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El misterio del secuestro en el caserío abandonado

Imagen del caserío donde el arrestado retenía a la mujer en Villabona (Gipuzkoa)Imagen del caserío donde el arrestado retenía a la mujer en Villabona (Gipuzkoa)Javier Hernández

El lugar invita a la sospecha. Un inmenso caserío de piedra se alza con sus tres pisos entre un amplio terreno descuidado y cercado por una valla verde a las afueras de Villabona (Gipuzkoa). El acceso, por un camino de tierra, está encharcado y solo se escucha el trinar de los pájaros y las aguas de un riachuelo alimentado por las lluvias de la tarde. Una luz se atisba tras una de las ventanas abiertas de aquellos antiguos estudios discográficos hoy abandonados. La Ertzaintza detuvo este lunes a un hombre por haber retenido a una mujer durante semanas en ese caserón que okupa con su hijo pequeño.

Las pesquisas comenzaron cuando la secuestrada consiguió hacerse con su teléfono móvil y avisar a su familia de que un hombre la encerraba contra su voluntad. Una vecina, que pide anonimato, la define como una chica “joven y guapa”. Los policías informaron de que el hombre, de 41 años y que según los locales no era de Villabona, donde “nos conocemos todos”, la atrajo tras contactar con ella el año pasado bajo la promesa de trabajar cuidando de su hijo para obtener así documentación e ingresos. La mujer llegó en marzo y desde entonces supuestamente la había raptado bajo amenazas de muerte si alertaba de la situación o llamaba a la Policía. Solo cuando el captor se despistó pudo avisar a su familia y destaparlo todo. Sin embargo, apenas han transcurrido unos días y el arrestado ha quedado libre porque, según fuentes policiales, la secuestrada no ha presentado denuncia sobre lo acontecido. Fuentes del departamento de Seguridad del Gobierno vasco confirman que ha quedado en libertad con cargos. Los vecinos han notificado al Ayuntamiento que esta persona, este sábado por la mañana, iba “murmurando de que se han dicho cosas de él” y que merecen “un escopetazo”.

Un agente asegura que al varón, de mediana estatura, fibroso y de pelo corto y canoso, ya lo tienen “fichado” por delitos menores en Villabona (casi 6.000 habitantes). Un hombre que camina por esas calles semivacías bajo la lluvia explica que también ha cometido algún hurto sobre ancianos. La noticia ha sorprendido a los villabonatarras que acostumbraban a verlo tomando cafés por la zona de Arroa y con “malas compañías” de la localidad. Una mujer que juega con sus dos hijas junto al Ayuntamiento relata que era “un tío un poco raro” porque mantenía “conversaciones subidas de tono” siempre junto al niño, de unos ocho años, y escolarizado en la localidad. La plataforma feminista del lugar pidió que los aplausos de este viernes por la tarde se acompañaran de una cacerolada y se colocaran prendas moradas en los balcones, para reivindicar la lucha contra las agresiones machistas. El Consistorio ha condenado el caso y la Diputación gipuzkoana ha ofrecido “todo su apoyo a la víctima de este caso de violencia machista”.

La imprecisión de la pista, apenas un mensaje por teléfono móvil, dificultó que la Ertzaintza concluyera que la joven permanecía retenida en ese edificio, conocido como caserío Extezarreta. La brigada de Investigación Criminal Central la ubicó en Villabona y comenzaron la búsqueda con el apoyo de recursos de Hernani. Los agentes, por fin, identificaron al sospechoso en esos caminos de Amasa y comenzaron a vigilar el caserío hasta que el pasado lunes vieron cómo el individuo salía de la finca en coche. Lo detuvieron en cuanto puso un pie en el suelo del centro del municipio y descubrieron que la mujer también se encontraba en el vehículo.

El inmueble, al que se llega por una estrecha carretera que deja al lado de un hotel de perros enclavado entre la naturaleza, perteneció a la discográfica IZ y permitía que los músicos pudieran retirarse varios días sin que nadie los molestara. Un hombre que lo construyó, que pasea por la zona, lo define como un lugar amplio y “fenomenal” que desde su abandono ha quedado destartalado.

Una mujer que reside en las proximidades, que evita decir su nombre, explica que el detenido “es una persona agradable” y que se saludaban y se ofrecían aquello que pudiera necesitar. Ahora bien, matiza, en ese caserón no solo vivían padre e hijo: recibía habituales visitas y se veía a varias personas o coches. Los agentes, prosigue, habían multiplicado su presencia en la zona en las últimas fechas hasta que finalmente fue detenido. Ella misma, confía, vio a la secuestrada tanto en el coche del varón como caminando por la zona, eso sí, siempre junto a él. “Me extraña que no aprovechara esos momentos para pedir socorro o gritar”, admite, aunque todo se supedita a las amenazas que ha mencionado la Ertzaintza. Ahí está el misterio. La habían visto “tres o cuatro veces” paseando junto al arrestado por ese pueblo aún sorprendido por aquella detención frente al supermercado y la posterior liberación de alguien acusado de retener a otra en un caserón abandonado donde nadie sabe lo que pasa.

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