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Irene de Grecia, la tía Pecu de Felipe VI y sombra de doña Sofía

Irene de Grecia es una mujer discreta hasta tal extremo que no se saben muchas cosas de su vida diaria. Con el tiempo ha blindado aún más su intimidad. El sigilo con el que actúa es el éxito que tiene entre los suyos. Saben que siempre está allí para quien la necesite y que nunca cometerá un desliz. Hoy cumple 78 años confinada en el palacio de La Zarzuela, en las habitaciones que comparte con su hermana doña Sofía, un ala diferente de la que ocupa don Juan Carlos, recluido en las suyas desde que se decretó el estado de alarma.

Doña Sofía ha encontrado en su hermana menor a su mejor confidente. Hace tiempo Irene de Grecia, que nació en Sudáfrica, donde su familia residía en tiempos del exilio, decidió pasar parte del año en India, en Grecia y en España. Pero con el paso de los años vive casi permanentemente en La Zarzuela. Hace dos años obtuvo la nacionalidad española después de que el Consejo de Ministros aprobara un real decreto por el que se le concedía ese estatus por los lazos que la unen con el país. Juró la Constitución de manera discreta sin que de ello trascendiera ni una foto.

Irene de Grecia no es una princesa al uso. No le gusta el lujo, prefiere la vida sencilla. No tiene una fortuna. Ha donado su herencia a la ONG Mundo en Armonía, que trabaja en 30 países y que ella preside. No está casada ni tiene hijos, pero dicen que ha vivido grandes amores de manera también discreta. Ella misma se define como una “excéntrica”, una alternativa, por eso sus sobrinos la llaman Pecu, por peculiar. Un sobrenombre más en una familia, la Borbón y Grecia, en la que abundan los motes cariñosos.

Además de algo excéntrica, es vital e impaciente. Gracias a ese carácter logró en 1989, por ejemplo, que 72 vacas viajaran en un Boeing con destino a India. Eran un excedente del que ganaderos cántabros tenían que desprenderse. Para su ONG siempre busca donde sobra algo para dárselo a los más necesitados. Ha promovido proyectos en Vietnam, Afganistán, Guinea Ecuatorial y Haití, entre otros países.

Le interesa la cultura maya, los libros de ovnis y la medicina. Alternativa, aunque en 2002, cuando padeció un cáncer, acudió a una clínica tradicional de Madrid para tratarse con éxito de la enfermedad. Fue una dura época para la familia real que llevaron con reserva. De aquellos días solo hay un recuerdo visible: su pelo corto que ha mantenido prescindiendo de la larga trenza que llevó durante años.

Habla un español correcto, pero con bastante acento. Con sus hermanos y sobrinos se comunica en inglés o en griego. Y proclama: “En España estoy como en casa”. Pocas veces ha hablado en público, pero en 2007 hizo una excepción para una biografía autorizada que Eva Celada escribió de ella. “Mis éxitos”, dice, “se los debo a mi familia, a mis hermanos, pero mis errores son solo míos”, dijo en este libro.

Admira a su sobrino el rey Felipe: “Tiene un sentido del humor muy refinado. Le gusta dialogar, la discusión intelectual”. Pero está muy unida a su sobrina Cristina, la más griega de la familia, tanto que su única hija lleva su nombre. Cuentan que le hizo mucha ilusión la elección, pero rápidamente añadió con exagerada humildad: “No será por mí, sino porque les gusta el nombre”. Pero es Sofía, la hija menor de los Reyes de España, quien guarda un gran parecido con su tía-abuela.

De su hermana doña Sofía dice: “Tiene unas cualidades que a mí me encantaría poseer: serenidad, criterio, responsabilidad. Aguanta muchas horas de trabajo, el estrés. No necesita dormir tanto como yo, por ejemplo, es más fuerte. Además sabe siempre qué hay que hacer”.

Igual que la reina emérita es prácticamente vegetariana. Toca el piano de manera casi profesional y apoya con discreción iniciativas solidarias. También está muy preocupada por la sostenibilidad. Nunca se ha casado aunque ha mantenido tres importantes relaciones sentimentales que nunca oficializó.

Cuando acompaña a doña Sofía a algún acto lo hace en segundo plano. Evita, si puede, los saludos oficiales y las fotos. También prefiere ocupar una segunda fila que la primera junto a su hermana. Juntas pasan mucho tiempo en el palacio de Marivent mirando el mediterráneo, una casa que les recuerda mucho a Grecia.

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