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“Habría que haber aislado bien a los ancianos y haber dejado salir a los niños”

El pediatra Carlos González en noviembre de 2018 en La Palma. / FUNDACIÓN CAJA CANARIASEl pediatra Carlos González en noviembre de 2018 en La Palma. / FUNDACIÓN CAJA CANARIAS

El pediatra Carlos González, nacido en Zaragoza hace 60 años y residente en Barcelona, es autor de varios libros en los que defiende la crianza basada en el apego y la lactancia materna, que le han proporcionado un amplio número de seguidores y también de críticos. Escribió a finales de abril un mensaje en el que pedía perdón a su nieto por no haber denunciado las condiciones de confinamiento de los niños, que consideraba que han sido “injustas”.

Pregunta. ¿Cómo cree que se ha tratado a los niños en España?

Respuesta. Da la impresión de que no se han tenido en cuenta sus necesidades. En Alemania o los países nórdicos no se han tomado medidas tan extremas y les ha ido mejor que a nosotros.

P. Pero en España el número de muertos creció mucho y muy rápido. ¿No es lógico que se establecieran medidas más estrictas?

R. Se ha de distinguir entre las medidas y la forma en que se aplican. Yo no discuto que sea muy recomendable quedarse en casa, pero otra cosa es que tenga que ir la policía a poner cientos de miles de multas.

P. El sistema de franjas horarias prevé que los jóvenes y adultos sanos puedan salir hasta cuatro horas al día a pasear y hacer deporte, los considerados vulnerables, dos, y los niños solo una. Incluso hay zonas donde ya se permite ir a sentarse a la terraza de un bar sin límite de tiempo. ¿Qué le parece?

R. Tiene muy poco sentido. Como esa primera norma de que los niños salieran de 9.00 a 21.00 ¿Qué daño hacía que saliera alguno a las 7.30, que ya es de día? ¿No sería mejor precisamente distribuir los paseos a lo largo del día, en vez de dar un pistoletazo de salida para que salgan todos a la vez? Y ahora las franjas horarias. Vale dar alguna recomendación general, pero esta obsesión con el ordeno y mando es absurda. ¿No es más sencillo mirar por la ventana y si ves la calle vacía aprovechar para salir intentando evitar las aglomeraciones?

P. En la carta que publicó en abril se disculpaba con su nieto por haber aceptado las condiciones sin levantar la voz.

R. El coronavirus casi no afecta a los niños. La mayoría no tiene ningún síntoma, muy pocos ingresan en el hospital y casi ninguno muere. Somos los abuelos, los ancianos, lo que corremos un serio peligro. Es como si el diablo me hubiera ofrecido: “Si encierras a tu nieto durante dos meses, te dejaré vivir unos años más”. Y me avergüenzo de haberlo aceptado sin rechistar. Y encima, mientras la prisión domiciliaria de los niños ha sido total y absoluta durante mes y medio, los ancianos podían salir varias veces al día: a pasear al perro, a la compra y hasta a comprar tabaco. Nos hemos enterado de que los estancos son servicios esenciales.

P. Pero algunos expertos advierten de que aunque todavía no ha sido suficientemente estudiado, los niños pueden tener una elevada capacidad de contagio, en gran parte porque apenas desarrollan síntomas. ¿No es prudente actuar en consecuencia?

R. No niego que lo contagien, ni estoy en contra de su confinamiento. Lo que digo es que se podía haber hecho de otra manera. Se comprendió muy fácilmente, por ejemplo, que un perro no podía estar todo el día sin salir de casa.

P. Al margen del régimen de salidas, ¿cómo cree que están viviendo en general los niños este periodo?

R. Hay situaciones muy distintas. Hay casas grandes, incluso con jardín, y otras que no tienen un triste balcón. Hay niños con hermanos con los que jugar, y otros que no. Hay padres que se ocupan de sus hijos y son pacientes y cariñosos, y otros que todo el rato les gritan para que se estén quietos.

P. Las fases del desconfinamiento que se han dado a conocer detallan una serie de medidas, pero no mencionan cuándo podrán los niños volver a jugar. ¿Qué importancia tiene el juego para los niños?

R. Hasta ahora nos decían que era muy importante. Incluso nos hacían creer que tenían que ir a la guardería para socializarse, y ahora resulta que si no se socializan no pasa nada. En realidad, los más pequeños, hasta más o menos los tres años, normalmente no juegan con otros niños, no están interesados. Pero los niños mayores pueden estar pasándolo muy mal con el aislamiento.

P. ¿Podrán jugar los niños de cuatro o cinco años a dos metros de distancia?

R. Se podría pensar en otro sistema, y en otros países lo han hecho. Yo espero que en el próximo virus, porque si no viene este será otro distinto, lo hagan al revés. Que aíslen bien aislados a los ancianos, especialmente a los que viven en residencias, donde han muerto muchos, y que son los que corren un grave riesgo, y dejen salir a los niños.

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