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El negocio creciente del placer femenino

Bijoux Indiscrets diseña y vende geles de masaje, en la imagen.Bijoux Indiscrets diseña y vende geles de masaje, en la imagen.

En los últimos años, el consumo de productos eróticos se cifra en algo más de 27.000 millones de euros en todo el mundo, de los que 500 millones se generan en España, según datos provisionales de 2019 de Statista. Un guarismo que ha crecido progresivamente debido a factores como la reinvención de las tiendas físicas, que han dejado a un lado las antiguas cabinas pornográficas para ofrecer productos más cuidados, el ascenso de la venta online, las reuniones de Tuppersex y, más recientemente, la irrupción de productos como el Satisfyer.

También el perfil del consumidor ha cambiado. Hasta hace poco, los hombres eran absolutos protagonistas de este sector, pero parece que ahora son las mujeres las que han tomado el relevo. Un contexto que hoy parece favorecer a este sector pero que en 2006, año de fundación de Bijoux Indiscrets, era radicalmente distinto.

Dos mujeres, Elsa Viegas, diseñadora gráfica y Marta Aguiar, directora de cuentas en una agencia de comunicación, fueron en ese año de viaje a Inglaterra, donde se toparon con una tienda de productos eróticos que les pareció muy agradable visualmente, pero con precios desorbitados. A su vuelta tuvieron la inquietud de montar un establecimiento en Barcelona a imagen de la tienda inglesa, aunque con precios más asequibles y con productos destinados a la mujer. Pero el plan naufragó. “Los costes se disparaban y nosotras no teníamos dinero para afrontar este reto. Además, buscamos proveedores y no encontramos”, afirma Aguiar.

Así que la primera idea para Bijoux Indiscrets dio paso a una segunda. Decidieron diseñar, fabricar y vender un producto propio que consistía en unas cajas con diferentes experiencias eróticas para compartir y que lanzaron a un precio de 50 euros (desde una sesión erótica de fotografía en pareja hasta una actividad que consistía en pintar el cuerpo con chocolate). El intento, en principio, también hizo aguas. “El mercado no estaba preparado y la competencia que venía de Asia tiraba los precios”. No fue hasta 2007 y tras la participación en una feria en París en la que el negocio tomó otro rumbo. “Allí empezamos a vender las cajas de experiencias, pero vimos que necesitábamos reformular los productos con explicaciones más sencillas y con accesorios más baratos y simples”, apunta Aguiar. Un crédito de 35.000 euros les brindó esta oportunidad, que les hizo incrementar las ventas, sobre todo a partir de 2009 con la explosión de las reuniones Tuppersex. Unas reuniones que ahora viven un nuevo tiempo de gloria, tras pasar por unos años poco activas, y que, junto con el boom del famoso Satis­fyer, favorecen (y mucho) las ventas de productos eróticos. Aguiar piensa que este accesorio “ha hecho que alguien que no compraría nunca un producto erótico lo pruebe y además lo adquiera. A mi socia y a mí nos parece genial, porque ha animado el consumo”.

Sin apoyo externo

Sus 17 empleados diseñan y venden accesorios y cosmética erótica que producen entre Asia y España. “La industria erótica es muy joven. No hay categorización de productos y el etiquetado no suele ser bueno. Por eso apostamos por artículos más cuidados, mejor explicados y también más sostenibles”, señala Aguiar.

Nunca han acudido a rondas de financiación, “ni tampoco las buscamos”, señala. Durante 2017, su facturación ascendió a casi tres millones de euros con unos beneficios cercanos a los 350.000. Unas cifras que tuvieron respaldo por su colaboración con una empresa alemana en la realización de un calendario de adviento (el tradicional juego navideño en el que cada día se levanta una pestaña y debajo suele haber un chocolate), pero de productos eróticos. “Participamos con productos en dos casillas: una incluía un bálsamo clitoriano y, otra, una pintura corporal de sabores. Se vendieron más de 200.000 unidades”.

En 2018, la facturación se redujo ligeramente, con una cifra de 2,2 millones y un beneficio de 15.000 euros. Repitieron colaboración para un calendario suizo que tuvo menos repercusión, con 25.000 unidades vendidas, “una cifra que se notó en los números”. Este año repetirán ambas experiencias.

Sus ventas se reparten entre tiendas físicas de terceros y online en diferentes webs. El 75% de su caja llega desde fuera, sobre todo de Alemania, Francia o Estados Unidos. Ahora han abierto mercado en Arabia Saudí y Kuwait, aunque parezca paradójico. “Los productos como los geles de masaje parecen un perfume, así que pasan inadvertidos y no ponen problemas”, argumenta.

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