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“Hay que reducir las vacaciones escolares de verano”

Miquel Àngel Alegre, sociólogo de la educación y jefe de proyectos de la Fundació Jaume Bofill, en Sant Cugat del Vallés (Barcelona).Miquel Àngel Alegre, sociólogo de la educación y jefe de proyectos de la Fundació Jaume Bofill, en Sant Cugat del Vallés (Barcelona).Cristobal Castro

El sociólogo Miquel Àngel Alegre (Barcelona, 45 años) es jefe de proyectos de la Fundació Jaume Bofill, entidad dedicada a la investigación en educación y políticas educativas, y ha estudiado el llamado summer lost, la constatada pérdida de competencias lingüísticas y matemáticas que los alumnos sufren durante los largos periodos de vacaciones, sobre todo aquellos que proceden de familias socioculturalmente desfavorecidas. El conocimiento sobre este retroceso veraniego es una de las pocas evidencias con las que cuentan los especialistas para predecir las consecuencias del cierre educativo que afecta a más de 10 millones de estudiantes. Alegre apuesta por tomar decisiones urgentes asumiendo que el escenario puede prolongarse uno o dos meses.

Pregunta. ¿Qué franja escolar es más preocupante?

Respuesta. El principal peligro está en secundaria y en la adolescencia, porque en esa edad se percibe más el, digamos, coste de oportunidad de estar dedicando el tiempo a actividades educativas y no al ocio y las relaciones sociales. Sin el límite que implica estar físicamente en el instituto, la atracción de la calle y los amigos (la entrevista tuvo lugar un día antes del decreto del Gobierno que prohibió salir de casa), el estar conectados al móvil o los videojuegos va a ser muy fuerte. La relajación de la tensión educativa va a llevar a dinámicas que no son nada proescolares.

P. ¿Qué deben hacer los profesores para que los alumnos no se desenganchen?

R. Algunos alumnos permanecerán más conectados gracias a las herramientas informáticas. Sobre todo los que ya estén familiarizados con su uso en el centro y dispongan de un ordenador y de un entorno adecuado en casa. Pero otros van a tender a descolgarse mucho. En esos casos, los tutores deben intentar mantener el contacto directo con el medio que sea necesario, incluso el teléfono y el WhatsApp, que sí está disponible en prácticamente todos los hogares. Ahora que no van a disponer de alumnado presencial, es una oportunidad para reforzar el perfil del tutor como referente que guía los procesos de aprendizaje y está al tanto de la situación académica y personal de sus alumnos.

P. ¿Aceptarán los profesores dar sus números de teléfonos, que casi siempre son personales?

R. Hay que ir tan lejos como se pueda para garantizar que los chavales no se descuelguen.

P. ¿Existe el riesgo de que se pierda el curso?

R. Salvo en segundo de bachillerato, debido a la selectividad, la pérdida de ocho o 10 temas no es tan preocupante como cuánta competencia, habilidad y conocimiento se pueden quedar por el camino. Para los alumnos de clases favorecidas el cierre podría durar incluso más y no pasaría mucho por los estímulos cognitivos que tienen en casa. Pero para otros sectores sí representa una gran pérdida.

P. ¿Hay que acortar las vacaciones?

R. Sí la situación dura uno o dos meses tendría mucho sentido reducir las de verano. España es uno de los países de la OCDE con una mayor concentración de días festivos en este periodo de vacaciones.

P. ¿Esa decisión no sería problemática entre el profesorado?

R. Sí, y también con el actual sistema de organización de los centros. Pero estamos en una situación de emergencia a todos los niveles. En el ámbito de la salud se están tomando medidas muy fuertes, como contratar a médicos jubilados o facultar a la Administración para utilizar recursos privados, porque estamos ante una emergencia sanitaria. Pues también va a haber una emergencia educativa. Todo esto se tiene que pensar, hay tiempo para programarlo, pero hay que empezar ya.

P. ¿El impacto va a ser muy diferente según el modelo de centro?

R. La desvinculación de la escuela y la pérdida del ritmo educativo tiene mayores consecuencias en los chavales de entornos desfavorecidos, que no tienen unos entornos comunitarios culturalmente tan ricos. Por otra parte, este periodo será más fácil en los centros donde los chavales han sido entrenados de manera habitual en el uso de tecnologías y se haya trabajado la personalización, un sistema en el que cada aprendiz lleva su proceso de aprendizaje mezclando lo que pasa en el aula y lo que desarrolla a través de las tecnologías y las tutorías. En las escuelas con un modelo más magistral costará más. La situación es muy diferente entre unos centros y otros, pero el primer modelo está menos desarrollado en secundaria.

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