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Erdogan encabeza un boicot a los productos franceses por las medidas de Macron contra el islamismo

Un cliente pasa ante un frigorífico del que se han retirado los productos franceses en un supermercado de Kuwait, este lunes.
Un cliente pasa ante un frigorífico del que se han retirado los productos franceses en un supermercado de Kuwait, este lunes.STEPHANIE MCGEHEE / Reuters

Insultos, manifestaciones y llamadas a boicotear los productos franceses ha sido la respuesta de varios países de mayoría musulmana a las medidas contra el islamismo anunciadas por el presidente francés Emmanuel Macron tras el brutal asesinato del profesor Samuel Paty, decapitado por un joven yihadista radicalizado. Quienes promueven las protestas, con el presidente turco a la cabeza, acusan al jefe del Estado francés de “islamófobo” y de provocar sin motivo a los creyentes musulmanes. A pesar de que la campaña une a la suní Turquía y al chií Irán, la movilización evidencia una división profunda dentro del mundo islámico sobre el peso de la religión en la política.

El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, se unió este lunes a los llamamientos a boicotear los productos franceses. “Del mismo modo que en Francia se pide que no se compren productos turcos, yo aquí os digo: no compréis marcas francesas”, manifestó el mandatario islamista. En realidad, no hay un boicot francés a los productos turcos, sino por parte de Arabia Saudí, desde donde se ha extendido a otros países y provocado problemas para varias marcas turcas y para productores internacionales que fabrican en Turquía.

Las palabras de Erdogan son el principal respaldo a la campaña dirigida a castigar a Francia y que se ha lanzado a través de las redes sociales bajo las etiquetas “boicotea los productos franceses” y “nuestro Profeta es una línea roja”. Los mensajes acompañados de infografía ponen en su objetivo conocidas marcas como el agua mineral Evian, la mantequilla Président, los coches Peugeot o la cadena de supermercados Carrefour, con una gran penetración en los países de la zona.

Varias cooperativas de alimentación en Qatar, Kuwait y Jordania retiraron los productos franceses de sus estanterías durante el fin de semana en protesta por lo que consideran “insultos contra el islam y el profeta”. Incluso la Universidad de Qatar, a pesar de las buenas relaciones de ese emirato con Francia, ha suspendido la celebración de la Semana Cultural Francesa. Además, ha habido pequeñas manifestaciones para criticar la política de Macron frente al Parlamento de Kuwait, en la Franja de Gaza, en las zonas de Libia y Siria bajo control de milicias respaldadas por Turquía, e incluso en Estambul, donde rara vez se permiten.

Sin embargo, no hay signos de que la agitación en las redes haya tenido efecto alguno en Arabia Saudí, el principal mercado de la región, a pesar de que la convocatoria al boicot llegó a ser tendencia el domingo en aquel país. El reino, que junto a Emiratos Árabes Unidos impuso un embargo a Qatar hace tres años, ha prohibido extraoficialmente los productos turcos en las últimas semanas en medio de la tensión con el Gobierno de Ankara por su respaldo a los movimientos islamistas en la región. Turquía es el principal aliado catarí en su disputa con Riad y Abu Dabi.

Irán y Pakistán también se han sumado a las críticas a Macron. El primer ministro paquistaní, Imran Khan, un populista que coqueteó con el voto religioso, le ha acusado de “atacar al islam”. Por su parte, el secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional iraní, Ali Shamkhani, ha calificado el comportamiento del mandatario francés de “irracional” y “políticamente inmaduro”. “Si no, no se hubiera atrevido a ofender al islam”, ha tuiteado este lunes el dirigente Y para que su mensaje llegara claro incluso lo ha repetido en francés.

“Si se mira con atención a los países que están polarizando el asunto son países bien conocidos por su apoyo a una u otra forma de islam político: Turquía, Qatar, Pakistán e Irán. La reacción de los islamistas protestando por la publicación de las caricaturas que se burlan de Mahoma sin mostrar la menor empatía por la decapitación de un profesor de Historia que solo hacía su trabajo, dice mucho de la crisis que afrontamos”, señala Elham Manea, profesora adjunta de la Universidad de Zúrich. “Estos países parecen estar apostando por un enfrentamiento, un choque de civilizaciones, ya que el islam político que apoyan se basa en esa visión del mundo”, añade la académica en un intercambio de mensajes con EL PAÍS.

Francia decidió este domingo llamar a consultas a su embajador en Ankara después de que Erdogan dijese los días anteriores que Macron debería hacerse “un chequeo mental” por sus declaraciones sobre el islam. El lunes, el presidente turco volvió a la carga y dijo que su país está defendiendo a los musulmanes europeos porque “cada vez se hace más difícil vivir como musulmán en los países occidentales”. Además, pidió que los políticos europeos “pongan freno a Macron, quien lidera una campaña de odio antimusulmán en Europa”.

Pero la tensión en las relaciones franco-turcas va más allá de los puntuales exabruptos de sus políticos. Ambos países se han embarcado en una pugna por extender su área de influencia y poner coto a la del otro. Francia ha salido en defensa de Chipre y Grecia ante las maniobras turcas en el Mediterráneo Oriental, desplazando fuerzas militares a la región y aumentando la venta de armas a Atenas. Por su parte, Turquía ha incrementado su cooperación económica, política y, en algunos casos, militar con Túnez, Argelia, Níger y Malí, tradicional patrio trasero de la política exterior gala. Además, ambos países apoyan a bandos enfrentados en la guerra de Libia.

A Ankara le preocupa especialmente la alianza estratégica que mantiene Francia con Emiratos Árabes Unidos -otro país con una agresiva política exterior y con el que los turcos mantienen una relación conflictiva-, y algunos analistas locales ven la nueva política de Macron contra el “separatismo islamista” como una continuación de las políticas de Abu Dabi contra la órbita de los Hermanos Musulmanes, facción del islam político que Erdogan lleva años acogiendo bajo su manto protector.

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