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¿Hay que desinfectar la comida y los envases para evitar contagios?

O nos pasamos, o no llegamos. O desdeñamos el riesgo de enfermar por una mala higiene en casa –un tercio de las intoxicaciones alimentarias se generan en el hogar, por ser un poco guarretes manipulando alimentos-, o pretendemos conseguir una asepsia imposible desinfectando cada rincón como si estuviésemos escondiendo las huellas de un crimen.

Claro que el contexto ha cambiado: estamos en medio de una pandemia y tenemos todos nuestros sentidos en alerta, tratando de ser conscientes de cada movimiento y planteándonos si en nuestra salida a hacer la compra hemos cometido algún error que pueda suponer un riesgo. No hay nada más terrorífico que lo cotidiano convertido en amenaza, y pensar que un bote de tomate, un paquete de pasta, una botella de aceite o una lechuga pueden meternos el virus en casa es directamente de película de Dario Argento.

Coincidiendo con la crisis por el coronavirus, las consultas al Instituto Nacional de Toxicología se han incrementado un 17 %, y el 15% de las llamadas eran por intoxicaciones por usar lejía y otros desinfectantes de superficies. No sabemos si esas superficies eran de productos adquiridos durante las salidas a comprar comida, pero sí que en una cuarta parte de los casos se había mezclado lejía con amoniaco, salfumán, vinagre, alcohol, anticalcáreos, limpiahogares o lavavajillas.

Hoy intentaremos responder todas las dudas sobre qué y cómo hay que desinfectar, y sobre todo qué debemos usar para hacerlo y qué no; porque cuando nos ponemos creativos no hay quién nos gane y, si dos productos desinfectan, su mezcla desinfecta el doble. 1 + 1 = 2, de toda la vida de Zeus. Como han podido constatar quienes han necesitado ayuda toxicológica, en química esta regla no se cumple.

¿SON LOS ENVASES DE LA COMPRA UN CABALLO DE TROYA?

Lo recuerdo una vez más: la principal vía de transmisión es persona a persona. Así que el lavado constante de manos, la higiene respiratoria -que estornudes en el codo, vamos- y la distancia social, evitando aglomeraciones y manteniendo una distancia de uno a dos metros deben ser nuestras principales preocupaciones (nuestra compañera Gemma del Caño ya explicó perfectamente cómo evitar riesgos en las compras).

Pero es casi inevitable llegar a casa y mirar las bolsas con recelo, como si estuvieras abriendo la puerta a un enemigo invisible y dejándole pasar hasta la cocina (literalmente). Insisto: es muy improbable que te puedas contagiar a través de los envases de los alimentos (como nos recuerdan la OMS, la FDA y el Centro de Control de Enfermedades de EEUU (CDC)).

Las autoridades sanitarias no han hecho recomendaciones específicas sobre el lavado y desinfección de los envases -sí sobre otros aspectos, como pautas higiénicas al llegar de la calle-, pero si quieres aplicar el principio de precaución, puedes tomar algunas medidas extras:

  • Lávate las manos todo el tiempo (esta no es una medida extraordinaria, sino un mantra que te repetiré hasta la extenuación).
  • Si los envases vienen envueltos en cartón o plástico, sácalos de ese embalaje y tíralo.
  • Las latas y los envases de plástico y de cristal puedes desinfectarlos con un trapo con lejía diluida -ya sabes, dos cucharadas de lejía por cada 980 ml de agua- o con alcohol de al menos 70º. Y acláralos, que ya te estoy viendo beberte la cerveza a morro justo después (y subiendo la estadística de llamadas al Instituto de Toxicología).
  • Resígnate: hay envases que no podrás desinfectar. No hay forma de higienizar envases de papel o cartón sin estropearlos o arriesgarte a que parte del desinfectante entre en contacto con el alimento. Pero no te obsesiones: insisto en que el riesgo de contagiarte a través de los envases es muy, muy pequeño.
  • Lávate las manos cuando hayas acabado (¿pensabas que no te lo iba a repetir?).

¿PUEDEN CONTAGIARME LOS ALIMENTOS?

La OMS y el Ministerio de Sanidad nos recuerdan que la transmisión es persona a persona a través de las gotas que emitimos al toser, estornudar o exhalar. Es más, la Agencia Alemana de Gestión del Riesgo indica que no hay evidencia de contagio por ninguna otra vía, ni por contacto con superficies ni por consumo de alimentos.

Esa es la evidencia disponible hasta ahora: los principales organismos de referencia no han encontrado que los alimentos sean una fuente o una vía de transmisión del coronavirus.

Así lo ha manifestado la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA). Una postura en la que coinciden otras entidades como la Agencia de Normas Alimentarias de Australia y Nueva Zelanda, la Autoridad Irlandesa de Seguridad Alimentaria (FSIA) o la Administración de Alimentos y Medicamentos de EEUU (FDA).

No es por casualidad: las estrictas normas de higiene que se aplican en todos los eslabones de la cadena alimentaria nos protegen de intoxicaciones alimentarias y son también una barrera para evitar que los alimentos se contaminen por este virus.

¿Podrías infectarte si una persona estornudase sobre un alimento, lo tocases poco tiempo después, arrastrases una cantidad de virus suficientemente elevada como para producirte la infección -es lo que se conoce como “dosis infectiva”- y te llevases las manos a la boca, ojos o nariz? Es improbable. ¿Imposible? No lo sabemos (aunque, repito, no hay evidencia de ningún caso en el que esta haya sido la vía de transmisión). Pero se evita respetando escrupulosamente las normas de manipulación alimentaria (en las industrias y los supermercados ya lo hacen, no vayas a fallar tú en el último eslabón de la cadena), y de higiene personal.

Si quieres saber más sobre higiene alimentaria en tiempos de coronavirus, puedes descargarte esta infografía que ha elaborado el Tecnólogo Alimentario y Divulgador Mario Sánchez, en la que hemos colaborado el Doctor en Ciencia y Tecnología de Alimentos Miguel Ángel Lurueña y yo misma. Además, te protegerás también de pillarte una intoxicación, que no está la sanidad como para que vayamos a ocupar camas por una salmonelosis.

¿CÓMO HAY QUE LIMPIAR LA COCINA Y OTRAS SUPERFÍCIES?

Nunca, nunca jamás revelaré a quién me refiero, pero conozco un caso -mi madre- que estaba desinfectando las superficies con medio litro de lejía por cada medio litro de agua. Proporción 50/50: si te preguntas por qué no había lejía en el súper, misterio resuelto.

El miedo a no desinfectar lo suficiente y a que el virus pueda sobrevivir nos ha llevado a hacer mezclas extrañas, utilizar desinfectantes en concentraciones elevadísimas o elaborar nuestros propios biocidas caseros con vinagre o bicarbonato. Mal todo.

Lo primero: el efecto no es acumulativo y por aumentar la cantidad no vamos a tener un resultado mejor. Además, puede haber productos que consigan destruir algunos microorganismos, pero que no sean eficaces contra el coronavirus. ¿Lo has comprobado antes de ponerte a fregar los azulejos como si no hubiera un mañana? Además, puede haber riesgos para la salud potencialmente muy graves: la mezcla de lejía con amoníaco genera gases tóxicos y el salfumán es muy corrosivo. Por no hablar de que te pueden quedar los suelos o la encimera como si les hubieses prendido fuego.

Por suerte, no hace falta que te dediques a hacer experimentos en casa: ya hay quién se está encargando de investigar qué compuestos pueden destruir el virus con garantías. La verdad, me fio más de lo que digan los organismos competentes y la comunidad científica que de las recomendaciones de un influencer, del guasap del grupo de padres o de una web de productos naturales contra el Covid-19. Algo bueno tenía que tener el bichejo: se destruye relativamente bien.

Así que sigamos las indicaciones de la OMS, el Centro Europeo para la Prevención y Control de Enfermedades (ECDC), el Ministerio de Sanidad, o el CDC:

Superficies

  • Primer paso: limpiar. No es sinónimo de desinfectar, sino una etapa previa obligatoria. Consiste en eliminar la suciedad visible y se consigue con agua y jabón. Hay que prestar atención especialmente a pomos de puertas, ventanas y armarios, barandillas, interruptores, teléfonos, mandos a distancia, superficies de electrodomésticos y muebles de uso constante, grifos, utensilios de cocina…
  • Segundo paso: desinfectar. Sí, aquí ya destruimos el virus (y otros microorganismos que podamos tener por casa y de los que ahora nos preocupamos menos). Lo haremos en el baño y en las superficies que se tocan más a menudo. Se pueden emplear varios productos efectivos: Lejía: 20 ml (dos cucharadas) en 980 ml de agua fría. La tienes que preparar justo antes de limpiar. Deja que actúe cinco minutos y aclárala a continuación. Alcohol con una concentración mínima de 70%: igual que la lejía, cinco minutos de acción, seguidos de aclarado. Otros productos virucidas autorizados: el Ministerio de Sanidad tiene un listado completo, en el que, además, puedes encontrar también los productos eficaces aptos para higiene personal: lee siempre las etiquetas para asegurarte de que los usar bien.

Ropa y objetos de uso diario

  • Lávate las manos antes y después de manipular ropa y objetos sucios.
  • No sacudas la ropa sucia y revisa la etiqueta de las prendas para usar el programa de lavado con la temperatura más alta que soporte.
  • Los objetos electrónicos pueden ser delicados. Revisa las instrucciones del fabricante y, si esto no es posible, usa soluciones alcohólicas que contengan al menos un 70% de alcohol.

Tejidos

Si has decidido que es buen momento para hacer limpieza general y quieres ponerte estropajo en mano con moquetas, tapicerías o alfombras, puedes limpiarlas con los productos de siempre y, si puedes lavarlas en la lavadora, hazlo a la máxima temperatura que soporten.

Por favor, ni se te ocurra seguir los iluminados consejos de fuentes de dudoso rigor que te dicen que el vinagre, el limón, las bebidas alcohólicas o la sal son “desinfectantes naturales”: no son efectivos contra el coronavirus ni en superficies ni en alimentos.

Estamos en un momento muy complicado, sí. Los organismos de referencia no tienen todas las respuestas y las recomendaciones van cambiando y (¿te he dicho ya que el virus es nuevo y que lo vamos aprendiendo todo sobre la marcha?), pero te aseguro que son los que disponen de la mayor cantidad de información de la mayor calidad posible: No lo pongamos peor aplicando soluciones imaginativas que no están avaladas por la ciencia ni respaldadas por ninguna autoridad sanitaria.

Las superficies sospechosas

¿Cuánto tiempo puede permanecer el virus viable en una superficie? No lo sabemos. Es la primera vez que nos enfrentamos a él y estamos aprendiéndolo todo sobre la marcha. No vamos totalmente a ciegas, pero no tenemos certezas.

Una forma de tratar de averiguarlo es estudiar cuál es la persistencia de otros coronavirus humanos y animales parecidos al SARS-CoV-2, pero ya conocidos y estudiados (como el SARS-CoV que desató la epidemia en 2002 o el MERS-CoV detectado en 2012). Es lo que ha hecho una revisión recientemente publicada en Journal of Hospital Infection que, analizando el tiempo que los coronavirus permanecen viables en distintas superficies -acero, aluminio, metal, madera, papel, vidrio, plástico, cerámica, etc- y a distintas temperaturas ha encontrado una amplia variabilidad: desde una hora hasta nueve días. Pero, insisto, no es un estudio específico sobre Covid-19: puede servir para tener algunos datos de partida, pero no da certidumbre.

También se ha publicado una investigación en New England Journal of Medicine en la que se ha analizado en el laboratorio cuánto “aguanta” nuestro coronavirus concreto en materiales diversos. Y sí, el tipo de material le afecta: en el cobre solo resiste cuatro horas, en la cartulina aguanta un día y en el plástico o el acero inoxidable hasta tres días. Pero ojo, porque el Ministerio de Sanidad también nos recuerda que estos estudios se hacen en condiciones controladas de temperatura y humedad, que no son necesariamente extrapolables a la vida real.

Además, este estudio también recogía que podía permanecer en aerosoles (es decir, “flotando” en el aire) hasta tres horas, lo se ha interpretado como que también podríamos contagiarnos a través del aire (por ejemplo, cogiendo un ascensor en el que alguien hubiese estornudado). Como si no tuviéramos bastante. No tan rápido. Varias cartas en respuesta dirigidas al editor de la revista, así como la propia Organización Mundial de la Salud, subrayan que los aerosoles se generaron en condiciones experimentales, con equipos de alta potencia que no reflejan lo que pasa cuando un enfermo tose. Por el momento (y subrayo, por el momento) esta vía de transmisión no está clara.

Beatriz Robles, es tecnóloga de alimentos, dietista-nutricionista y obsesionada por batallar contra la desinformación. Docente en el Grado de Nutrición Humana y Dietética de la Universidad Isabel I y divulgadora científica. Tiene en el horno el libro Come seguro comiendo de todo, a la espera de que el coronavirus le permita sacarlo a la venta.

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