Lo último

Irene Escolar: “El teatro se transmite por la sangre”

Habla Irene Escolar: “No sé quién dijo ‘El teatro se transmite por la sangre’, pero creo que es algo verdadero. En el caso de mi familia es muy singular que nos haya pasado a tanta gente. ¿Mi primera vez? A los seis o siete años, viendo a mi abuela (Irene) y mi tía abuela (Julia) haciendo Siempre en otoño, de Santiago Moncada, con Amparo Baró. Yo me quedaba entre cajas y me aprendía los movimientos de mi abuela, y luego los hacía ante ella en el camerino. Claro, en la familia decían: ‘Esa niña ha salido cómica’. Y hay algo en esa manera de copiar que es muy artesanal, como los hijos de los panaderos aprenden a hacer el pan. Además, el teatro me hacía muy feliz: yo sentía que era el lugar donde quería estar. Tenía un deseo muy grande de estar allí, porque veía que mis familiares estaban encantados haciendo tarde y noche su trabajo. ¿Más ‘marcas’? El impacto inolvidable de Victoria Abril en Nadie hablará de nosotros cuando hayamos muerto. ¡Cuánta fuerza, cuánta verdad! El recuerdo de haber visto muchas veces esa película para aprender cómo lo hacía. Y poder hacer algo así algún día. Otro gran acontecimiento, a los 17 años: cuando Àlex Rigola me hizo debutar con Días mejores, en la Abadía. Su manera de hacer teatro era nueva para mí, un salto de juego y de riesgo. Me enseñó mucho. Cuando dirigía la Bienal de Venecia me hizo conocer el teatro europeo. ¡Cinco veranos! ¡Y los tres talleres sobre Shakespeare con Declan Donnellan, que me descubrió una forma distinta de enfrentarme a la interpretación”.

Le digo que he visto dos veces Leyendo Lorca, recital que ahora interpreta en el ciclo de Teatro confinado de La Abadía, y en la segunda me pareció notar una furia, una rabia nueva. En las palabras y en los ojos, encendidos, muy oscuros, clavándose en el público. “Cuando revisitas un espectáculo, cambia el texto y cambia la manera de abordarlo. Hay muchas búsquedas, como la de intentar traer al presente palabras muy bellas pero que pueden sonar lejanas, como tragedias antiguas. Para que lleguen al público necesito que antes me atraviesen, y que en ellas resuene todo lo que he sentido entre una función y otra, y así volver a constatar que la vida está dentro del teatro. No puedes olvidar lo que sucede afuera, decir esas palabras en medio de un confinamiento, en tu casa y para un grupo de personas que han comprado entradas, y así ayudar a la investigación contra el coronavirus. Lo que los de La Abadía y Kamikaze (donde estrené el recital) llaman “teatro confinado”. En este trabajo veo al público en pantallitas, y pensé que sería difícil comunicarse, pero las entradas se agotan en el momento de sacarlas, y me llegan luego unas respuestas preciosas. Hay en la gente mucha necesidad de arte, de ensueño, de transportarse a otros sitios”.

Le pregunto por su viaje con Lorca. Un viaje en el que es Yerma, Doña Rosita, la Julieta de El público, la madre de Bodas de sangre…Y el Lorca enamorado, el Lorca desolado y visionario. “Claro que hay un viaje. Pero sobre todo creo que siempre que me acerco a él, él me acompaña. Sientes latir sus anhelos, sus temores. Te sacude la pasión de vida, y es escalofriante ver en una esquina de su verso cuando parece predecir lo que va a suceder”.

Siempre hay ecos nuevos. Como cuando escuchamos en el pórtico esta sentencia: “Todo el teatro sale de las humedades confinadas”. “Es una frase de El público. Resumiendo mucho, creo que nos dice que de las oscuridades brota el teatro verdadero, y que de ahí hay que dejarlo salir. Tener el valor de reconocerse a uno mismo, a no tener miedo. Y es verdad: todas esas mujeres son absolutamente distintas. El reto quizás sea pasar una página y transmitir cada palabra desde otro lugar. Cada vez que decimos a Lorca ha de ser diferente, porque eso quiere decir que hay vida, que le devolvemos la vida que nos da. Si el texto sonase igual, con todo lo que me ha pasado a mí este año y lo que nos está pasando a todos, sería teatro muerto, pura repetición”.

Hablando de Lorca siempre echa a volar el tiempo. En el bolsillo queda el deseo de ver cuanto antes Las ficciones, de Pablo Remón, que Escolar interpretará con Bárbara Lennie y Carmen Machi en el Pavón Kamikaze, y habrá que esperar a otoño para acabar de rodar la película Competencia oficial, de Gastón Duprat y Mariano Cohn. Y el más que posible zambombazo de Dime quién soy, la serie de Movistar, rodada el pasado verano en media Europa, basada en la novela de Julia Navarro y dirigida por Eduard Cortés, donde Irene Escolar, al frente de un reparto internacional, encarna a una espía durante la Segunda Guerra Mundial.

Irene Escolar interpreta Leyendo Lorca en el ciclo Teatro confinado de La Abadía.

Leave a Reply