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¿Habrá confinamiento? ¿Tendré clase? Las incertidumbres de los universitarios que buscan piso

El final del verano también es el momento en que los universitarios empiezan a buscar pisos para alquilar para el próximo curso, y este año lo están haciendo rodeados de una completa incertidumbre. No saben si habrá clases presenciales ni si alquilar un piso con contrato de un año les valdrá la pena. Algunos piensan que podrían quedarse en casa de sus padres y recibir sus clases de este año desde su pueblo, como hicieron cuando se decretó el estado de alarma.

Desde el Ministerio de Universidades afirman que los centros tienen total autonomía para hacer sus propios planes y están intentando atender todas las situaciones de cada estudiante. Añaden que “se han tomado medidas como el aumento de las becas y la reducción de tasas”, según explica un portavoz del Ministerio de Universidades a Verne.

Hemos hablado con universitarios que se acaban de mudar a distintas ciudades de España con la incógnita de si tendrán clases presenciales o de si habría sido mejor quedarse en sus localidades de origen.

Qué buscan: luz y espacio para trabajar

Las exigencias para quedarse con un piso han subido: ante la amenaza de un posible confinamiento, que el inmueble tenga ventanas que aporten mucha luz y una mesa para trabajar o estudiar son casi requisitos obligatorios. Para Nuria Muñoz, estudiante de Enfermería, era muy importante que su piso en Granada estuviera cerca de la facultad, que estuviera reformado y que tuviera mucha luz. “Este año por la pandemia también era importante que tuviera una zona de estudio con escritorio y silla de estudio cómoda”, afirma.

Ignacio Martínez llegó hace tres años de Osuna, Sevilla, a estudiar a Madrid en la Universidad Carlos III un doble grado en Ciencias Políticas y Sociología. Durante todo este tiempo siempre vivió en el Colegio Mayor Alcalá. El curso pasado, él y sus cinco amigos del colegio mayor decidieron irse a vivir juntos a un piso. “Empecé a buscar con mis amigos dos semanas antes de la cuarentena, aunque cuando volvimos a nuestras respectivas casas lo dejamos un poco de lado”, explica Martínez. Este sevillano acepta que ante estas circunstancias la mejor opción quizás habría sido quedarse en el colegio mayor, pero ya tiene piso nuevo. “Tomamos la decisión de irnos porque ya vamos a empezar a trabajar”, explica. Ahora paga 400 euros al mes, sin gastos.

María José Guzmán, de 21 años, estudia Publicidad en Málaga y es de Coín, un pueblo de la misma provincia. Después del pasado confinamiento, tener un balcón o una terraza es muy importante para ella. Ahora va a pagar 250 euros en el piso que ha alquilado con su hermana y otra amiga.

Qué se encuentran: alquilar casa en las seis mayores ciudades españolas es más barato

Martínez tiene la sensación de que los precios han bajado en Madrid. Cuenta que tiene amigos que han llamado al casero y le han dicho lo máximo que podían pagar por el piso, cifra que el propietario aceptaba aunque el precio del anuncio fuera mayor. “El año pasado esto no hubiera ocurrido”, opina Martínez. Aunque reconoce que la incertidumbre del futuro ha hecho que muchos de sus amigos del colegio que estaban buscando piso hayan decidido quedarse en la residencia: “Si vuelve a haber un confinamiento lo que más nos preocupa es el tema económico. El colegio mayor no nos cobró nada durante los meses de cuarentena, pero sabemos que en el piso no es así”, explica.

Este julio, por primera vez desde 2013, alquilar casa en las seis mayores ciudades españolas fue más barato que el mes anterior, según adelantaba EL PAÍS. De acuerdo con una comparativa entre portales inmobiliarios, Barcelona es la que sufre el mayor ajuste, lo que ha provocado un sorpasso: Madrid es ahora más cara, según dos de las tres fuentes consultadas. Pero la capital no se libra de las bajadas, como tampoco Valencia, Sevilla, Zaragoza y Málaga.

Nuria Muñoz, de 21 años, estudia en Granada, pero es malagueña. Por lo que ha visto en su búsqueda y lo que le han contado sus amigos que están buscando piso para el próximo curso, los precios del alquiler siguen igual que el año anterior, incluso hasta más altos. No percibe que la bajada de precios “sea un reflejo de la realidad”. Por lo pronto vivirá con dos amigos en el piso al que se acaban de mudar, donde pagará 200 euros.

La misma opinión comparte María José Guzmán, que estudia en Málaga: “Mis amigas y yo nos hemos encontrado con precios altos, incluso más que otros años”, afirma.

Qué harán si el curso se suspende: ¿volver o quedarse?

Los tres echan de menos poder ir a clase, pero, de momento, sus universidades tienen planificadas algunas clases presenciales y otras virtuales, aunque todo dependerá del desarrollo de la pandemia. Ignacio Martínez se plantea volver a su casa de Sevilla si la universidad no da clases presenciales. Como explica, resulta más caro quedarse en la capital que estar en su casa con sus padres.

Nuria Muñoz, estudiante de enfermería, este año solo tiene presenciales las prácticas: “No tiene sentido que se impartan de forma virtual, porque a través de trabajos es imposible adquirir las habilidades prácticas relacionadas con mi carrera”, cuenta. Hasta que no realice sus prácticas no se puede graduar y eso implicaría, en este momento, alargar un año más la carrera. 

María José Guzmán vive estos días con la incertidumbre de si le trae cuenta hacer un contrato de alquiler este año, dada la reducción de horas de clases presenciales en la universidad. “Si la cosa se complica de nuevo, lo más seguro es que vuelva a casa de mis padres”, afirma. Coín, su pueblo queda relativamente cerca de la facultad, por lo que no tiene que hacer un viaje a otra provincia. Por eso en marzo, antes del confinamiento y del estado de alarma, pudo regresar a casa. “Esta incertidumbre me genera bastante incomodidad, como a todos, me imagino”, afirma resignada.

En su nuevo piso en Madrid, Martínez habla de los nervios e inquietudes tanto suyas como de sus compañeros: de la preocupación por sus familiares mayores a la evolución del mercado laboral, teniendo en cuenta que además a ellos les queda poco menos de un año para acabar la carrera. Su objetivo actual es conseguir una práctica en medio de la crisis.

Estas mismas sensaciones se repiten en el piso de la malagueña, Muñoz: “Todos teníamos los mismos miedos. Incluso uno de mis compañeros y yo decidimos quedarnos en cuarentena en el piso al comienzo del confinamiento por miedo a exponer a nuestros familiares en nuestra ciudad de origen”.

¿Se puede firmar un contrato por menos de un año?

P. C.

Los tres estudiantes con los que hemos hablado han firmado por un año, pero existe un tipo de contrato que permitiría a ambas partes alquilar un piso por meses. Se trata del contrato de alquiler por temporada, contemplado en la Ley de Arrendamientos Urbanos (LAU) y del que hablamos en este artículo sobre los problemas para vivir de alquiler en las ciudades turísticas.

Los alquileres de temporada son legales, pero hay que tener muy en cuenta que los derechos del inquilino no son los mismos que en un alquiler de larga duración. “En el arrendamiento de vivienda las partes deben respetar lo establecido en el título II de la LAU, mientras que el arrendamiento de temporada se rige por la voluntad de las partes”, explicaba a Verne Carlota Zapata, del departamento de derecho inmobiliario de Legalitas. Eso significa que si se acuerda un alquiler temporal el arrendador no tiene derecho a permanecer cinco años en la vivienda ni derecho a prórroga del contrato.

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