Internacional

El presidente de Israel se opone a la maniobra de Netanyahu de suspender el Parlamento

Sesión solemne de apertura del Parlamento de Israel, el lunes en Jerusalén. GPOSesión solemne de apertura del Parlamento de Israel, el lunes en Jerusalén. GPOAnadolu Agency

Con los tribunales clausurados de hecho por la pandemia de coronavirus y la Kneset (Parlamento) suspendida hasta la semana que viene por una decisión impulsada desde el derechista partido Likud de Benjamín Netanyahu, Israel se aleja de la senda descrita por Montesquieu en su teoría de la separación de poderes. El presidente del país, el veterano conservador Reuven Rivlin, tuvo que abandonar el miércoles su misión mediadora y ceremonial para advertir al presidente en funciones de la Cámara, Yuli Edelstein (Likud), de que la paralización parlamentaria “socava la democracia” en plena emergencia sanitaria.

La primera decisión del bloque de centroizquierda, que sumó una ajustada mayoría de 61 de los 120 escaños de la Kneset en las legislativas del pasado día 2, fue desalojar a Edelstein y poner al frente de la Cámara a un diputado de Azul y Blanco, la alianza centrista de Benny Gantz, recién designado candidato a formar Gobierno. Pretendía dar prioridad a una legislación que impida que un imputado por la justicia –como Netanyahu, acusado por el fiscal general en tres casos de corrupción– pueda aspirar al cargo de primer ministro.

Con tecnicismos y maniobras procedimentales, el presidente saliente del Legislativo se ha mantenido temporalmente en el cargo sin convocar el pleno, mientras se constituían los órganos del Parlamento. En una nueva edición del bloqueo político que atenaza a Israel en el último año, durante el que se han sucedido tres elecciones generales, los parlamentarios de los dos principales partidos se empantanaron en la noche del martes en la constitución de las comisiones, y en particular de la que hace funciones de Mesa de la Cámara.

Alegando que intentaba situarse por encima de la melé política en la Kneset, Edelstein decidió vetar las votaciones y suspender hasta el lunes la actividad parlamentaria, antes de que la mayoría de centroizquierda se impusiera al bloque conservador. Poco después, el exgeneral Gantz le acusaba de estar sentando “un peligroso precedente para la democracia en Israel”, al impedir la constitución de las comisiones que deben supervisar “una crisis (por la pandemia) que está afectando a la gente”.

El número dos de Gantz, el antiguo presentador de televisión Yair Lapid, fue más tajante al denunciar que el presidente del Parlamento y Netanyahu habían “clausurado la democracia”. “En este momento, la única institución que sigue activa en el país es un Gobierno en funciones con un primer ministro que perdió las elecciones”, destacó Lapid. “Desde que ha perdido la mayoría (Netanyahu) ha cerrado el Parlamento, y cuando iba a iniciarse su proceso (previsto para el martes y aplazado al 24 de mayo), ha clausurado los tribunales”.

En este clima de efervescencia y tensión, el habitualmente templado y bonachón Rivlin intervino con un tajante comunicado en el que alertaba de que “una Kneset fuera de juego socava la capacidad del Estado para afrontar una situación de emergencia”. “No debemos permitir que esta crisis, por muy seria que sea, cause perjuicios a nuestro sistema democrático”, recalcó el mandatario para reclamar al presidente del Parlamento que garantice su funcionamiento en medio de la pandemia. El bloqueo ha impedido hasta ahora la constitución de una comisión especial para abordar la expansión de la enfermedad Covid-19, mientras los ciudadanos se encuentran ya en situación de confinamiento casi total.

En favor del líder del Likud

Edelstein –uno de los barones del Likud que aspira a suceder a Netanyahu si el primer ministro es finalmente aportado de la política– se apresuró a responder al jefe del Estado que estaba trabajando para resolver la disputa entre los dos grandes partidos y “alcanzar inmediatamente un acuerdo para la formación de las comisiones”. El presidente en funciones de la Kneset ha sido acusado por el centroizquierda y los partidos árabes, que suman mayoría en la Cámara, de estar retrasando su relevo con el objetivo de favorecer las opciones de Netanyahu de intentar conformar un Gobierno si Gantz no lo consigue en el plazo máximo de seis semanas.

Durante las recientes campañas electorales, la alianza centrista Azul y Blanco ha insistido en equiparar la deriva política del líder del Likud con la del autocrático presidente turco, Recep Tayyip Erdogan. “No vamos a permitir que Israel se torne en una dictadura”, enfatizó Moshe Yaalon, también exgeneral y socio conservador de Gantz, quien ocupó el puesto de ministro de Defensa en uno de los Gobiernos de Netanyahu.

El líder centrista Gantz ha recibido el apoyo de todos los partidos que integraban la oposición al Gobierno de Netanyahu como candidato a primer ministro, pero la presencia de tránsfugas en el bloque de centroizquierda hace prácticamente inviable su investidura. Analistas políticos como Chemi Shalev consideran que el líder del Likud esta utilizando en su beneficio la crisis del coronavirus y el temor que genera entre la población para aferrarse al poder. “En apenas 48 horas, Netanyahu ha logrado posponer su proceso”, resumía su tesis Shalev en las páginas de Haaretz, “y ha impulsado a Edelstein a trastocar el resultado de las elecciones (al paralizar la Kneset)”.

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