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El hombre que mantiene vivo a Abba casi 40 años después

“Lo curioso es que jamás se nos acercó nadie a ofrecernos drogas. Nunca vino un tipo y nos dijo: ‘Hey, tengo material muy bueno’. No sucedió, ni siquiera estando de gira”. Así recordaba hace cinco años en una entrevista concedida al rotativo británico The Guardian su tránsito por los locos años setenta como miembro de una de las más rutilantes estrellas del pop Björn Ulvaeus. El de la barba de Abba, para entendernos. Tal vez por eso no solo acaba de cumplir 75 años, que ya es un hito para alguien que vivió aquellos años de locura, sino que además parece que apenas tiene 50. “Cuando no estábamos de gira, estábamos en casa. Para vendernos drogas deberían haber tenido que llamar a la puerta”, concluía en aquella misma entrevista Anni-Frid Lyngstad, la morena, la que estaba casada con el rubio, Benny Anderson, el que sí tuvo problemas con el alcohol hasta entrado el siglo XXI. La historia personal de los componentes de Abba, como se ve, puede narrarse como un culebrón.

Björn, quien también estuvo casado con la otra componente del cuarteto, Agnetha Faltskog (la rubia), puede jactarse de haber llegado sano, salvo, profundamente productivo y, sobre todo, sin ninguna de las taras que se le podrían suponer a alguien que ha vendido más de 400 millones de discos. Por eso, tal vez, el sueco lleva dos años flirteando con la idea del retorno de la banda —que se separó en 1982, hace ya 38 años—, además de ser el responsable de Session, una aplicación creada para que se reconozca el trabajo de los músicos que participan en las grabaciones.

En el desarrollo de la aplicación ha participado Max Martin, compositor también sueco con más números uno que Lennon y McCartney. La idea es que quien vaya a participar en una grabación, active la aplicación al llegar al estudio. Esta registrará lo que él toque y se guardarán los datos, que serán accesibles cuando se reproduzca ese tema en streaming. La idea es que el trabajo del músico no solo esté correctamente acreditado, sino también que si alguien, por ejemplo, busca batería y escucha uno que le gusta en un tema, sepa quién es y pueda contactarle. “Siempre he pensado que nuestra industria es muy opaca debido a lo compleja que resulta. Hubiera preferido que fuera más transparente”, declaraba Ulvaeus a Financial Times coincidiendo con el anuncio de la creación de Session. Como ejemplo de caso de músico no acreditado, el sueco puso a Ola Brunkert, el tipo que tocaba los tambores en el clásico de Abba de 1975, Fernando, y que jamás apareció acreditado por su trabajo.

La pasión por la tecnología de este señor nacido en Gotemburgo en 1945 y que antes de triunfar con Abba logró un enorme reconocimiento en su Suecia natal como miembro del grupo de folk Hootenanny Singers ha sido siempre enorme. Ulvaeus reconoce que durante sus años en Abba se obsesionó con adquirir todos los nuevos sintetizadores que iban a apareciendo en el mercado. Cuando en 2006 atracaron a su hijo, el autor de Waterloo se convirtió en el portavoz no oficial de un movimiento que reclamaba que Suecia se convirtiera en el primer país del mundo en abolir el dinero en efectivo. Según él, a estas alturas, lo único para lo que realmente eran indispensables billetes y monedas era para comprar y vender en el mercado negro. Firmó un manifiesto que envió al gobierno de su país y convirtió el Museo de Abba en Estocolmo en un espacio en el que no se aceptaba efectivo. Si se encuentra usted en la capital sueca y necesita cambio para una chocolatina o para tabaco, ya sabe dónde no ir.

Ulvaeus también es el responsable de Abba Avatar, una suerte de gira virtual en que los miembros de Abba se presentan en forma de hologramas que se anunció en 2018 y cuyo debut debía incidir con el lanzamiento de temas nuevos del grupo. “Es increíble. Oyes nuestras voces y nos ves cantar, pero no somos nosotros. La verdad es que da bastante miedo, ahora que lo pienso”, comentaba el músico al respecto del proyecto. A finales de febrero de este año, Ulvaeus anunciaba que los temas aún no estaban del todo listos y que, además, estaba costando más de lo previsto grabar el vídeo con los Abbatars, desmintiendo así la idea de que lo mejor de trabajar con hologramas es que jamás dan ningún problema, no llegan tarde y borrachos a los rodajes y no hay que invertir dinero en catering, transportes o drogas.

Un mes después, ya con una parte considerable del planeta en cuarentena debido a la pandemia del coronavirus, y siguiendo la forma en que Suecia ha tratado este tema, confirmó que los temas se editarían este año y que el grupo tenía previsto meterse de nuevo en el estudio. “Las canciones están acabadas cuando cada nota está en su sitio, y no me refiero solo al estribillo”, declaraba a una radio sueca. Con tantas trabas, cualquier otro se hubiera dado a la drogas. Ulvaeus, ya se sabe, no.

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