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El secreto cuántico de la música atonal

El compositor Antón García Abril, en la sede de la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE).
El compositor Antón García Abril, en la sede de la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE).

Hace unos días nos dejó Antón García Abril, compositor y músico español integrante de la Generación del 51, una generación de músicos cuya misión principal – según Tomás Marco- fue la de reconquistar el tiempo perdido.

En muy pocos años asimilaron toda una serie de tendencias musicales que tuvieron su origen en Stravinsky, músico a partir del cual fueron incorporando nuevas categorías, siendo la más significativa la del atonalismo libre de Schönberg. Con estas cosas, los integrantes de la Generación del 51 resucitaron la música contemporánea en un país sepultado bajo los escombros de la posguerra.

Porque durante la posguerra, tanto García Abril, como Tomás Marco o Luis de Pablo recogieron todo cuanto se había producido en el campo musical desde que arrancó la Guerra Civil. Lo hicieron sin excluir los lenguajes pictóricos, como tampoco los experimentos y hallazgos científicos en el campo de la física, en especial en el de la mecánica cuántica cuya propiedad denominada entrelazamiento cuántico será el reflejo científico de la música atonal. Vamos a explicarlo de manera sencilla.

El término entrelazamiento cuántico fue acuñado en 1935 por Erwin Schrödinger para describir el comportamiento de las partículas subatómicas relacionadas entre sí, dando igual la distancia entre ambas

El término entrelazamiento cuántico fue acuñado en 1935 por Erwin Schrödinger para describir el comportamiento de las partículas subatómicas relacionadas entre sí, dando igual la distancia entre ambas. De esta manera, cualquier cosa que le suceda a una de las partículas le sucede también a la otra con la que está relacionada aunque se encuentre en sitio diferente.

Todo esto puede sonar a fantasmagoría, de hecho fue así como el mismísimo Einstein lo denominó: “acción fantasmagorica a distancia”. Bien mirado, resulta asombroso que dos partículas separadas en la distancia perciban lo mismo, es decir, que si una de las partículas sufre un cambio en el spin (el sentido de giro), el efecto es “percibido” de inmediato por la otra partícula que, a su vez, cambia el sentido de giro a pesar de la distancia.

Lo único que sabemos por experimentos recientes es que una partícula actual sigue entrelazada con otra que existió

Pero lo más asombroso es que esto no solo se produce de forma espacial, sino que también se produce de manera temporal, puesto que no es necesario que ambas partículas confluyan en el mismo momento. Su mecanismo se desconoce, al igual que se desconoce el mecanismo de las partículas entrelazadas en el espacio. Lo único que sabemos por experimentos recientes es que una partícula actual sigue entrelazada con otra que existió.

Ahora bien, si el concepto de entrelazamiento cuántico lo llevamos al espacio sonoro, nos encontramos con un caos de notas aleatorias que es lo que escuchamos cuando asistimos a una audición de música atonal, más conocida como música contemporánea, donde la tradición jerárquica de los sonidos de la escala básica en el sistema tonal do-re-mi-fa-sol-la-si-do se rompe. Resulta curioso comprobar que donde la composición se desarrollaba alrededor de una nota central o tónica, ahora se desarrolla de manera casual, considerándose igual de importante una nota que otra, sin distinguir a ninguna nota como dominante, sucediendo que una nota tenga su efecto en otra nota que, a su vez, resulta entrelazada a través de la distancia entre compases.

Esta música atonal, originaria de principios del siglo XX, vino a poner banda sonora al nacimiento de la última de las grandes ramas de la física. La mecánica cuántica como reflejo de la composición invisible de la naturaleza tiene su expresión sonora en la música atonal de Arnold Schönberg, cuyo lenguaje compositivo, ya dijimos, fue influencia significativa en músicos de la Generación del 51 como Cristóbal Halffter, Luis de Pablo o García Abril, músicos cuya misión fue la de llevar hasta el contexto atonal las partículas subatómicas que subyacían en el mundo real de la posguerra.

El hacha de piedra es una sección donde Montero Glez, con voluntad de prosa, ejerce su asedio particular a la realidad científica para manifestar que ciencia y arte son formas complementarias de conocimiento.

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