Internacional

El traspié en Ankara pone contra las cuerdas a Michel

La escena, de apenas 20 segundos y cuatro planos, ha provocado un terremoto político en Bruselas. Las imágenes muestran al líder turco, Recep Tayyip Erdogan, entrando a un salón del palacio presidencial de Ankara junto a los líderes europeos Ursula von der Leyen y Charles Michel. Tras dejarse fotografiar, los dos hombres se sientan, mientras la alemana sigue de pie, perpleja. Entona un elocuente “ehmm” para hacerles notar que no hay un sillón para ella, pero para cuando se percatan de su queja ellos están ya estirando las piernas. En el siguiente plano, la presidenta de la Comisión Europea está en el sofá, visiblemente incómoda pese a llevar una mascarilla que le oculta medio rostro.

Ese episodio, bautizado como #sofagate, generó enseguida un reguero de críticas. A falta de unas explicaciones convincentes sobre lo sucedido, diputados de todo el arco parlamentario europeo denunciaron el incidente como un ejemplo de la discriminación que las mujeres siguen sufriendo en las alturas. El dedo, sin embargo, fue desplazándose progresivamente desde Erdogan a Michel, a quien —incluso desde las filas de su partido— se critica por no haber reaccionado ante el papel secundario al que se relegó a Von der Leyen. El belga, al que le queda menos de un año para que se decida sobre su renovación, carga ahora con la nueva humillación sufrida por la UE en el exterior, poco después del fallido viaje a Moscú del jefe de la diplomacia de la UE, Josep Borrell.

El Consejo y la Comisión han chocado durante toda la semana en la cuestión del rango institucional de sus presidentes. Michel se ha escudado en las “estrictas” y “clásicas” reglas de protocolo seguidas por Turquía, que consisten en darle un tratamiento de jefe de Estado a él y de primera ministra a Von der Leyen. La Comisión, que rechaza de plano esos argumentos, se ha mostrado irritada con la escena. Máxime cuando Ankara sostiene que colmó las demandas de los responsables de protocolo del Consejo. Fuentes comunitarias recuerdan, además, que en marzo de 2020 no hubo ningún problema para que Ankara pusiera un sillón a Borrell junto a Michel. Aun así, también critican que Von der Leyen, asesorada por su reducido núcleo de funcionarios, se despreocupara por el protocolo ante un líder tan imprevisible como Erdogan.

De la relación entre Michel y Von der Leyen da cuentas el hecho de que el belga confesara a la televisión LN24 que, 48 horas después del desplante, aún no había hablado con la alemana. El viernes, el portavoz jefe de la Comisión Europea, Eric Mamer, todavía no tenía constancia de esa llamada. “Está clara la carrera que hay entre ellos para liderar la política exterior europea, en muchas ocasiones a costa del Alto Representante. No es la primera vez que ocurre, pero se convierte en un problema cuando supone acabar minando nuestra posición ante países que buscan debilitar a la UE. Y es el caso de Turquía”, sostienen fuentes comunitarias. Para rematarlo, el episodio ha abierto un conflicto diplomático entre Turquía e Italia, cuyo primer ministro, Mario Draghi, llamó dictador a Erdogan.

Los líderes parlamentarios ponen el acento en la falta de unidad —e incluso los “codazos públicos”, según fuentes parlamentarias— en un viaje de esa envergadura. Ambos presidentes debían tratar de que Turquía cese de una vez los hostigamientos a Grecia y Chipre y respete los derechos humanos a cambio de un paquete de mejoras económicas. La Eurocámara ya cuenta con la mayoría para exigir que los dos presidentes acudan a dar explicaciones sobre este nuevo tropiezo exterior.

“La visita a Ankara de los presidentes Von der Leyen y Michel debería haber sido un mensaje de firmeza y unidad de Europa hacia Turquía, pero ha resultado en un símbolo de desunión”, denuncia el presidente del grupo de los populares europeos, Manfred Weber. “Las relaciones con Turquía son cruciales. Pero también lo son la unidad de la UE y el respeto por los derechos humanos, incluyendo los de las mujeres”, sostiene la jefa de filas de los socialdemócratas, Iratxe García.

Debate en la Eurocámara

Ambos presidentes irán a la Eurocámara, si nada se tuerce, la última semana de este mes para dar cuentas de un incidente cuyo recorrido todavía es una incógnita. “Esa situación mostró que la cooperación entre las dos instituciones no es siempre fácil. Ya pasó con Jean-Claude Juncker y Donald Tusk. Y ahora pasa con Von der Leyen y Michel. No creo que tenga un impacto a largo plazo, pero sí recuerda que hay poderes que tratan de dividir a los 27 miembros y minar la imagen de la UE”, sostiene Eric Maurice, responsable de la oficina de Bruselas de la Fundación Schuman.

En la Eurocámara los focos apuntan a Michel —a quien fuentes diplomáticas critican también por su gestión de las cumbres— por haber callado ante la humillación a la alemana. Camino Mortera-Martínez, investigadora del Centre for European Reform, opina que el incidente es “el síntoma de una enfermedad más grave”, que es el “tipo de liderazgo que tenemos en la UE”. “Una presidencia será tan importante como la persona que esté al frente decida. Puede ser muy buena, irrelevante o mala”, sostiene la analista, que añade: “Dudo de que vaya a dimitir, pero también de que vayan a renovarlo el próximo año”.

Un grupo de 22 diputados, encabezado por el socialista Massimiliano Smeriglio, pidió este sábado por carta la dimisión de Michel. “El hecho más lamentable y doloroso fue su silencio ante una evidente provocación contra la Unión y contra la primera mujer que preside la Comisión”, apunta el documento. Consciente del alto precio que puede tener ahora el traspiés, Michel volvió a disculparse. En una entrevista con Bloomberg afirmó: “Si fuera posible, volvería atrás y arreglaría este incidente”.

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