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El Real Club Iago Aspas de Vigo

Dos goles al Valencia, uno al Valladolid, cuatro puntos para el Celta y las hojas de cálculo de los estadísticos echando humo. Hay veces que los números ayudan a entender la dimensión de un futbolista que brota de lo intangible, del sentimiento y la pasión. Ningún futbolista de LaLiga ha logrado en las últimas cuatro campañas más goles que sumasen puntos para su equipo que Iago Aspas. Ni siquiera Messi, aunque el astro argentino ha contribuido también con numerosas asistencias.

La repercusión del talento de Moaña en el juego del Celta se ilustra con la visión de los partidos, pero también con los datos: desde el inicio de la temporada 2017-18, el Celta sumó 46 puntos gracias a 59 goles de Aspas. Messi contribuyó en exclusiva a que el Barcelona tuviese 45 puntos más, pero con 95 dianas. La lectura evidencia, obviamente, que el reparto realizador en el equipo culé es mayor que en el gallego. Desde que regresó al Celta en 2015, el 30% de los puntos logrados por el Celta llegaron tras partidos en los que al menos un gol de Aspas fue decisivo. Messi rubricó el 17% de los que le dieron ganancias en la tabla al Barcelona. Desde luego contribuyó con sus tantos en muchas más. Si se consideran el resto de las grandes ligas europeas, solo Aubameyang en el Arsenal, donde frisa el 25%, e Immobile y Vardy en Lazio y Leicester (apenas superan el 20%) resultan tan vitales para sus equipos.

A los 33 años, Aspas destroza plusmarcas. Si este jueves marca al Barcelona en Balaídos (21.30, Movistar LaLiga), se habrá convertido en el máximo goleador en solitario de la historia del equipo en Primera División. Ahora suma 104 tantos, como Hermidita, una leyenda que jugó en el Celta entre 1944 y 1956.

Dicen quienes le vieron que Hermidita no era un delantero al uso, que partía indetectable desde cualquier perfil del ataque, incluso desde posiciones retrasadas. Y que era letal ante la meta. Aspas es una copia. Y ha marcado tres goles en lo que va de campeonato tras intentar apenas tres remates a puerta. No conoce el error. En otros inicios de campaña le costó más, pero ahora ya se le veía venir de nuevo: de los cinco goles que marcó su equipo en pretemporada anotó dos y generó los otros tres. Tras la salida de Smolov y de Toro Fernández ha vuelto a jugar como el futbolista más avanzado del equipo. “Pero puede actuar en cualquier puesto del ataque porque lo que marca diferencias es su entendimiento del juego”, observa Mario Bermejo, integrante de la secretaría técnica del club.

Bermejo llegó a Vigo en el verano de 2011. Tenía 33 años y había pasado más de media vida en el fútbol profesional, donde ejercía como un esforzado punta, un peleas del área con buenas cifras realizadoras. Entonces le hablaron de un chico que trataba de abrirse paso, una promesa que ya tenía 24 años y no acababa de concretar el talento que se le suponía. “Era muy rápido, tanto en espacios largos como cortos, pero se perdía un poco en lo preciosista, en el caño o el tacón… No acababa de ser efectivo. Al segundo partido de Liga me rompí la clavícula en Huelva y salió él del banquillo. Marcó y ganamos”, recuerda.

Un mes después Bermejo regresó. Y Paco Herrera, que era el entrenador, decidió un cambio de papeles que dio un giro a la historia del Celta. “Fue algo así como un chispazo”, rememora Bermejo, que se retrasó a la mediapunta. “Paco liberó a Iago de esa labor defensiva de bascular o fijar al pivote y le puso la portería contraria delante, le enfocó hacia la ambición del gol y Iago respondió, porque no sólo sabe jugar en todas las zonas del campo, sino que tiene una definición exquisita”. El suplente que apenas había sumado cuatro goles en nueve titularidades en el ejercicio anterior se disparó hasta los 23 tantos. “Explotó tarde. Tenía mucho más de lo que estaba dando”, valora Bermejo.

El camino sirvió para madurar un talento un tanto indómito. “Es un futbolista total”, resume Bermejo; “si el Barça se pregunta qué pasará cuando se vaya Messi, al Celta le pasa lo mismo con Iago”.

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