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El móvil avisa: “Has estado en contacto con alguien positivo de coronavirus”

Suena el móvil. Aparece una alerta: “Has estado en contacto con alguien positivo de coronavirus, pide las pruebas y aíslate hasta saber el resultado”. Un mensaje parecido a este puede estar circulando pronto por los teléfonos españoles. Los países europeos tienen cada vez más claro que alguna aplicación que permita el rastreo de casos va a ser una herramienta importante para controlar la epidemia una vez que podamos salir a la calle.

La Secretaría de Estado de Inteligencia Artificial anunció el lunes su participación en un proyecto europeo originado en Alemania llamado PEPP (siglas en inglés de Rastreo Paneuropeo de Proximidad para Preservar la Privacidad). “Apostamos por una App única europea. Solo logrando la interoperabilidad entre países podrá garantizarse una trazabilidad que asegure el intercambio de datos anónimos en la lucha contra el Covid-19”, dijo su responsable, Carme Artigas.

El funcionamiento, a grandes rasgos, es el siguiente: cuando una persona sabe que se ha infectado lo notifica en una App que, mediante Bluetooth, ha estado activa archivando todos los móviles con los que la persona ha tenido un contacto estrecho, como haber mantenido una distancia inferior a dos metros durante al menos cinco o 10 minutos (no está claro cuáles serían los parámetros exactos). A todos ellos le saltaría la alarma para avisarle de que se hagan las pruebas. A partir de aquí, faltan por concretar muchos detalles, que dependerán tanto de la solución tecnológica que se use como de hasta qué punto los gobiernos decidan hacer obligatorio el uso y el reporte a estas aplicaciones.

Apple y Google ya se han puesto a trabajar juntos en una colaboración inédita para facilitar este protocolo global. La idea es que cada país elija una App, la ponga a disposición de los gigantes tecnológicos, que en España dominan el 99% del mercado, para que una actualización del sistema operativo la instale, en principio, siempre con permiso del usuario, pero sin necesidad de proactividad de este: no tendría que ir a buscarla. En España, fuentes de la Secretaría de Estado de Inteligencia Artificial dicen que estarán a punto cuando Sanidad les pida esta solución: “Tendremos la tecnología lista para lo que haga falta. Estamos observando activamente y preparados para facilitar todas las opciones tecnológicas que las autoridades sanitarias decidan o no poner en marcha”. Por ahora, no hay en marcha ningún plan concreto, admiten.

El día en que España apueste por una App, deberá contar con la iniciativa privada: “El gobierno no tiene desarrolladores”, advierten estas fuentes. La mirada está puesta en los países asiáticos, sobre todo en Singapur, que es la que ha desarrollado el modelo más parecido al que se estudia implantar en Europa. Helena Legido-Quigley investigadora, entre otras, de la Universidad Nacional de Singapur, explica que estas soluciones pueden ser muy útiles: “Se trata de automatizar lo que este país ya había hecho con mucho éxito al principio de la epidemia de forma manual: trazar los contactos. Pero dependerá mucho de la voluntariedad y la cooperación de los ciudadanos. En Asia tienen un espíritu más colectivista que quizás hace más fácil que la gente ceda este tipo de datos para controlar una epidemia que en Europa”. Todavía es pronto, explica Legido-Quigley, para evaluar el resultado que ha tenido, si bien el país ha tenido que recurrir al confinamiento desde el 7 de abril tras una tercera ola de infecciones del coronavirus.

Este tipo de rastreo no es, pues, una solución mágica ni está claro que funcione. Pero en las últimas semanas se ha visto crecientemente como la única gran alternativa tecnológica. Si las dos compañías que controlan la mayoría de móviles del mundo la introducen sabremos que se usará ahora para combatir la pandemia, pero no si más adelante le encuentran otros usos menos constructivos. Apple y Google insisten en que lo desmantelarán una vez pase la pandemia. La idea abre todo tipo de debates éticos y legales.

Itziar de Lecuona, del departamento de Bioética de la Universidad de Barcelona, cree que las aplicaciones pueden ser una solución “tremendamente invasiva, en derechos fundamentales, en intimidad y en privacidad”. “Se va a manejar una información muy sensible y no hay un sistema 100% seguro. El debate es qué tipo de aplicación habrá, pero yo cuestiono si realmente la solución tiene que pasar por ahí”, argumenta. De usarse, ella defiende una mínimamente invasiva, que tenga previamente definido qué se va a controlar, a quién, durante cuánto tiempo y por qué. “¿No sería más lógico primero generalizar los test y avanzar a partir de ahí?”, se pregunta.

Eduardo Manchón, fundador de Mailtrack y Panoramio (comprada por Google) y asesor de digital, reconoce que en tecnología el rastro cero es imposible, pero asegura que existen soluciones que darían mucha seguridad y que la privacidad de los usuarios no tiene por qué estar comprometida. “Cuando pones a hablar a los móviles mediante Bluetooth, pueden hacerlo a través de códigos en los que ni siquiera esté identificado el usuario. Y la información se puede quedar en cada dispositivo, ni siquiera tiene por qué estar almacenada en un servidor”, explica. Si en la arquitectura que se implemente, los Gobiernos pudieran acceder a los datos, las medidas que se tomen con ellos dependerán de cada uno: “Pueden desde enviar un dron a decirle al enfermo que tiene que confinarse obligatoriamente, en el caso más extremo, hasta dejarlo a la voluntad de cada uno, asumiendo su propia responsabilidad, que creo que será lo que se haga en Europa, donde hay mucha preocupación por la privacidad”, añade. En cualquier caso, no cree que haya motivos éticos para no utilizar las aplicaciones móviles que, asegura, pueden ser un aliado contra el coronavirus no más invasivas en la intimidad que muchas otras acciones que los gobiernos tienen a la mano.

Andrés Torrubia, emprendedor y experto en inteligencia artificial señala que lo que está por ver es hasta qué punto funcionan. “Hay que calibrarlas muy bien para que no estén mandando alertas constantemente, si es así no servirían de nada. También hay que tener en cuenta que hay gente que puede querer engañar al sistema para provocar fallos. Todo esto me parece más relevante que la seguridad, que es de lo que más se habla. No hay nada infalible, pero sí puede haber soluciones razonablemente seguras. Pero primero antes de lanzarlas habría que hacer prototipos para comprobar si son realmente útiles”, opina.

España va a la zaga de otros países, que ya han anunciado su propósito de poner en marca estas soluciones. En Alemania hace semanas que políticos y científicos hablan de la puesta en marcha de una App de este tipo, como instrumento clave en la fase posterior a la del aislamiento. La idea es que se ponga en marcha en las próximas semanas, pero en cualquier caso, deberá ser de uso voluntario por parte de los ciudadanos, para cumplir así con las leyes de protección de datos. La aplicación en la que trabaja Francia se llama StopCovid. Tal como aseguró el presidente, Emmanuel Macron, el lunes, su instalación en el teléfono será “voluntaria” y garantizará el “anonimato”. El Gobierno italiano, por su parte, también ha anunciado que una app de este tipo servirá como base para poner en marcha el desconfinamiento. Hasta la fecha, el Ejecutivo ha recibido ya 300 propuestas de empresas tecnológicas para desarrollarla. El Gobierno del Reino Unido ya está realizando ensayos con una aplicación que permitirá a los usuarios alertar al Servicio Nacional de Salud (NHS, en sus siglas en inglés) si creen que tienen síntomas de la covid-19, según anunció este domingo el ministro de Sanidad, Matt Hancock. “Toda la información se manejará bajo las normas éticas y de seguridad más estrictas, solo estará a disposición del NHS y no se almacenará más allá del tiempo necesario”, aseguró Hancock.

Antes que cualquier App, y para que estas sean de alguna ayuda, la base son los test. Que haya suficientes para que cualquier persona con síntomas leves, o incluso sin ellos (y sea contacto directo) pueda saber si está enferma. Y, en España, todavía no hay suficiente capacidad.

Con información de Rafa de Miguel, Silvia Ayuso, Daniel Verdú y Ana Carbajosa.

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