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El virus invierte los papeles históricos del Norte y el Sur en Italia

Varios voluntarios reparten comida en una iglesia en Roma, el 20 de abril de 2020.Varios voluntarios reparten comida en una iglesia en Roma, el 20 de abril de 2020.Álvaro Caballero

El 8 de marzo, pasadas las dos de la madrugada, la estación de tren de Milán se llenó de napolitanos, calabreses y gente de otras regiones meridionales arrastrando maletas hechas a toda velocidad para huir hacia el sur. Las imágenes, captadas por las cámaras de seguridad de aquel día, supusieron un inesperado cambio de paradigma en la historia de Italia. Por primera vez desde la unificación del país, desde los tiempos del crecimiento de la FIAT en Turín y la inmigración masiva, el éxodo se producía en dirección contraria. Una hipérbole que ha encontrado en las siguientes semanas sus réplicas en distintos formatos políticos y sociales. Camino de los 13.000 muertos y una gestión dudosa en la crisis del coronavirus, en Roma crece la idea de que Lombardía debería ser intervenida por una gestora. El gobernador de Campania (región de Nápoles) advierte de que no dejarán entrar a sus ciudadanos y en el Ejecutivo afilan los cuchillos para pasar cuentas con la agresiva retórica septentrional.

Las brecha entre norte y sur, la famosa Italia a dos velocidades, se agranda cada día cuando a las seis de la tarde se publican los datos de contagios. Sucede en sentido opuesto a las agujas del reloj de la historia, el virus cambia las tornas. El lunes fueron 60 nuevos casos en Lacio, 45 en Campania, tres en Calabria. En Lombardía, sin embargo, alcanzaron los 735; 292 en Piamonte, 307 en Emilia Romaña. Las cifras de fallecimientos son también demasiado desiguales: En Lombardía han muerto oficialmente 12.376 personas con Coronavirus desde que empezó la crisis. En Lacio, la región de Roma, 349. Unos datos que invitan a pensar que si Italia dejase de contar el problema en Lombardía, que no es exclusivamente fruto de la densidad y dinamismo de Milán, atravesaría una crisis muy distinta.

La situación de Lombardía o Piamonte responde a distintas circunstancias. Pero cada día que pasa se pone en cuestión también su modelo sanitario y la gestión de la crisis. Se cometieron errores. Se utilizaron residencias de mayores para trasladar pacientes de coronavirus, criticó este lunes el gobernador de Lacio y secretario general del Partido Democrático (PD), Nicola Zingaretti. Hoy el runrún se transforma en estrategia política y el Palacio Chigi, donde se acumula un largo historial de resentimiento a todas las críticas recibidas en los últimos tiempos por el líder de la Liga, Matteo Salvini, ven la oportunidad de darle donde más le duele al ex ministro del Interior. La “cuestión meridional”, bautizada así en 1873 por el diputado radical lombardo Antonio Billia y utilizada por Antonio Gramsci para un texto que abordó esa suerte de colonización histórica del norte basada en una reunificación diseñada desde el Piamonte, vuelve con la covid-19.

La geografía trazada por el virus, sin embargo, es por primera vez muy distinta. “La pandemia ha hecho emerger una Italia profunda, enterrada. Como sucedió después de la Segunda Guerra Mundial”, apunta el historiador Giovanni Luna. Hoy las tres regiones con más contagios y muertos de Italia están gobernadas por la Liga o por un socio de su coalición de derechas. Piamonte, Lombardía y Véneto han mostrado distintos acercamientos a la crisis, pero mantienen cifras preocupantes, especialmente las dos primeras, que representan el corazón del poder autonómico del viejo partido nordista. La credibilidad de Salvini está edificada en los éxitos de su región natal y vinculada, en parte, a la suerte de su gobernador, Attilio Fontana, a quien él mismo colocó para liquidar a la vieja guardia del partido. Tumbarle a él, como pretende el Ejecutivo italiano con el desgaste diario y la hipótesis de una intervención de la región, dejaría al exministro del Interior a la intemperie política.

El colapso de un mito

El politólogo Piero Ignazi es muy duro y cree que el mito de la Lombardía ha colapsado”. “El relato de la región vencedora, que lleva la voz cantante. El desastre de su sanidad y de sus responsables administrativos, en particular del presidente de la región, ha liquidado la imagen que tenía. Reputacionalmente es un desastre. La arrogancia y los aires de superioridad, interpretados históricamente por la Liga y por el propio Silvio Berlusconi, permiten ahora a algunos pedirles cuentas. Además, nace un problema político muy grave para Salvini. Defender la gestión lombarda puede ser un boomerang terrible. Perderá consenso en el sur y dividirá a sus votantes del norte”, apunta Ignazi al teléfono.

Los empresarios, baluarte tradicional del apoyo a la Liga en el norte de Italia, empiezan a hartarse de los problemas y el retraso en la reapertura industrial que conllevará la gestión lombarda. “No es momento para la crítica. Pero la realidad es que muchas cosas han fallado”, apunta un directivo de la patronal Confinustria. Los sondeos también mandan señales en esa dirección. La Liga se ha dejado unos cinco puntos desde que comenzó la crisis sanitaria y Salvini ha descendido del segundo al tercer puesto en los líderes más valorados (detrás del primer ministro, Giuseppe Conte, y de la socia de coalición de derechas, Giorgia Meloni). La inmigración ya no sirve para cabalgar el estado de ánimo de la opinión pública y el virus es demasiado imprevisible para apostar por él. Todo girará en los próximos meses alrededor de la economía. Y quizá ahí cambien de nuevo las tornas.

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