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El PP evita la ruptura total con el Gobierno y accede a abrir el diálogo

Madrid (Spain), 12/04/2020.- A handout photo made available by Moncloa shows Spanish Prime Minister Pedro Sanchez, speaking during a press conference at Moncloa Presidential Palace in Madrid, Spain, 12 April 2020. Sanchez has announced that the Government will provide the necessary security measures for workers that will return to work in the following days, including face masks. (España) EFE/EPA/MONCLOA PALACE / HANDOUT HANDOUT HANDOUT EDITORIAL USE ONLY/NO SALESMadrid (Spain), 12/04/2020.- A handout photo made available by Moncloa shows Spanish Prime Minister Pedro Sanchez, speaking during a press conference at Moncloa Presidential Palace in Madrid, Spain, 12 April 2020. Sanchez has announced that the Government will provide the necessary security measures for workers that will return to work in the following days, including face masks. (España) EFE/EPA/MONCLOA PALACE / HANDOUT HANDOUT HANDOUT EDITORIAL USE ONLY/NO SALESMONCLOA PALACE / HANDOUT HANDOUT / EFE

El Gobierno lleva más de una semana hablando de la necesidad de un gran pacto para la reconstrucción de España al estilo de los que en 1977 consolidaron la democracia, con un gran acuerdo desde la UCD hasta el PCE que abrió paso al pacto constitucional de 1978. Ayer de nuevo el Ejecutivo concentró en este asunto su mensaje político. Pero detrás de esas palabras de momento no hay nada concreto. No ya un documento, algún guion o una idea acerca del formato de ese encuentro, sino ni siquiera una llamada a ninguno de los que serán los interlocutores naturales de esa negociación, en especial Pablo Casado. La reunión llegará presumiblemente a finales de semana, después de una sesión de control en el Congreso —el miércoles— que se presume dura. Pero aún no hay nada definido sobre esa cita llamada a forjar un pacto de Estado.

El Ejecutivo se concentra de momento en meter presión política al PP, ante el riesgo de que este partido decidiera dar un portazo como ha hecho Vox, y cree haber logrado su objetivo con la reacción de ayer del líder de la oposición. Después de unos días en los que no dejaba claro si acudiría o no a la reunión, que dio por muerta el jueves pasado en el debate del Congreso tras una dura intervención de Adriana Lastra, Casado admitió ayer que seguirá la línea que ha seguido hasta ahora: no dará un portazo, aunque mantiene el tono muy crítico con el Ejecutivo, por lo que el pacto se ve aún como una quimera.

El líder del PP aseguró que su partido “siempre” está dispuesto a hablar con el presidente, pero añadió que no lo ve “sincero” en su petición de una “desescalada política” para crear el ambiente propicio para unos nuevos Pactos de La Moncloa. Sánchez insistió en que el Gobierno “no puede ganar solo esta guerra”, y sus ministros siguieron ayer esa línea para meter presión al PP.

José Luis Ábalos, erigido en portavoz de esos nuevos Pactos de La Moncloa —fue el primero en hablar de ellos— apeló al patriotismo. “Necesitamos grandes acuerdos de Estado. Es una necesidad histórica ante la que ningún responsable político puede quedar indiferente. La Organización Internacional del Trabajo habla de la crisis más severa desde la II Guerra Mundial; el Banco Central Europeo dice que España sufrirá la peor crisis desde la Guerra Civil. Sería grave que los partidos no estuviéramos a la altura” tanto en términos económicos como democráticos. “Como gobierno no esperamos un apoyo sin ambages de la oposición como otros países”, dijo, “pero sí que los partidos cojan la mano tendida”. “Ningún partido ni ningún Gobierno podrá afrontar por si solo las consecuencias de esta crisis. El único patriotismo ahora es arrimar el hombro. Los españoles necesitan esperanza y sus representantes debemos darles motivos para que no la pierdan”, sentenció.

La presión sobre Casado es muy fuerte. En los dos sentidos. Por un lado, el ambiente político y las encuestas que señalan que una aplastante mayoría de ciudadanos quiere un acuerdo. También algunos de los sectores más moderados del PP le empujan a que se separe de Vox. En sentido contrario funciona la presión del partido de Santiago Abascal, preparado para volver con el mensaje de la “derechita cobarde”, y sobre todo el ambiente en amplios sectores de la derecha, no solo en los entornos de Vox, que le exigen que sea muy duro con Sánchez. Hasta ahora Casado ha optado por estos últimos: dentro de Europa, la oposición española es una de las más duras con su Gobierno en un momento tan delicado.

El papel del PP es clave porque el Gobierno no tiene suficientes apoyos como para aprobar sus medidas y encajar las críticas, como sí tenía Mariano Rajoy en 2012, cuando aplicó recortes durísimos y sobrevivió con una destrucción de empleo masiva, datos económicos pésimos y una prima de riesgo (la diferencia en intereses entre la deuda española y la alemana) superior a los 600 puntos básicos. Sánchez tiene 120 escaños —Rajoy tenía 186— y gobierna con una coalición con Unidas Podemos, a la que no tiene ninguna intención de renunciar, con la que alcanza los 155, a 21 de la mayoría absoluta.

Hasta ahora el Ejecutivo ha podido aprobar todos sus decretos, pero ninguno de ellos traía malas noticias. Y la mayoría ya ha sufrido algunas grietas al menos temporales, con ERC en una posición crítica y el PNV reprochando también algunas de las decisiones al Ejecutivo y sobre todo el hecho de que no cuente con sus aliados ni con la oposición para tomarlas.

En ese ambiente, la posición de Ciudadanos cobra mayor relevancia. El giro que ha dado Inés Arrimadas, su líder, ahora mucho más favorable a ayudar al Ejecutivo ante las dimensiones de la crisis, es fundamental para el Gobierno. Aunque son solo 10 escaños, y es posible que en los próximos meses no baste con ellos. Arrimadas aseguró ayer que “la mano tendida de Cs no es para tapar o justificar los errores del Gobierno, sino para ayudar a que no se repitan”. Lanzó críticas al Ejecutivo por su “improvisación”, pero se mostró dispuesta a apoyar los nuevos Pactos de La Moncloa siempre que la idea “no se quede en una foto”. Cs también presiona para que Unidas Podemos no marque la línea de esos futuros pactos. Pero el Gobierno asegura que la coalición seguirá.

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