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El Papa pide unidad y un alto el fuego mundial ante la pandemia

El Papa ha dedicado a “un mundo que enfrentaba ya desafíos cruciales y que ahora se encuentra abrumado por la pandemia” el mensaje crítico que habitualmente lanza a la humanidad antes de impartir la bendición urbi et orbi el Domingo de Resurrección. En una basílica de San Pedro desierta, acompañado tan solo en algunos momentos por su maestro de ceremonias, Guido Marini, Francisco ha recordado que “el mundo entero está sufriendo y tiene que estar unido” para afrontar esta crisis global y ha repasado en tono severo los “desafíos históricos” y los conflictos que azotan el planeta.

Entre las numerosas zonas afectadas por el coronavirus, el Papa se ha detenido especialmente en Europa, donde la pandemia se ha convertido también en un reto sin precedentes para la UE. “Después de la Segunda Guerra Mundial, este amado continente pudo resurgir gracias a un auténtico espíritu de solidaridad que le permitió superar las rivalidades del pasado. Es muy urgente, sobre todo en las circunstancias actuales, que esas rivalidades no recobren fuerza, sino que todos se reconozcan parte de una única familia y se sostengan mutuamente”, ha señalado el Pontífice argentino. Y ha subrayado que “hoy, la Unión Europea se encuentra frente a un desafío histórico, del que dependerá no solo su futuro, sino el del mundo entero”. En un momento en el que Europa es consciente de que se la juega con esta crisis, Francisco ha enviado un mensaje al club comunitario: “Que no pierda la ocasión para demostrar, una vez más, la solidaridad, incluso recurriendo a soluciones innovadoras. Es la única alternativa al egoísmo de los intereses particulares y a la tentación de volver al pasado, con el riesgo de poner a dura prueba la convivencia pacífica y el desarrollo de las próximas generaciones”.

Francisco ha pedido además que a los más necesitados “no les falten los bienes de primera necesidad, más difíciles de conseguir ahora cuando muchos negocios están cerrados, como tampoco los medicamentos y, sobre todo, la posibilidad de una adecuada asistencia sanitaria”. Y sin especificar ningún caso en particular, ha instado, “considerando las circunstancias, a que “se relajen además las sanciones internacionales de los países afectados, que les impiden ofrecer a los propios ciudadanos una ayuda adecuada, y se afronten —por parte de todos los países— las grandes necesidades del momento, reduciendo, o incluso condonando, la deuda que pesa en los presupuestos de aquellos más pobres”. “Este no es el tiempo de la indiferencia”, ha recalcado el Papa.

El Pontífice hizo también un repaso por las crisis y los conflictos abiertos que afligen el mundo. “Este no es tiempo de la división”, destacó, con un llamamiento “a quienes tienen responsabilidades en los conflictos” a que tengan “la valentía” de adherirse al llamamiento por un “alto el fuego global e inmediato en todos los rincones del mundo”. “No es este el momento para seguir fabricando y vendiendo armas, gastando elevadas sumas de dinero que podrían usarse para cuidar personas y salvar vidas”, ha clamado Francisco. Y ha recordado que este puede ser el momento “para poner fin a la larga guerra que ha ensangrentado Siria, al conflicto en Yemen y a las tensiones en Irak, como también en el Líbano”. También ha rezado para que israelíes y palestinos “reanuden el diálogo” y “encuentren una solución estable y duradera que les permita a ambos vivir en paz”, así como que “acaben los sufrimientos de la población que vive en las regiones orientales de Ucrania” y “se terminen los ataques terroristas perpetrados contra tantas personas inocentes en varios países de África”.

Bergoglio también recalcó que “este no es tiempo del olvido” y alentó que la crisis que estamos afrontando “no nos haga dejar de lado a tantas otras situaciones de emergencia que llevan consigo el sufrimiento de muchas personas”. Entre otras, recordó a las poblaciones de Asia y África “que están atravesando graves crisis humanitarias”, como en la Región de Cabo Delgado, en el norte de Mozambique. Y también recordó a las personas refugiadas y “desplazadas a causa de guerras, sequías y carestías” y a los numerosos migrantes y refugiados, niños muchos de ellos, “que viven en condiciones insoportables, especialmente en Libia y en la frontera entre Grecia y Turquía”. También imploró “soluciones prácticas e inmediatas” en Venezuela para “facilitar la ayuda internacional a la población que sufre a causa de la grave coyuntura política, socioeconómica y sanitaria”.

Francisco, como ha hecho en prácticamente todas sus misas las últimas semanas, pidió también por todos los afectados directamente por el coronavirus: “los enfermos, los que han fallecido y las familias que lloran por la muerte de sus seres queridos, y que en algunos casos ni siquiera han podido darles el último adiós”. Y rezó por los ancianos, las personas que están solas, por quienes trabajan en los centros de salud, o viven en los cuarteles y en las cárceles.

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