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El último capricho de la millonaria familia Ambani: tener el zoo más grande del mundo en India

La ciudad india de Jamnagar, famosa por nada, pronto tendrá algo de lo que presumir. La familia Ambani, la más adinerada del país, ha anunciado la construcción allí de un zoo y refugio animal de proporciones nunca vistas. Esta iniciativa, pese a no ser más que un proyecto, ya ha suscitado el rechazo de ONG y protectoras, quienes recelan de un clan más famoso por su apego al oro que a la naturaleza.

En esta localidad costera de medio millón de habitantes, perteneciente a la provincia occidental de Gujarat, se levantará el centro, bautizado como Greens Zoological Rescue and Rehabilitation Kingdom. El recinto de 1.130 kilómetros cuadrados —equivalente a dos veces la superficie de Madrid— acogerá a más de un centenar de especies procedentes de cada esquina del planeta, según han detallado medios locales. Sus puertas abrirán en 2023, pero la polémica se ha presentado temprano.

Esta se ha desatado a consecuencia de la llegada de sus primeros inquilinos: dos panteras negras procedentes de Guwahati, en la otra punta del país, a cambio de otras tantas cebras cedidas por la familia. El zoo de esta segunda ciudad es el único que cría a los preciados felinos, los cuales emplea como moneda de cambio para ampliar su repertorio animal. El año pasado, por ejemplo, trocaron sendos ejemplares por un avestruz con Mysore y una jirafa con Ranchi. Pero en esta ocasión a los activistas no les ha hecho gracia que pasen a formar parte del parque privado de los Ambani.

El pasado domingo, unos cien manifestantes se congregaron frente a las puertas del zoo de Guwahati para expresar se repulsa ante el canje. “Parece que ni siquiera los animales salvajes en captividad pueden escapar a los tentáculos de las grandes corporaciones”, reprochaba Bobbeeta Sharma, líder del partido local Comité del Congreso Assam Pradesh, por medio de un comunicado compartido con medios locales. Pese a las protestas, la pareja de panteras ya pertenece a este nuevo centro en ciernes, un proyecto liderado por Anant Ambani, hijo menor del patriarca, Mukesh Ambani.

Mukesh es a su vez hijo de Dhirubhai Ambani, un humilde comerciante de lana que a mediados de los sesenta fundó Reliance, una pequeña empresa de productos de poliéster que crecería hasta convertirse en un conglomerado colosal. Tras su fallecimiento en 2002, sus dos vástagos comenzaron una agria batalla por heredar el imperio que solo llegaría a su fin tres años más tarde, gracias a la intervención salomónica de su madre. El primogénito, Mukesh, se quedó con la rama industrial y el pequeño, Anil, con las telecomunicaciones. Sin embargo, aquellos sectores que Mukesh no recibió por herencia los tomó por asalto comercial.

Reliance es hoy la primera empresa de India por capitalización bursátil y beneficios. Sus ingresos anuales superan los 72.500 millones de euros y sus ramas llegan a todo tipo de industrias, gracias a la diversificación impulsada por Mukash. A mediados del año pasado, este se embolsó más de 16.500 millones de euros tras vender un tercio de Jio, la principal empresa de telecomunicaciones del país, a varios inversores entre los que se contaban Google y Facebook. Esto le permitió auparse a la sexta posición en la lista Forbes, el primer asiático en colocarse entre las diez personas más ricas del mundo. Desde entonces ha caído al puesto 21º con un patrimonio valorado en 66.400 millones de euros. Su hermano Anil, por contra, apenas posee 1.400 millones de euros.

La buena marcha de Reliance financia la vida de lujo por la que es conocida la familia, cuyos miembros se mueven en los círculos más exclusivos de la élite mundial. La boda de su hija Isha en 2018 contó con la presencia de celebridades Hillary Clinton, el CEO de Google Sundar Pinchai o la actriz Priyanka Chopra y una actuación exclusiva de Beyoncé. Se rumoreó entonces que el enlace, festejado a lo largo de varios días en varias ciudades del mundo, había tenido un coste total de 80 millones de euros, aunque la familia lo fijó en “menos de 12”.

No hay mayor símbolo de la opulencia de los Ambani que su hogar: la torre Antilia, cuyas irregulares formas geométricas destacan en las alturas de Bombay. Construida en 2012, cuenta con 27 plantas repartidas en 173 metros de altura, más de 37.000 metros cuadrados, tres helipuertos, un garaje con espacio para 168 automóviles, 9 ascensores, jardines, piscinas, un teatro, un spa, un templo e incluso una sala de nieve; todo ello gestionado por una plantilla de 600 trabajadores. Valorado en 1.800 millones de euros, se trata del segundo complejo residencial más caro del mundo, solo por detrás del Palacio de Buckingham. El zoo, dentro de un par de años, estará en Jamnagar.

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