Lo último

Fabricar un hogar

Acceso al dormitorio principal con cuadro de Carlos Mínguez Carrasco. Puerta sujeta con un ladrillo esmaltado de azul.

Transformar un espacio industrial, una imprenta para ser más exactos, de 227 metros cuadrados en un lugar para la vida no parece, a priori, tarea fácil. Y más si lo que se pretende es conservar ese aire a fábrica en elementos como los pilares de hormigón o las bajantes. Ophélie Herranz y Paul Galindo, socios fundadores de Nomos Arquitectos, lograron este objetivo hace poco menos de un año bautizando su hogar —en el que viven junto a sus tres hijos, Helia, Lina y Aldo— como La Nave. Articulada en torno a una galería que da luz, ordena y sirve como colchón térmico, surge una estructura llena de recovecos que parece jugar al escondite con sus habitantes. “Nunca pensamos en crear un gran espacio abierto, tipo loft, sino una secuencia de espacios bien definidos que dieran lugar a que se produjeran múltiples situaciones: encontrarnos, dormir, correr, jugar, compartir o descansar”, explica Herranz. Para rebajar la estética industrial, decidieron utilizar “materiales tradicionales que aportan confort y refuerzan esa idea de domesticidad”. El ladrillo es el rey de la casa: esmaltado en blanco y azul, de cara vista, girado, vertical… Los paneles de DM (elaborados a partir de madera reconstruida), las cortinas y una decoración que combina muebles funcionales con piezas rastreadas en alguna tienda vintage y objetos artesanales hacen el resto. El resultado es una declaración de principios en la que la improvisación y lo lúdico priman sobre cualquier otra consideración.

Leave a Reply