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Gabriel Rufián: “Me llamo Rufián. Estoy curtido”

Trabajó una década en una empresa de recursos humanos y asegura que “se miente mucho más en el hemiciclo que en una entrevista de trabajo”. Gabriel Rufián (Santa Coloma de Gramenet, Barcelona, 38 años), portavoz de Esquerra Republicana en el Congreso, ya no es el gamberro que llevaba impresoras o esposas al escaño. Asegura que ahora le interesan más las opiniones de quienes no piensan como él, pero aclara que sigue siendo crítico: “Si me ponen al comisario Villarejo delante, le preguntaría cuántos Villarejos hay. Es un cabeza de turco”.

Pregunta. “Todo lo que sé de política lo aprendí de El Padrino”. Desarrolle.

Respuesta. Es una gran película de ciencia política. Los Corleone son un partido.

P. ¿Y quién es Marlon Brando?

R. Vito Corleone era un conseguidor. Ha habido muchos. Uno es el rey emérito.

P. ¿Y la fuga de Carles Puigdemont después de proclamar la independencia a qué filme le recuerda?

R. Guste más o menos la figura de Puigdemont, es antidemocrático que se persiga a la gente por un referéndum. Y no ha servido de nada: quienes han estado en la cárcel no han dejado de pensar como pensaban y los que les votaban no han dejado de votarles. Dicho eso, yo me hubiera quedado.

P. Prometió que su partido reclamaría esta legislatura dos referendos: uno sobre la autodeterminación y otro sobre la Monarquía. ¿Son más republicanos o más independentistas?

Quienes han estado en la cárcel no han dejado de pensar como pensaban y los que les votaban no han dejado de votarles

R. Ambos deberían ser normales, pero en Cataluña tenemos los números y en Madrid no podemos ni hacer una comisión de investigación sobre el rey emérito. En ERC prima decidir sobre la autodeterminación. Aunque mucha gente nos vota por cuestiones sociales. Las banderas ni curan ni dan de comer.

P. ¿Qué porcentaje de votos ve suficiente para proclamar la independencia?

R. Es un debate interesante. Que podamos hablar de esto ya supone un paso adelante. Hace tres años se hablaba solo de encarcelar.

P. “La legalidad española hay que violarla como Rosa Parks violó la legalidad negándose a ceder su asiento a un blanco”, dijo en 2014. ¿Lo ve igual? ¿Fue un error saltársela?

R. Muchos logros sociales, como la jornada de ocho horas o el voto femenino, se lograron con desobediencia civil, no porque un político los regalase. Prometimos devolver el conflicto a la política con una mesa de diálogo en la que nadie creía. Y lo conseguimos.

P. ¿Fue un error romper la legalidad?

R. Cuando llevas 40 años esperando a que el semáforo se ponga en verde te ganas el derecho a saltártelo. Lo ideal hubiera sido negociarlo, pero lo que teníamos enfrente era a Rajoy. Fue complicado hacer otra cosa.

Las banderas ni curan ni dan de comer

P. ¿Qué espera lograr de esa mesa de diálogo teniendo en cuenta que el Gobierno rechaza el referéndum de autodeterminación?

R. Hablar. Si me llegan a decir hace año y medio que Pablo Iglesias iba a ser vicepresidente habría alucinado. Quién sabe lo que nos deparará el futuro.

P. ¿Qué se le pasó por la cabeza cuando le abuchearon y le llamaron botifler [traidor] en Cataluña?

R. Me llamo Rufián; estoy curtido. Llevábamos cinco noches con enfrentamientos en la calle debido a la sentencia del procés. Si insultarme sirvió para calmar los ánimos, bienvenido sea. Parte del independentismo que forma parte del centroderecha liberal conservador no entiende nuestra estrategia de diálogo. Pero queremos hacer política, no magia.

P. En los debates del estado de alarma se hablaba de muchas cosas y poco del coronavirus.

R. Sí. Me quedé con una sensación triste. Ha habido un auge del fascismo, le hemos visto los dientes. Que Vox entre en el Parlamento vasco también es muy mala noticia. En Cataluña creo que pasará, y el parlamentarismo catalán, que vive muy aislado, se dará cuenta de que la alternativa a lo que tenemos ahora es mucho peor.

Salgo con diez kilos menos del confinamiento. Hacía 10 kilómetros diarios corriendo del pasillo al dormitorio

P. Dice que es “un moñas” porque le gusta Alejandro Sanz. ¿Tiene otros gustos inconfesables? ¿Paulo Coelho? ¿Un amigo en el Partido Popular?

R. (Ríe) Odio a Coelho. Sí soy algo maniático; repito ropa si me va bien ese día…

P. ¿Se iría de cañas con alguien del PP?

R. Con Andrea Levy. Tenemos amigos en común. Cayetana Álvarez de Toledo dijo que se tomaría una caña conmigo. Me costaría.

P. ¿Desvinculará la negociación de los Presupuestos de sus aspiraciones independentistas?

R. Hay que separar las cosas. Entendemos perfectamente los tiempos de cada uno, pero no te puedes considerar un Gobierno progresista y tener a gente en la cárcel por sus ideas.

Cayetana Álvarez de Toledo dijo que se tomaría una caña conmigo. Me costaría

P. El Gobierno no mete a nadie en la cárcel y las ideas han existido siempre.

R. Pero el Gobierno puede dar la razón a Amnistía Internacional o posicionarse contra el espionaje, por ejemplo. Los siguientes pueden ser sindicalistas, feministas… Mucha gente vive con temor a que le estén grabando. En los Presupuestos, tienen dos caminos: el de ERC y el de Cs. La reactivación de Cs como actor político es una mala noticia porque no ha dejado de ser lo que era: el de la foto de Colón. Aunque Edmundo Bal suene mejor que Toni Cantó.

P. ¿Ve reeditable un tripartito con el PSC en Cataluña?

R. Hay mucha tierra quemada entre ERC y el PSC. Los puentes están rotos.

P. ¿Es de los que sale mejor del confinamiento o se queda parecido?

R. Salgo con 10 kilos menos. Hacía 10 kilómetros diarios corriendo del pasillo al dormitorio [asegura que su casa tiene 40 metros cuadrados].

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