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El mundo pende de un hilo

“El mundo pende de un hilo”, cantaba Rafael Berrio, que nos ha dejado esta semana, y al escuchar esa canción ahora es difícil no pensar en la pandemia de la Covid-19, que ya ha matado a más de 10.000 personas en España. Estamos en la política de la vida y la muerte, y dilemas morales que parecían teóricos o indirectos ahora son prácticos y acuciantes. El cálculo que preferiríamos no hacer resulta más inevitable que nunca, en hospitales sobrecargados con personal sanitario expuesto, en Gobiernos que deben atender a la lucha contra la enfermedad y la parálisis económica.

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“De un hilo pende el mundo; lo atroz y lo bello, lo noble y lo vil”: si se dice que la globalización es compresión de tiempo y espacio, las medidas para aplanar la curva detienen parte de esa tendencia. El distanciamiento y los efectos muestran cómo estamos conectados. Se observa un creciente cansancio, y quizá esa fatiga aumente cuando el confinamiento se prolongue, ayudada por los durísimos efectos económicos. Hay ramalazos de autoritarismo cotilla y hemos visto excesos de celo policiales. También hay un gran espíritu cívico y colaborativo: 47 millones de ciudadanos se han quedado en su casa porque se lo ha pedido el Gobierno y porque pensaban que era necesario para la salud de todos. Hay muchos ejemplos de comportamientos altruistas y asociativos.

Las circunstancias excepcionales y el estado de alarma no deberían eximir al Gobierno de ser más claro en sus explicaciones. Otros partidos, agentes sociales y autoridades autonómicas le han reprochado su unilateralismo: como decía este periódico, “el Gobierno no puede reclamar unidad sin ofrecer información e, incluso, corresponsabilidad en las decisiones”. El mecanismo del decreto ley y la falta de sesiones de control al Gobierno quitan protagonismo al Parlamento. También resulta inquietante que se filtren las preguntas de los periodistas en las ruedas de prensa. Tras la protesta de los profesionales, la Secretaría de Estado de Comunicación ha hablado de las dificultades para encontrar un método adecuado. A ver si alguna empresa inventa algo para eso del teletrabajo. Entretanto, hemos pasado en poco tiempo de exigir negociaciones en streaming a permitir que la institución escoja qué preguntas se le pueden hacer. La emergencia que nos afecta a todos no debe viciar los mecanismos constitucionales ni entorpecer el acceso a la información por parte de los ciudadanos.@gascondaniel

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