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Infidelidades, tragedias y escándalos financieros, la historia de la familia de Johnson & Johnson

La multinacional quizá mejor situada para lograr una vacuna contra la covid-19 no tiene a ninguna persona ostentando el apellido fundador Johnson entre sus directivos. “El mundo enfrenta una crisis urgente de salud pública y estamos comprometidos en hacer nuestra parte para lograr que una vacuna esté disponible y sea asequible a nivel mundial lo más rápido posible”. La cita es de Alex Gorsky, presidente y director ejecutivo de Johnson & Johnson.

Desde su fundación en 1886 por tres hermanos (Robert Wood, James Wood y Edward Meade), el apellido Johnson mantuvo su poder dentro de la compañía hasta finales de la década de los sesenta del pasado siglo XX, cuando moría Robert Wood Johnson II, conocido como El General, sobrenombre que recibió gracias a su breve paso por la Segunda Guerra Mundial, apenas dos meses.

El General propulsó a la modernidad a una compañía que en su génesis en el siglo XIX fue una droguería y que hoy es icono del champú de niños, el aceite de baño, las tiritas y quizá la solución para formular la vacuna para acabar con la brutal pandemia que tiene a casi todo el planeta paralizado. El General fue un visionario para el marketing y los negocios. Pero también intuyó que si bien el dinero podía heredarse, no le sucedía lo mismo al talento. La idea de que sus descendientes redujeran a pérdidas contables el imperio que él había creado le llevó a dotar de dinero a sus familiares pero a alejarlos del mando de la entidad.

De nada sirvió que el hijo de El General, Robert III, Bobby, quisiera empezar desde abajo en la empresa para ganarse el favor y el respeto de su padre. Su relación estaba ya tocada incluso antes de que este aspirase a sustituir un día a su omnipresente padre. Robert III era hijo del primer matrimonio de El general con la heredera de una importante familia propietaria de minas de carbón Elizabeth Dixon Ross. Menos de tres lustros después de aquella boda, el General se casaba en secreto en París con una bailarina y la señora Johnson demandaba a su poderoso marido por abandono de hogar, logrando cerrar su historia de desamor por un total de un millón de dólares. El hijo nunca le perdonó el agravio a la madre. El General sumó todavía otro matrimonio más y en 1943 se casaba con una bailarina de cabaret que acabó siendo su viuda.

El dinero –mucho dinero–, los escándalos –amorosos o de negocios–y las tragedias –también personales y empresariales– a la farmacéutica que ha sido durante más de 100 años una de las marcas más cotizadas y fiables para el público. En los años ochenta, la compañía vivió una profunda crisis tras fallecer menos de una decena de personas por consumir Tylenol (paracetamol) contaminado con cianuro. Nunca se supo quién fue el responsable de aquel acto criminal. En los últimos años, Johnson & Johnson ha estado involucrada en la crisis de los opiáceos, un cáncer silencioso que devora Estados Unidos y que ha llegado a ser declarado por Donald Trump “emergencia de salud pública”. Desde finales de la década de los noventa, por los tribunales del país han circulado miles de demandas que alegaban que el famoso polvo de talco de la compañía causaba cáncer de ovarios. Y el supuesto nepotismo con el cual se aprobó por vía rápida un medicamento, Spravato, para tratar la depr

esión en los veteranos de guerra es tema de investigación por el Congreso de Washington.

Robert II, el General, y Robert III, Bobby, padre e hijo, morían con dos años de diferencia víctimas del cáncer, en 1968 el primero y en 1970 el segundo. El hijo solicitó ser enterrado lo más lejos posible de su padre. Para entonces ya estaba en el mundo Robert Wood Woody Johnson IV, quien posee una fortuna valorada en más de 4.000 millones de dólares y por supuesto goza de las acciones y los fondos multimillonarios que dejó su abuelo a toda la familia. A los Johnson se les compara con los Kennedy por la aureola de tragedia y poder que han sufrido a través de los años. Woody perdía a dos de sus hermanos varones, Keith y Billy, el primero por una sobredosis de cocaína y el segundo en un accidente de moto. Una hija de Woody, Casey, moría en 2010 a los 30 años de complicaciones derivadas de la diabetes que padecía, aunque también era adicta a las drogas.

El dinero no apaga el dolor de los infortunios aunque sí da para comprar un equipo de fútbol americano como los New York Jets, a pesar de que no haya ganado una sola Liga desde 1969. El cuarto Robert es hoy embajador de Estados Unidos en el Reino Unido por la gracia de su amigo Donald Trump, a quien donó un millón de dólares para su campaña electoral de 2016. Tanto Trump como Johnson IV coinciden en haber elegido como esposas a mujeres décadas más jóvenes que ellos tras haber tenido divorcios escandalosos.

Ninguno de los descendientes de El general ha triunfado por méritos propios en la vida. Woody intentó una carrera política pero un escándalo por evasión de impuestos le obligó a abandonarla. Se volcó entonces en apostar por quien no parecía caballo ganador: Donald Trump. Su envite le ha otorgado un nombre y un lugar, por el momento, en el reino de Isabel II. Nombre y lugar que nunca ha tenido, como jamás tendrá, su hijo, Robert Wood Johnson V, en la compañía del tatarabuelo por expreso deseo firmado de este.

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