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Ferrovial quiere más movimiento

Una de las autopistas gestionadas en EE UU por Ferrovial, donde se ha incrementado el tráfico de operadores como Amazon o Walmart.
Una de las autopistas gestionadas en EE UU por Ferrovial, donde se ha incrementado el tráfico de operadores como Amazon o Walmart.

Simplificándolo quizá demasiado, el problema de Ferrovial en 2020 se puede resumir en el acrónimo WFH (working from home, trabajar en casa). Sus principales activos —las autopistas norteamericanas y en especial los aeropuertos, con Heathrow a la cabeza— tropezaron con la pandemia y provocaron buena parte de las pérdidas de la compañía, que tras ingresar 6.300 millones, un 4,7% más que en 2019, terminó sin embargo con 410 millones en números rojos. Sus managed lanes (viales gestionados con peajes dinámicos, que se encarecen o caen de precio según el tráfico de cada momento) dejaron de ser atractivos para evitar atascos en Toronto o Texas, porque los embotellamientos se terminaron y los usuarios dejaron de pagar por ahorrárselos. En el aeropuerto londinense, del que poseen un 25%, la caída del turismo y viajes de negocios fue del 72%, y en sus aeropuertos de Aberdeen, Glasgow y Southampton, incluso más. El año también terminó para la multinacional española con 80.000 empleados, 12.000 menos que un año antes fundamentalmente por la venta de su negocio de servicios en Australia (Broadspectrum), y la pérdida de casi 3.600 millones en capitalización, con datos de la cotización de esta semana.

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“La caída de tráfico en autopistas ha estado entre un 35% y un 40%. Hemos tenido, por el contrario, un impacto positivo en el aumento del comercio electrónico —en las autopistas en Dallas hay instalados muchos operadores como Amazon, que multiplicaron sus desplazamientos—”, señalan en Ferrovial. La pregunta ahora es cómo será la recuperación de los tráficos en las carreteras que operan y cuándo se producirá. “Confiamos en que sea rápida. En EE UU el proceso de vacunación va muy avanzado”, mantienen en la multinacional.

Porque la movilidad es, paradójicamente, el viento de cola que espera tener la compañía a corto plazo. Su división de construcción fue la que mejor se comportó en el terrible 2020, lo que compensó en parte la caída de otras ramas. Y la construcción también es la que mejores noticias está dando en los primeros compases del año. En las últimas semanas, Ferrovial, a través de un consorcio entre su filial de construcción y Webber, una compañía estadounidense propia, se ha adjudicado la ampliación de la autopista I-35, en San Antonio (Texas), en un contrato de 1.273 millones de euros. Ha añadido a su cartera otra autopista en Georgia por 193 millones; la reconstrucción de una autopista en Texas por otros 252 millones, y ha sido seleccionada para renovar carreteras en Houston y Laredo. En suma, con 23.156 millones en proyectos futuros (10.129 en construcción), mantiene su mirada puesta en su principal mercado, EE UU, que en los próximos años recibirá una importante inyección de fondos de los planes de recuperación del Gobierno federal para revitalizar su red de transporte.

Su filial polaca del sector, Budimex, también terminó un buen año (el 70% de las ventas de esta división están en EE UU y Polonia). Y en otros mercados cuentan con proyectos singulares, como la torre de control del aeropuerto Jorge Chávez en Lima o la ampliación del metro de Oporto. En paralelo, la compañía ha lanzado un proyecto llamado Abacus orientado a conseguir un tamaño en ventas de esta división de unos 6.000 millones, con beneficios sostenibles y riesgos más controlados para mejorar la rentabilidad, de modo que el margen sobre el ebit pase del 2,3% actual al 3,5% en 2024.

Pero la cotización sigue sin recuperar los niveles previos a la pandemia y hay mucha incertidumbre sobre el tráfico aéreo. IATA, en su último análisis de febrero, constató la debilidad de la demanda mundial, con unos ingresos por pasajero un 74% inferiores a los niveles precovid. Y se va asentando la idea de que los viajes de trabajo no volverán a ser como antes incluso si las vacunas hacen descender los contagios.

Los analistas de Bank of America, JP Morgan y Kepler Cheuvreux, sin embargo, recomiendan comprar acciones de la empresa española en sus últimas notas a inversores. La remuneración a los accionistas, aunque ha caído, se situó en 377 millones (sumados dividendos y recompra de acciones) frente a los 520 de los últimos ejercicios. En JP Morgan hablan de que se han disipado los peores presagios —que sus emisiones se encareciesen, una recuperación más lenta del tráfico o expectativas de dividendos más bajos— mientras que en Kepler inciden en ese efecto del teletrabajo, “una tendencia poderosa, pero con un potencial teórico muy diluido”, dicen. Desde Renta 4, Ángel Pérez lo resume en que Ferrovial “tiene un potencial muy claro: es una compañía saneada, con caja neta, buenos activos y recorrido a largo plazo”. Y reflexiona sobre la longevidad de sus concesiones en carreteras, a 50 años vista, lo que diluye los riesgos de sufrir uno o dos malos ejercicios.

La empresa, que presume de tener una buena posición financiera (las calificaciones crediticias de S&P y Fitch, ambas de BBB, son buenas), sigue sin concretar la venta de su filial de servicios dos años después de haber hecho el anuncio. El presidente, Rafael del Pino, hizo una referencia especial en su discurso en la última junta general: “Está tomando más tiempo del previsto”, reconoció, y prometió dar noticias este año. Hasta el momento, las únicas desinversiones en esa división, de 500 millones, se han hecho en Australia y Nueva Zelanda.

Futuro digital

Y de cara al futuro más inmediato no quieren dejar pasar el tren de los fondos europeos de recuperación. El grupo lidera 37 proyectos por valor de 5.000 millones para captar subvenciones del plan Next Generation y participa en otros 24 planes. En sus propuestas hay de todo: rehabilitación urbana, transformación integral de polígonos industriales incorporando movilidad eléctrica, más eficiencia energética, movilidad urbana eléctrica, generación de energía renovable a partir de residuos y hasta el colorido plan de los vertipuertos: una red en España de 20 infraestructuras para operar aeronaves eléctricas de despegue vertical (taxis voladores). A la idea se han sumado Airbus, Lilium y Tecnalia.

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