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El populismo que se alimenta del desprecio ajeno

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, durante la misa por los enfermos y fallecidos en la pandemia.La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, durante la misa por los enfermos y fallecidos en la pandemia.EFE / EFE

Díaz Ayuso aprendió de Esperanza Aguirre a no tener miedo al ridículo y a aprovecharse de la parodia. Aguirre se convirtió en una estrella gracias a los chistes que inspiraba en Caiga quien caiga y en otros programas, y cultivó ese personaje que fingía no saber quién era Saramago, hasta que se quedó a las puertas del poder absoluto en su partido y en Madrid. Ayuso, como Aguirre, sabe que el melodrama y la sobreactuación dan muchos minutos de pantalla, y que el desprecio de los enemigos es nutritivo. Cuanto más se burlen, mejor….

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