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El teatro clásico sube el telón en Almagro

¿Es posible hacer un espectáculo sobre el amor sin que los actores puedan acercarse? ¿Cómo representar un beso sin tocarse? Este es el reto al que se ha enfrentado en las últimas semanas la Compañía Nacional de Teatro Clásico (CNTC), que inaugura este martes el Festival de Almagro con un espectáculo de nueva creación que combina versos de Lope de Vega sobre el amor con textos actuales de la misma temática escritos durante la cuarentena por la pandemia. Se titula En otro reino extraño y es el primero de los veinte montajes presenciales programados hasta el 26 de julio en la ciudad manchega. Es también el pistoletazo de salida de la temporada estival de teatro clásico, que será más corta que otros veranos, pero en la que se mantienen la mayoría de las citas importantes: Mérida, Olite, Olmedo, Cáceres y Peñíscola.

“Todo es posible en el teatro: lo que no puede suceder literalmente, se puede hacer metafóricamente. Si los actores no se pueden besar, podemos hacer que el público imagine que se besan. Lo que hemos hecho ha sido integrar artísticamente esos protocolos que nos ha impuesto la pandemia en la puesta en escena. No solo no los ocultamos, sino que los subrayamos, pues el punto de partida del montaje es precisamente cómo se resignifica el amor en estas circunstancias. Cómo se sostiene el amor en este ‘reino extraño’ en el que vivimos ahora”, explicaba el director del montaje, David Boceta, durante un ensayo en Madrid antes de viajar a Almagro.

En otro reino extraño nació como una obra de teatro digital durante el confinamiento. Lo concibieron desde sus casas 13 actores de la Joven Compañía Nacional de Teatro Clásico, cantera de la CNTC, dirigidos por Boceta con la ayuda del dramaturgo Luis Sorolla y el creador audiovisual Álvaro Luna. El proceso por el que ha acabado siendo el espectáculo inaugural de Almagro ilustra el raro devenir del teatro en estos últimos meses. Decenas de proyectos frustrados, pero también muchos otros surgidos de la improvisación y adaptados a las circunstancias de este momento.

El actor y director Lluís Homar, que tomó las riendas de la CNTC en septiembre del año pasado, reconoce que la situación le ha hecho rememorar sus primeros años de profesión, especialmente los inicios del Teatre Lliure, del que fue cofundador en los setenta en Barcelona. “Aquella precariedad económica nos obligaba a ser extremadamente creativos. Ahora es lo mismo: a medida que se van frustrando unos proyectos, nos vamos inventando otros”, explica Homar, que tenía previsto dirigir un nuevo espectáculo en Almagro y llevar otros dos que iban a presentarse en Madrid esta primavera, El enfermo imaginario y El vergonzoso en palacio, pero no ha habido tiempo de ensayar ninguno. A cambio, la CNTC ha producido En otro reino extraño y Homar participará como actor en un recital de poemas de San Juan de la Cruz junto a Adriana Ozores.

En otro reino extraño no solo es el primer estreno de la CNTC después del confinamiento, sino también un banco de pruebas de cara a la nueva temporada. Es el primer espectáculo que se ha ensayado de manera presencial en el Teatro de la Comedia de Madrid, sede oficial de la compañía, con los nuevos protocolos sanitarios. Mascarillas, bolsas de plástico para separar todo, distancia entre los actores en el escenario, desinfección continua de los objetos de utilería. Es la nueva rutina entre bastidores. “Pero como se ha creado teniendo en cuenta desde el principio esas limitaciones, no ha sido difícil integrar todo esto en el trabajo diario”, asegura Boceta. Es interesante también ver con qué naturalidad se acoplan los versos de Lope con textos en los que se hacen claras referencias a la cuarentena. El amor en tiempos de pandemia a través del Siglo de Oro.

”En otro reino extraño es un espectáculo nacido por y para este contexto y estamos orgullosos de poder presentarlo en Almagro. Pero va a ser difícil adaptar a los nuevos protocolos los que se gestaron antes de la pandemia. Habrá que ajustar ciertas cosas, pero no podemos hacer teatro clásico con los actores alejados entre sí”, opina Homar. La guía elaborada por el Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música, que sigue a rajatabla la CNTC, contempla la posibilidad de romper la norma de la distancia social en el escenario siempre que se hagan pruebas a los intérpretes y un plan de prevención al comienzo de los ensayos, algo a lo que se van a acabar acogiendo la mayoría de las compañías con vistas a la próxima temporada.

Tampoco ha sido fácil la organización de los festivales. El circuito veraniego de teatro clásico orbita en torno a los de Almagro y Mérida, que impulsan producciones que luego giran por los demás, por lo que todos estuvieron en vilo hasta que los dos grandes confirmaron que se iban a celebrar (hace apenas un mes). Tanto Almagro como Mérida, que otros años tienen una importante presencia internacional, han renunciado este verano a programar compañías extranjeras por si acaso se cierran las fronteras y han volcado toda su inversión en las compañías nacionales y de sus respectivas regiones.

En general, todos son más cortos y más modestos que otros años. Y dadas las escaseces de este año, comparten programación más que nunca. Entre los espectáculos más solicitados este año son Andanzas y entremeses de Juan Rana, una coproducción de la compañía Ron Lalá y la CNTC, que se verá en Almagro, Olite y Cáceres; La tragedia de Inés de Castro, del grupo Nao d’Amores, que viajará a Olmedo y Cáceres, y El increíble asesinato de Ausiàs March, que estará en Peñíscola y Almagro. Rafael Álvarez, El Brujo, presentará Dos tablas y una pasión en Olmedo y El lazarillo de Tormes en Almagro.

El Festival de Mérida, centrado en los clásicos griegos y romanos, produce sus propios espectáculos. Este año estrena cinco: Antígona, Anfitrión, La comedia de la cestita, Cayo César y Penélope.

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