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El “paciente cero” que inició sin pretenderlo el bulo sobre Pablo ‘Married’

Le llamaremos Marcos. No es su nombre real, pero teme que si publicamos su identidad lo acosen en redes sociales y esta historia acabe perjudicándole profesionalmente. “Es triste y un poco absurdo, pero también lo es lo que ha pasado con la foto”, dice por teléfono. Pues bien, Marcos comparte el ordenador con el que trabaja con sus compañeros de oficina, y el que encendió el pasado miércoles 6 de mayo tenía instalado un traductor de páginas web. Él es español, pero lleva años viviendo en Reino Unido, donde trabaja para un gran medio de comunicación. Mientras arrancaba su jornada laboral, abrió las portadas de los diarios online. Al abrir elpais.com, el traductor detectó que la página estaba en castellano y le ofreció una traducción en inglés. La noticia principal en ese momento era el directo del debate para prorrogar el estado de alarma y su titular anunciaba la abstención del Partido Popular, tras un discurso de gran dureza de Pablo Casado. El traductor le ofreció a Marcos su interpretación: “Married announces the abstention of the PP after a harsh speech against Sánchez”.

El traductor automático interpretó el apellido del líder del PP como married (casado, el estado civil). “Lo vi y me hizo gracia. Así que hice una foto y la envié a uno de mis grupos de WhatsApp, en el que hay unas 30 personas, algunos de ellos periodistas. Se rieron. A los dos minutos me preguntaron si era verdad y se lo expliqué. Pero alguien lo había reenviado ya. Diez o quince minutos después volvieron a preguntar si la foto era mía porque a alguno ya le había llegado por otro sitio”, asegura desde Reino Unido.

La foto que le hizo gracia a Marcos tardó poco más de una hora en convertirse en un bulo ampliamente extendido que acusaba a la versión en inglés de EL PAÍS de traducir así el apellido del político. A su expansión ayudaron políticos y periodistas que compartieron la imagen sin comprobarla y descalificaron al diario. Es un ejemplo de como, una vez enviado, el emisor del mensaje pierde todo el poder de control sobre él.

Encontrar al “paciente cero” de un bulo de internet, como en este caso, es algo excepcional. Lo normal es que nunca sepamos quién lo ha puesto en circulación. Hace unos años existían herramientas que ayudaban a rastrear los mensajes virales en redes sociales y permitían -a veces- desenredar la madeja de hilo en busca del origen. Eso cambió totalmente con la llegada y la popularización de WhatsApp. Los mensajes en esta aplicación se comparten sin dejar rastro del origen. No permiten rastrear quién lo envió primero ni cuántas veces ha sido compartido. Cada vez que alguien reenvía un mensaje, rompe el hilo y la posibilidad de saber quién empezó la cadena. El contexto, como la explicación de Marcos a sus amigos, se pierde por el camino y se convierte en un mensaje manipulable. La madeja se convierte en un amasijo de muchos hilos inconexos.

En el caso de la fotografía de Pablo Married tampoco habríamos llegado hasta el origen si no fuera porque fue ese “paciente cero” quien acudió a nosotros. El pasado jueves 7, después de un día de trabajo, de haber visto cómo el asunto se le había “ido de las manos de una forma tremenda” y con los niños ya acostados, Marcos decidió enviar un mensaje al buzón de las Cartas a la directora de EL PAÍS que reproducimos a continuación:

Les escribo para pedir disculpas, mía es la foto de su portada que ayer miles de personas compartieron como cierta llamando Married a Pablo Casado. Nada más lejos de mi intención. Vivo y trabajo en Inglaterra, ayer al llegar a la oficina abrí su página web y el ordenador automáticamente tradujo al inglés el titular… Era gracioso así que mande la foto a un grupo de WhatsApp. Un chiste como tantos que alivian la situación e incertidumbre actual. Un chiste, pensaba yo, inocente. Mis amigos se rieron y aunque rápidamente les expliqué lo que era… fue tarde, Twitter había puesto su maquinaria a funcionar. Incluso periodistas y políticos, a los que se les presupone más formación y rigor repitieron el mensaje convencidos (y convenciendo) de la torpeza de El País. Más triste me pareció comprobar el odio y desprecio que muchos usuarios desprendían hacia profesionales que en un momento se habían convertido en “inútiles, monos con pistolas, panfleto…”

La libertad [de algunos] para compartir bulos [e insultar] le dan ganas a uno de parar el mundo y bajarse…

Una vez más, mis disculpas.

Además de este mensaje, hemos tenido acceso a la conversación en la que puede verse cómo envió la fotografía a su grupo a las 10.22 (las 11.22 hora peninsular). Repasando la grabación del debate de ese día, se puede comprobar que Santiago Abascal pronunciaba en esos momentos que pueden verse en en la emisión en directo de la portada de EL PAÍS: ”Prohibiendo una manifestación en coches que no suponía ningún tipo de peligro”.

Marcos vio sorprendido cómo el bulo crecía en Twitter, incluso apoyado por personajes públicos. “En el primer momento pensé en responder algún tuit. Yo tengo mi cuenta con pocos seguidores, no escribo y me sigue mi familia y ya. Pero vi que se había convertido en una bola tan grande que daba igual lo que dijera”, asegura. La diputada del PP en la Asamblea de Madrid Almudena Negro y el eurodiputado de Vox y periodista Hermann Tertsch fueron algunos de los que publicaron la imagen sin contrastar y asegurando que esa era la edición en inglés de EL PAÍS. Después de que el equipo de redes sociales de EL PAÍS dedicara buen parte del día a responder a esos mensajes falsos, algunos lo borraron o rectificaron –como Tertsch– pero otros no: el tuit de Negro sigue publicado este miércoles 13 de mayo, una semana después.

Dice que se asustó al ver la reacción de las redes ante su fotografía. “Te da miedo el hecho de ver el odio con el que mucha gente responde. Ese odio absurdo. El problema es que da lo mismo que sea falso o sea cierto. La cuestión es insultar”, opina.

La desinformación por WhatsApp

Marcos es uno de los contactos que estos días se afanan en desmentir las noticias falsas, en parte porque ha recibido formación en su trabajo sobre este tema. “Yo soy el pesado de los grupos”, bromea. Durante la pandemia, WhatsApp ha limitado el reenvío masivo de mensajes para intentar parar la desinformación. La medida solo permite reenviar a un contacto o a un grupo cada vez y ha hecho que la viralidad se reduzca un 70%, según datos de la propia compañía.

“Falta tanta educación… A los más pequeños habrá que enseñarles, porque solo va a ir en aumento. El problema es que algo queda. Porque, aunque haya gente que se retracte y diga que era una broma, se queda la idea”, reflexiona.

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