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El origen del Covid-19

Al igual que el SARS, el SARS-Cov-2 se piensa que es un virus que está habitualmente en murciélagos y que ha saltado a humanos a través de un animal intermediario, o amplificador. Este animal intermediario en el caso del SARS fue la civeta, y en el caso del SARS-Cov-2 se piensa que podría ser el pangolín, aunque no hay certeza de ello. El salto podría haberse producido a través de un animal de consumo humano (ganadería), o por consumo de animales salvajes, algo común en muchos lugares del mundo. En China existen mercados (aunque ahora están prohibidos) donde se venden animales salvajes y cuyo consumo puede transmitir estos virus a humanos. Inicialmente, se pensó que el Sars-Cov-2 podría haberse transmitido a humanos en el mercado de mariscos de Wuhan, en diciembre, porque algunos de los primeros pacientes tenían en común el haber estado en este lugar. Sin embargo, ahora no se descarta que su trasmisión pudo producirse antes, quizás en noviembre.

En el pasado, el salto de virus de murciélagos a humanos ha ocurrido a través de explotaciones ganaderas, como en el caso del virus Hendra en Australia, que saltó de los murciélagos a los caballos, y de ahí a los humanos. Esto podría volver a ocurrir; de hecho, en 2016 murieron 20.000 cerdos en una granja china porque un coronavirus muy parecido al del Covid-19 saltó de murciélagos a cerdos. Por otro lado, en zonas rurales de China, cercanas a los sitios donde viven los murciélagos, sus habitantes tienen anticuerpos contra coronavirus parecidos al Sars-Cov-2, indicando que es relativamente frecuente que estos virus puedan pasar a humanos. No es extraño lo que ha ocurrido con el Covid-19.

¿Por qué los murciélagos?

Los murciélagos tienen cientos de coronavirus muy poco estudiados aún por los humanos. Además, son las especies más abundantes, una de cada cuatro especies de mamíferos es un murciélago. Ya hay siete virus que han saltado de murciélagos a humanos. Algunos de ellos son muy conocidos, como el Ébola en África, el virus Hendra en Australia, el Sars, o el Mers en la Península Arábiga, cuyo intermediario fueron los camellos. Incluso se ha publicado que el SIDA pudo tener como repositorio original a los murciélagos. Estos virus han convivido con murciélagos por millones de años y normalmente no son muy patogénicos para ellos, pero si saltan a una nueva especie, esta no tiene su sistema inmunológico familiarizado con ellos, como los humanos, y pueden ser muy letales.

¿Qué favore el salto?

Una de las causas principales es el consumo de animales salvajes, como fue el caso del SARS con el consumo de civetas, o del SIDA con el consumo de extremidades de chimpancé, que es una tradición iniciática en algunas tribus de África. Jane Goodall, la experta primatóloga en chimpancés y también activista por sus derechos, ha sido una ferviente defensora en contra de la destrucción de los hábitats de estos animales y del consumo de su carne África. El salto de estos virus a humanos también se puede favorecer por los asentamientos cerca de zonas salvajes, algo que está en aumento por la deforestación. Por eso, muchos de los saltos de virus a humanos se producen en zonas intensamente deforestadas, como por ejemplo en Asia. La preocupación actual es que la deforestación que está ocurriendo en la Amazonía favorezca la aparición de nuevas enfermedades. De hecho, la aparición de nuevos patógenos parece estar acelerándose, y un 75% de las nuevas enfermedades que nos han afectado en los últimos 30 años tienen un origen animal. Por lo tanto, no es la primera vez que ocurre una pandemia como la del Covid-19 ni será la última; es algo bastante frecuente.

Aun así, hay gente que prefiere las teorías conspiratorias: desde que el 5G en China ha sido el responsable hasta científicos como Luc Montaigner, que insinúa que el virus Sars-Cov-2 ha sido generado por los humanos, y es una quimera entre un coronavirus y el virus que produce el VIH. Este científico, muy conocido por el descubrimiento del virus del SIDA, ya ha sido sin embargo desmentido por los cientos de trabajos que se han publicado estos meses, en los que se afirma que las secuencias compartidas con el VIH están en muchísimos virus y bacterias, y en muchas especies. En este sentido, la secuenciación de miles de variantes del virus del Covid-19 en pacientes nunca ha mostrado ninguna indicación de que su genoma sea artificial. Un trabajo en la prestigiosa revista Nature Medicine lo desmiente.

El papel de los científicos

Pocas semanas después de que se pensara que la neumonía atípica de Wuhan (como se la conoció al principio) podría estar producida por un nuevo virus, los científicos trabajando en el Instituto de Virología de Wuhan, encabezados por la experta en coronavirus Shi Zengli, ya habían secuenciado el genoma del nuevo virus. Zengli se había formado en Montpellier, donde ya era una experta viróloga. El Centro de Virología de Wuhan dispone de habitaciones P4 para manejo de virus altamente peligrosos. Este centro es fruto de un acuerdo entre los gobiernos de China y Francia tras la epidemia de SARS para combatir nuevas enfermedades infecciosas. Zengli, también llamada ‘Batwoman’ por ser la experta en virus que saltan de murcielagos a humanos, ha aislado y estudiado cientos de coronavirus en su país.

Debemos estar preparados para la siguiente pandemia, pues un virus puede saltar de nuevo a humanos en cualquier momento en zonas de deforestación o donde se consumen animales salvajes

Esta científica fue la primera en secuenciar el genoma del SARS, y ahora ha sido la primera en hacerlo con el del Sars-Cov-2. Esta rapidez ha sido posible porque es una de las mayores expertas del mundo en virus de murciélagos, pero también queda de manifiesto la importancia de la inversión en centros de investigación. Sin este laboratorio se habría tardado mucho más en conocer el virus y en descifrar su genoma y, por lo tanto, estaríamos hablando de muchas más muertes. ¿Si esto hubiese pasado en África o en Brasil, donde no estaban cerca los expertos, qué hubiese ocurrido?

La obtención de genoma del virus y su rápida publicación permitió, de manera inmediata, averiguar su mecanismo de entrada en las células humanas. Se trataba de la proteína ACE2. Aquellas células humanas que expresan más cantidad de ACE2, como las células de los alveolos del pulmón, son también aquellas que más se infectan y, por consiguiente, donde se producen las patologías más severas. En el caso del pulmón, el virus destroza estas células, por lo que pierde su capacidad de funcionamiento; de hecho, en pacientes mayores y con menos capacidad de regeneración de estas células es donde aparecen algunos de sus efectos más severos. En mi grupo en el CNIO estamos estudiando esto actualmente. El hecho de conocer la manera de entrada del virus permite desarrollar tratamientos bloqueantes, y en el CNIO también estamos trabajando en ello.

Pero sabemos ahora que este virus infecta muchas otras células y puede producir patologías en el tracto gastrointestinal (se ha demostrado la existencia en heces y transmisión oral-fecal en niños), en el cerebro, el corazón, el riñón, la piel, etc. Conocer el genoma del virus ha permitido descubrir sus proteínas esenciales, como la replicasa y, por lo tanto, saber cómo bloquearlas. Esto ha hecho que se inicien decenas de ensayos clínicos con fármacos previamente desarrollados para otros virus que comparten características con el Sars-Cov-2.

Conocer el genoma del virus también ha permitido desarrollar de manera rápida los tests de PCR y los test serológicos para diagnosticar a los pacientes. En el CNIO estamos desarrollando un test basado en el genoma del virus y en la polimerasa que descubrió Margarita Salas, que es la más potente para amplificar genomas, algo que permitiría hacer estos tests de PCR en casa y sin necesidad de equipos sofisticados.

Entender el genoma del virus también nos ayuda a conocer cómo se ha diseminado, cómo ha entrado en los países y desde cuándo circula entre nosotros. Un estudio desarrollado en nuestro país, secuenciando el virus de cientos de pacientes, nos indica que entró en España por varios sitios, y que ya circulaba entre la población y se había producido la ‘transmisión comunitaria’ a mediados de febrero. De hecho, los primeros pacientes en España murieron en ese mes.

Los estudios también nos dicen algo tranquilizador: el virus parece no mutar mucho, lo cual descarta que puedan surgir cepas mucho más virulentas. Seguramente el virus no muta mucho porque ya es extremadamente eficiente. Finalmente, el aislamiento del virus y el conocimiento de su naturaleza ha permitidos desarrollar las primeras vacunas. Hace unas semanas, científicos chinos publicaron en The Lancet que su vacuna era capaz de producir defensas en los pacientes y que tenía una buena tolerancia.

La coordinación de científicos de todo el mundo nos está permitiendo conocer este virus y la enfermedad que produce, y se han salvado muchas vidas. Algo muy diferente ocurrió en la gripe del 1918-19, también conocida como ‘gripe española’. Esta patología se originó en Estados Unidos y se diseminó por todo el mundo, principalmente a través de los soldados americanos que participaron en la Primera Guerra Mundial. Entonces, no se sabía qué germen producía la gripe; se pensó durante mucho tiempo que era una bacteria, pero los científicos -algunos de los más importantes, mujeres como la doctora Anna Williams en la New York University- que la estudiaban aplicando los principios de Koch (para demostrar que un germen produce la enfermedad hay que aislarlo, ponerlo en un organismo y reproducir la enfermedad), vieron que no era.

Hasta los años treinta no se aisló el virus de la gripe, y sólo recientemente hemos sabido que la famosa ‘gripe española’ estaba producida por el virus de la gripe A–H1N1. Ese desconocimiento causó al menos 40 millones de muertes en el mundo. Curiosamente, a pesar de la distancia histórica, hay algunas similitudes entre ambas pandemias: el negacionismo por parte de algunos dirigentes –el alcalde de Filadelfia no impuso la distancia social en el caso de la ‘gripe española’, permitiendo eventos multitudinarios y por eso fue una de las ciudades con más muertos de Estados Unidos-, y el papel de ciertos medios de comunicación afirmando que era una simple gripe o catarro, además de distintos bulos que han situado en eventos esotéricos su origen.

Futuro

Hemos aprendido algunas cosas. Una de las más importantes es que la ciencia y los científicos funcionan y responden rápido. Esto es algo que hay que potenciar en nuestro país y en el mundo. Obviamente, los países han de estar preparados para la siguiente pandemia, pues los virus como el Sars-Cov-2 pueden volver a saltar a humanos en cualquier momento en las zonas donde se produce la deforestación o se consumen animales salvajes, y a través de las personas infectadas pueden viajar en avión y expandirse muy rápido por todo el mundo.

* María Blasco es directora del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) y patrona de la Fundación Alternativas

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