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Fallece Alfonso Cortina, expresidente de Repsol y Portland Valderrivas, víctima del coronavirus

Alfonso Cortina, expresidente de Repsol.Alfonso Cortina, expresidente de Repsol.Europa Press Reportajes / Europa Press

Alfonso Cortina de Alcocer (Madrid 1944) ha muerto en Toledo, donde estaba internado tras contraer el coronavirus. Había acudido de la capital manchega hace unos 15 días tras haber soportado procesos de fiebre en su finca de Retuerta del Bullaque, (Ciudad Real), Villa Cortina, donde pasaba el confinamiento junto a su mujer, Miriam Lapique, hermana de la actriz Mari Lapique. Fuentes de su entorno han referido que habían cobrado esperanzas de una evolución positiva después de que hubiera experimentado una leve mejoría.

Hijo del que fuera ministro de Asuntos Exteriores con Franco Pedro Cortina Mauri y nieto de Alberto Alcocer, que fue alcalde de Madrid y cuenta con una avenida importante en la capital, desarrolló una trayectoria empresarial que tuvo su punto culminante en la presidencia de Repsol. Era también hermano de Alberto Cortina y primo de Alberto Alcocer, conocidos como los Albertos, con los que trabajó como presidente de la cementera Portland Valderrivas.

Llegó a la petrolera, donde sustituyó a Óscar Fanjul, de la mano de José María Aznar y Rodrigo Rato tras ganar el PP las elecciones de 1996. No formaba parte del núcleo bursátil (Manuel Pizarro, Francisco González, César Alierta…) que controló los grandes grupos empresariales públicos, pero su cercanía a la cúpula del partido le convirtió en una de las pocas excepciones. Tomó el cargo con ganas. Su objetivo fue consolidar una expansión internacional ya diseñada en la etapa anterior.

Se presentó la oportunidad de adquirir la firma argentina YPF y Cortina no lo dudó. La operación convertía al grupo español en un actor principal en el sector internacional. Años más tarde, Cortina observaría desde lejos los graves problemas que se presentaron con el Gobierno argentino de Cristina Fernández de Kirchner que supusieron la salida de la empresa.

Estuvo al frente de la petrolera solo unos meses más que Aznar en La Moncloa. Tras el cambio de Gobierno con la vuelta del PSOE de Rodríguez Zapatero al poder, Repsol pasó a estar controlada por La Caixa, que se había hecho fuerte en su capital. La entidad catalana negoció la salida de Cortina y colocó en la presidencia a su actual inquilino, Antonio Brufau, que había ocupado ese puesto en Gas Natural.

Como premio de consolación, además de una buena indemnización, La Caixa le concedió la presidencia de la inmobiliaria Colonial, que ocupaba Ricardo Fornesa, a la sazón presidente de la caja. Cortina dejó la inmobiliaria en 2006 para ocupar la representación en España de la firma de capital riesgo Texas Pacific Group (TPG). Pero, sobre todo, para decantarse por su afición de bodeguero. Plantó viñas en su finca de los montes de Toledo y, con asesoramiento de Carlos Falcó (marqués de Griñón), también fallecido en esta pandemia, sacó adelante Pago de Vallegarcía, una bodega con un vino reconocido con denominación de origen del que produce al año 200.000 botellas.

Alberto Cortina comenzó su carrera profesional en el Banco de Vizcaya en 1968 como jefe de los Servicios Técnicos del Banco de Financiación Industrial. Entre 1974 y 1982 fue director de administración de la Inmobiliaria Bancaya y consejero delegado de Hispano Hipotecario, del grupo Hispano Americano, entre 1982 y 1984. Después asumió la vicepresidencia y, en 1985, fue presidente de Sociedad de Tasación.

Posteriormente se integró en el grupo Construcciones y Contratas, de las hermanas Koplowitz, cuyos maridos eran “Los Albertos”. Allí, tras adquirir la constructora un paquete dominante de Portland Valderrivas, se hizo cargo de la gestión de la cementera, uno de cuyos hitos fue la construcción de la Torre Picasso, en Madrid.

Muy a su pesar, Alfonso Cortina ha sido foco de la prensa rosa, debido básicamente a las relaciones con gente del mundo del espectáculo. Sin embargo, lo supo sortear en gran medida, cosa que no pudieron hacer su hermano y su primo, envueltos en más de un episodio que acabó con sus divorcios de las hermanas Esther y Alicia Koplowitz. Al contrario, le gustaba refugiarse en la finca, cercana a Cabañeros, donde se reunía con amigos y practicaba la caza, otra de sus aficiones. Pero, sobre todo tras dejar Repsol, decidió convertirla en explotación agraria y, luego, en bodega.

Y así el ejecutivo, que había estudiado económicas, se hizo bodeguero, probablemente el apelativo que más le gustaba. Hay quien le recuerda en una cata a ciegas organizada por la Guía Repsol con un alto grado de aciertos. Contaba con cerca de 18.000 botellas, una colección de la que le gustaba presumir y, de vez en cuando, compartir.

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