Internacional

El retorno imposible de los refugiados del Sahel

En el campamento de refugiados de Mbera el desierto impone su ley. Mucha arena, matorrales aquí y allá, más de 45 grados de impenitente calor. En este secarral situado en la punta sureste de Mauritania, rodeados por una valla vigilada por un centenar de gendarmes, sobreviven unos 67.000 malienses gracias a la ayuda humanitaria internacional. Los primeros llegaron en 2012 huyendo de la guerra, los últimos hace apenas unas semanas. La esperanza de volver a su país que trajeron entre sus pertenencias se va haciendo cada vez más borrosa y lejana: el conflicto que les empujó hasta aquí empeora con cada ataque, cada masacre, cada atentado. Toca quedarse. El reto es cómo convertir un asentamiento provisional en un pueblo más de Mauritania.

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