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Gustavo Martín Garzo: “Se habla mucho de los malos libros y muy poco de los malos lectores”

Gustavo Martín Garzo (Valladolid, 1948) reúne en Elogio de la fragilidad (Galaxia Gutenberg) ensayos breves en los que habla de las obras y los creadores que le han fascinado y reivindica la lectura como acto de creación.

En su nuevo libro reflexiona sobre la lectura. ¿Qué le empujó a usted a hacerlo?

Ver a mi madre con un libro. Me preguntaba por esa vida secreta que tenía cuando lo leía.

Es usted escritor y lector. ¿Qué le produce más placer?

Leer, sin duda. Pero me gusta escribir. Es como ir despertando cosas que están dormidas.

¿En qué libro le gustaría vivir? Así arranca uno de los primeros ensayos del libro…

En Las mil y una noche, porque en él están todas las historias que existen. La verdad no cabe en un solo sueño, se dice en una de ellas.

¿Cuál es el que más le ha impactado últimamente?

Stoner, de John Edward Williams. Es una de las novelas más tristes que he leído en mucho tiempo. ¡Qué pena las personas!, te dan ganas de exclamar cuando la terminas.

¿Cuál tiene ahora en su mesilla de noche?

Sigo con interés la arriesgada y pertubadora obra de Sara Mesa. Acabo de comprarme Un amor, su última novela.

¿Y su favorito de todos los tiempos?

Poemas de Emily Dickinson. Me gusta su ironía, su maravillosa “malicia”. En uno de los poemas dice: «Mi Dios, deja que sea yo / la más enamorada, / cuanto más cerca de ti me tuvieras / más te olvidaría yo». Coquetea hasta con el mismo Dios, ¿no es increíble?

¿Cuál no pudo terminar?

Me avergüenza confesarlo, pero nunca he podido terminar El hombre sin atributos. Se habla mucho de los malos libros, pero muy poco de esos malos lectores que tantas veces hacen fracasar obras admirables. Yo he sido ese mal lector.

Recomiéndenos una adaptación cinematográfica de un libro.

Los muertos, de John Houston. Es su última película y la adaptación de un relato de Joyce. Su final, con el recuerdo de ese niño que muere de tristeza, es uno de los más hermosos de la historia del cine.

¿Se quedaría a vivir en alguna película?

En Tarzán y su compañera. De niño habría dado lo que fuera por estar con Jane (Maureen O’Sullivan) en las ramas de un árbol.

¿Qué canción o tema musical elegiría como autorretrato?

Les feuilles mortes, de Ives Montand. La letra es de Jacques Prévert, que es un poeta que adoré en mi juventud. Me pregunto por qué seguimos necesitando canciones así.

¿Qué está socialmente sobrevalorado?

La diversión. Y, a riesgo de ser pedante, voy a citar a Adorno: “Divertirse significa siempre que no hay que pensar, que hay que olvidar el dolor, incluso allí donde se muestra. La impotencia está en su base. Es, en verdad, huida, pero no, como se afirma, huida de la mala realidad, sino del último pensamiento de resistencia que esa realidad haya podido dejar aún”.

¿A quién le daría el Premio Nacional de Literatura?

A Irene Vallejo. Su escritura tiene la más maravillosa de las cualidades: el encanto.

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