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Gantz propone formar un Gobierno de unidad nacional en Israel

El presidente israelí, Reuven Rivlin, otorga a Benny Gantz el encargo de formar Gobierno, el lunes en Jerusalén.El presidente israelí, Reuven Rivlin, otorga a Benny Gantz el encargo de formar Gobierno, el lunes en Jerusalén.Mark Neyman / EFE

La Kneset, el Parlamento israelí, se ha constituido este lunes tras las elecciones del día 2 en una sesión fantasmagórica marcada por la pandemia del coronavirus. Solo dos diputados ocupaban escaños en el hemiciclo: el primer ministro en funciones, el conservador Benjamín Netanyahu, y el centrista Benny Gantz, que acababa de recibir el encargo de formar Gobierno. Ante el presidente del país, Reuven Rivlin, se ha comprometido a “establecer en unos pocos días un Gobierno patriótico de unidad nacional lo más amplio posible”.

La encomienda de evitar a toda costa que Israel se encamine hacia los cuartos comicios legislativos desde abril de 2019 y de conformar un Gabinete estable fue adjudicada al líder de la alianza centrista Azul y Blanco tras haber obtenido el respaldo de 61 de los 120 diputados de la Kneset. Su misión está rodeada por la incertidumbre.

Gantz, de 60 años, es un recién llegado a la política, aunque su liderazgo personal —fue el jefe del Ejército que dirigió la guerra de Gaza en 2014— resulta indiscutido en un país que ha encumbrado al poder a generales como Isaac Rabin o Ehud Barak. Netanyahu, jefe de filas del Likud, se le había adelantado la semana pasada al plantear un Gabinete de unidad bajo su dirección, al menos mientras dure la alarma social generada por la expansión de la Covid-19.

Durante su intervención en el palacio presidencial en favor de un Gobierno de concentración para afrontar el prolongado bloqueo político y la creciente emergencia sanitaria, Gantz mencionó a todas las comunidades de la sociedad, desde religiosos a laicos, pasando por colonos judíos y ciudadanos árabes. También garantizó que su Ejecutivo representará a los votantes de todos los partidos, sin precisar si integrará a la Lista Conjunta árabe, coalición que aspira a representar a una quinta parte de la población israelí.

“No son días normales los que vivimos ahora”, ha advertido en referencia a la pandemia. “Los dirigentes debemos poner de lado las consideraciones personales. Tiendo mi codo [norma de saludo para prevenir el contagio] a Netanyahu para que se sume a este esfuerzo”, ofreció Gantz, quien dispone de un plazo de cuatro semanas, ampliable a otras dos, para intentar fraguar una coalición gubernamental con mayoría parlamentaria.

El columnista Nahum Barnea advertía en las páginas de Yedioth Ahronoth de que la rápida propagación de la pandemia amenaza con colapsar el sistema sanitario de Israel, ya sometido habitualmente a la presión de la superpoblación. “Si las previsiones más pesimistas son correctas, lo más inteligente para Netanyahu es que el impacto se produzca mientras Azul y Blanco esté sentado al lado del Likud en el Gobierno”, concluía este analista político.

Disputa para una gran coalición

Las diferencias sobre cuál de los dos partidos debe iniciar la rotación en el cargo de primer ministro —según la tradición israelí en las fórmulas de gran coalición— ya arruinaron el pasado otoño las negociaciones para establecer un Gobierno de unidad entre ambos partidos.

Netanyahu exige ser el primero en desempeñar el puesto, que le garantiza protección legal frente a los tres casos de corrupción por los que va a ser juzgado a partir del 24 de mayo. Esta es la nueva fecha fijada para su primera comparecencia ante un tribunal, después de que la suspensión de la actividad de la justicia causada por la emergencia sanitaria obligara a cancelar su citación prevista para este martes.

Durante la pasada campaña electoral, el candidato centrista reiteró que no aceptará un acuerdo de coalición con un dirigente que se encuentra formalmente encausado, aunque dejó la puerta abierta a un entendimiento con otros dirigentes del bloque conservador, formado por el Likud, los dos partidos ultraortodoxos —Shas y Unión por la Torá y el Judaísmo— y la alianza de extrema derecha Yamina. Gantz se puso en contacto con estas tres últimas formaciones para sondear su disposición a participar en un Gabinete de unidad, sin recibir respuesta.

“La formación de un Gobierno de centroizquierda no parece posible para Gantz”, sostiene el analista político de Haaretz Yossi Verter, “pero Netanyahu tampoco puede lograrlo [un pacto de derechas] y ya solo aspira a seguir al frente de un eterno Gabinete en funciones”.

En los análisis de la prensa hebrea se descarta como inviable la opción de formar un Gobierno en minoría que integre a Azul y Blanco con laboristas y pacifistas, además del ultranacionalismo laico del exministro Avigdor Lieberman, y que reciba el apoyo externo de los 15 escaños de la Lista Conjunta árabe.

La mayoría teórica de 61 parlamentarios que le han respaldado se difumina ante las amenazas de diputados tránsfugas en las filas de Azul y Blanco y de una candidata elegida en la lista del laborismo, que han anticipado que le retirarán el voto si intenta gobernar con el apoyo de los partidos árabes. En la Kneset, mientras tanto, los diputados asumían el cargo en grupos de tres para no violar la prohibición sanitaria de reuniones de más de 10 personas.

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