaga de coronavirus amenaza ahora con desarbolar su sistema sanitario, desbordado por más de 4.000 contagios diarios en un país de nueve millones de habitantes. Al cabo de varias semanas de vacilaciones, el Gobierno israelí se dispone a ordenar este domingo un confinamiento general tras el aparente fracaso de las medidas parciales de contención, como el toque de queda nocturno en decenas de poblaciones con alta tasa de infecciones.

Desde el viernes 18 de septiembre, al inicio de la festividad del Año Nuevo Judío y al menos hasta el 10 de octubre, pasado ya Yom Kipur o Día del Arrepentimiento y la celebración de Sukot o Fiesta de los Tabernáculos, los israelíes van a ver drásticamente reducidas sus actividades y la movilidad. De paso, el Gobierno pretende poner coto a los desplazamientos masivos y reuniones de las llamadas grandes festividades judías. Si no se consigue rebajar la tasa de contagios, las autoridades no descartan prorrogar las restricciones hasta noviembre. Los ciudadanos no podrán alejarse más de 500 metros de sus domicilios salvo aquellos que presten servicios esenciales (alimentación, sanidad, electrónica y hogar, entre otros). La prensa hebrea también anticipó que el aeropuerto Ben Gurion de Tel Aviv, principal puerta de entrada al Estado judío, seguirá operativo, aunque con limitaciones para los viajeros en función de su origen. Salvo excepciones, deberán someterse a una cuarentena de dos semanas a su llegada al país.

Después de año y medio de inestabilidad política jalonado por tres elecciones legislativas, el primer ministro Benjamín Netanyahu pactó en mayo un Gobierno de unidad nacional con su principal rival, el centrista Benny Gantz. El objetivo central era, precisamente, combatir la propagación de la covid-19 y reanimar la economía nacional, en estado comatoso tras sufrir un desplome del 28% en el segundo semestre de este año. Las disputas entre los socios de coalición, sin embargo, han conducido al fracaso del programa de la coalición, mientras la ciudadanía parece haber perdido la confianza en sus gobernantes.

Netanyahu ha acabado reconociendo que fue prematura la acelerada desescalada que siguió al estricto confinamiento de marzo y abril. Además de la multiplicación de los contagios, en su gran mayoría asintomáticos, entre los jóvenes, la pandemia se ha cebado con las minorías más desfavorecidas. Los israelíes árabes (20% de la población) y los judíos ultraortodoxos (11%) concentran cerca del 40% de los más de 150.000 casos, de los que 37.480 siguen activos.

El debate interno en el Gobierno es fiel reflejo de la fragmentación de la sociedad israelí en castas que apenas interaccionan Yakov Litzman, ministro de Vivienda y líder del partido ultrarreligioso Unión por la Torá y el Judaísmo, ha dimitido este domingo en rechazo a la imposición del nuevo confinamiento, que según dijo, impedirá el rezo en las celebraciones del Año Nuevo. Este dirigente de los askenazíes (judíos centroeuropeos) fue ministro de Sanidad en le anterior Gobierno, al inicio de la pandemia, cuando dio positivo a las pruebas de coronavirus por haber asistido a una multitudinaria ceremonia en una sinagoga, en contra de las directrices de su propio departamento sobre limitación de aforo en lugares de culto.

El toque de queda nocturno impuesto desde el pasado martes en las 40 poblaciones de Israel más golpeadas por la pandemia parece no haber surtido el efecto buscado, y el índice de contagios sigue disparado. Los partidos ultraortodoxos judíos que sostienen al Gobierno, mientras tanto, amenazaron con retirar el apoyo a Netanyahu si los confinamientos solo afectaban a ciudades y distritos donde sus partidarios son mayoría.

En los dos últimos meses ha pasado de una media semanal de 1.500 casos diarios a 3.500 durante la última semana. Las autoridades sanitarias han alertado de que la progresión de positivos contagios registrados puede acabar saturando las unidades de cuidados intensivos de los hospitales y superar la línea roja de 800 camas reservadas.

Desde el inicio del mes, la reanudación del curso escolar ha contribuido a la multiplicación de la tasa de infecciones. Durante la primera semana del curso el Ministerio de Educación contabilizó más de 1.800 casos positivos por coronavirus entre alumnos, profesores y personal no docente. Los contagios en la comunidad escolar –que obligaron a poner bajo cuarentena domiciliaria a cerca de 25.000 personas– forzar el cierre de al menos 42 centros de educación y 150 jardines de infancia en todo el país.

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