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Inés Ballester: “El coronavirus ha sido peor que el cáncer”

Lleva ya bastantes días de alta reposando en casa, pero aún tiene pesadillas con las tres semanas que pasó ingresada con una neumonía bilateral severa por coronavirus. Aunque ha recuperado alguno de los kilos que perdió en el trance, aún no exhibe la arrolladora energía que le conocemos sus amigas y conocidas dentro y fuera de la tele. Así, “blandita”, con menos fuelle del que suele pero con ganas de volver a dar guerra, luce en la videollamada desde la terraza de su pedazo de ático. Un naranjo de vivero la escolta en el plano. Nostalgia de su tierra, donde están aislados sus ancianos padres. No ve el momento de poder ir a verlos.

¿Cómo se encuentra?

No al 100%. Los pulmones no están del todo bien. Hago yoga online, psicóloga online, tomo un vino con las amigas después de los aplausos online, todo online, con lo callejera y lo tocona que yo soy. Estoy rara.

Tres semanas enferma grave y aislada. ¿Qué ha sacado en claro?

Que lo más importante es la salud. Sin salud no hay proyectos, no hay alegría, no hay nada.

Pero eso ya lo sabía. Ha pasado por un cáncer de mama.

Lo sabía, pero para mí el virus ha sido peor que el cáncer. Con el cáncer sabes que te puedes morir, pero no sentí dolor ni soledad y sí el calor de los míos y de muchas personas que lo han pasado. Tuve médicos que sabían lo que hacían y eso me daba seguridad y tranquilidad. Lo peor de este virus es la soledad. El cáncer no me cambió la vida. Salí con la misma mala hostia de siempre. Ahora no: ahora estoy muy flojita. Se me pasará, pero esto me ha tocado mucho.

Es enferma y periodista. ¿Se está contando bien la pandemia?

Yo misma, antes de caer enferma, informaba del confinamiento, de qué horror y tal. Pero he oído poco hablar de lo mal que se pasa. Yo me fui encontrando no mal, fatal. Perdí las zapatillas y por no agacharme fui descalza. La pesadilla de ducharte con el gotero y el oxígeno. Todo era una montaña horrorosa de cosas que me sentía incapaz de hacer. Fue en las primeras semanas. El mío, y todos, eran hospitales de campaña. Los sanitarios se han dejado la vida, pero el enfermo se siente solo. Son momentos muy duros en todos los sentidos. De dolor físico, de soledad, de depresión, de miedo. Un día, me querían poner una máscara que parecía una escafandra y que durmiera boca abajo. Cómo estaría que dije ‘mira, me muero, me da igual’.

¿Le ha visto las orejas al lobo?

Estás como en una nebulosa. Recuerdo que pensé cómo sería mi funeral, quién iría, qué dirían, te lo juro. Pero también fantaseé con irnos las amigas a tomar un gin tonic a la casa de Ibiza de Cristina Almeida, que nos la ha ofrecido tantas veces. Es un proceso muy jodido de subidas y bajadas. No entendía lo que me pasaba, estaba muy cabreada y a mí me parecían todos muy malos. Y sin nadie que te cogiera la mano.

¿No es buena enferma?

No. Soy muy peleona, lo quiero saber todo, y esos días los sanitarios estaban desbordados. Bastante hacían con salvar vidas, me decían. Se han dejado la piel, se han jugado la vida, pero eso lo ves después. En el hospital no quería ni ver las noticias, no tenía cuerpo. Los grupos de Whatsapp, aunque no contestara, me daban la vida. Pero no me hacían ni puta gracia los memes. Aún no me la hacen.

¿Cuál es su sueño ahora?

Que se acabe esta pesadilla. Cuando salí del hospital, como se supone que soy inmune, pedí ser voluntaria para hacer compañía a personas mayores que estén solas. Me cabrea y me parte el alma lo que está pasando con ellos.

¿Tener a sus padres tan mayores lejos le hace estar más sensible?

Es que, aparte de por cariño y humanidad, a esa generación le debemos todo. Hay que protegerlos, claro. Pero también acompañarlos. La soledad también mata.

Estos días, al menos, no tiene que estar pendiente del ‘share’ de su programa.

Durante muchísimos años he esperado el dato a las ocho de la mañana como el aprobado del día. Ya le he dicho al director de Telemadrid que me aproveche, que ahora soy inmune. Además, nada más salir del hospital, me han llegado varias ofertas de trabajo. Algo bueno ha tenido esto, el premio ha sido esto.

¿La tele es ingrata?

Pues chica, a mí me ha dado la vida. Llevo desde los veintitantos y me he divertido como un camello. No es la tele. Son las personas. Tenía dos programas en TVE que funcionaban de audiencia y de un día para otro me pusieron de patitas en la calle. Comprendo que se renueven los rostros, pero hay formas y formas, y esta fue fea. Pero bueno, todo pasa, y aquí estamos.

¿Qué opina de quien piensa que hace tele para marujas?

La tele es como la paella: todo el mundo opina y saca faltas. Pues ponte tú a hacerla. Hay mucho machismo en ese comentario, cuando son mujeres con miradas distintas e inteligentes opinando sobre la actualidad. Me la sopla.

¿Qué le diría a su audiencia si tuviera programa esta tarde?

Cuidaos mucho, porque sé lo mal que se pasa. No os expongáis, no vale la pena hacer el tonto. Pero habrá que empezar a pensar que la gente es sensata y madura porque lo estamos demostrando. Así que, les diría ‘pónganse en la cabeza imágenes de lo que les gustaría hacer cuando nos volvamos a ver: ese gin tonic en casa de Cristina, esa puesta de sol en el mar que se nos había olvidado y tenemos tan cerquita’. Disfrutémonos dentro hasta poder hacerlo fuera.

¿Cómo será alternar con los amigos a dos metros de distancia?

Este virus nos ha dado en plena línea de flotación. Nuestro estilo de vida, nuestra economía, nuestra cultura, está herida. Ni diseñado a propósito nos hubiera hecho más daño. Estamos tocados, pero habrá que salir de esta.

En su foto de Whatsapp posa delante de una falla imitando a un ‘ninot’ haciendo el corte de mangas feminista. ¿Es tan fallera para todo?

Mucho. Voy todos los años y las disfruto muchísimo. El día de la cremà estaba malísima, pero ya he dicho que al que viene vamos a salir todas las amigas a desfilar vestidas de falleras el día de la Ofrenda a la Virgen, así que vete calentando, que sales.

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