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Esforzado empate en Ipurúa

Enric Gallego remata ante Burgos y el guardameta Dimitrovic durante el encuentro en Ipurua.
Enric Gallego remata ante Burgos y el guardameta Dimitrovic durante el encuentro en Ipurua.Gorka Estrada / EFE

Fue un empate sin goles, pero con chicha y sudor. El Eibar llegó al partido con malas noticias. En el calentamiento se lesionó el central Bigas. En la medular tenía lesionados a Recio y Edu Expósito. Pape Diop debía cumplir sanción. El canterano Atienza partió como acelerado titular y a los nueve segundos vio la tarjeta amarilla tras atropellar a un rival. Un minuto después empezó a pasar apuros el cuadro de Ipurua tras una incursión de Calleri que expuso una autopista en el flanco defendido por Arbilla, que ejerció de postizo lateral izquierdo. Explotó esa vía Osasuna, pero cuando se adentró por el otro costado, Kike Barja colocó un centro con la diestra en la cabeza de Enric Gallego, que debió marcar.

Cuando todo se complica hay dos opciones: abandonarse o rebelarse. No resultaba complicado adivinar cual iba a elegir el Eibar. Mendilibar se revolvió en el banquillo y mediada la primera parte retocó la pizarra con una solución que no acostumbra a emplear. Visto el vigor de los dos fornidos delanteros osasunistas y su debilidad en las bandas, se plegó con tres centrales. Arbilla mudó de lateral izquierdo a central por la derecha, Oliveira y Burgos completaron la línea con Pozo y Kevin Rodríguez como carrileros. La decisión tuvo un efecto inmediato en el partido porque además casi de inmediato Calleri sufrió una preocupante lesión en su rodilla gallega y en su lugar salió Jony, un futbolista de características muy diferentes. El ratonil Rubén García heredó el rol de Calleri para manejarse entre centrales y Barja se fue a la derecha. Mendilibar regresó a su 4-4-2 fetiche, pero ahora con Arbilla, que cambió de posición tres veces en 35 minutos, en el lateral derecho, Pozo por delante de él y Kevin en el lateral izquierdo.

Entre vicisitudes tácticas se jugó un partido de fútbol al que cabría aplicar todos los tópicos imaginables sobre un duelo entre Eibar y Osasuna. Faltó la lluvia. Y el barro ya hace tiempo que no se asoma por las praderas de la élite. El control fue navarro, pero los locales se acomodaron bien para dejar de sufrir. Con el paso de los minutos su meta, el solvente Dmitrovic, vivió menos exigido. El Eibar parece atesorar menos recursos que en otras campañas, pero sigue un libreto muy marcado que no por previsible deja de incomodar a los rivales más avivados.

Así que el partido se convirtió en un esforzado ejercicio futbolístico en el que pocos acontecimientos se sucedieron en las áreas hasta que el epílogo animó a que se abriese. Fue entonces cuando el balón parado empezó a ofrecer atajos. David García pudo marcar para Osasuna en un poco ortodoxo testarazo tras saque de esquina. El Eibar encontró la réplica con un remate de Bryan Gil que se fue al palo. El canterano sevillista relevó a Inui, que nuevamente pasó de puntillas por el campo, y aplicó descaro a un partido demasiado ceñido. Un venenoso centro tras galopada de Jony lo despejó Burgos hacia su propia portería y obligó a que Dmitrovic hiciese la parada del partido. Y el propio Gil pudo marcar en el minuto final, pero lo evitó el otro meta, Herrera. La codicia final convirtió en vibrante una resolución que pudo caer hacia cualquier bando. Así que nadie pareció descontento con el empate.

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