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El gobernador de Nairobi ‘bañado’ en oro que reparte coñac contra el coronavirus

Con una máscara de plástico cubriendo toda la cara, una mascarilla reutilizable debajo, gorra, una camiseta de la exclusiva marca Kenzo y una chaqueta deportiva. Así se presentó el estrafalario gobernador de Nairobi (Kenia), Mike Sonko, hace unos días, para explicar cómo está repartiendo elementos de primera necesidad entre sus ciudadanos. Entre estos productos básicos estaba el coñac que, según él, ayuda a luchar contra el coronavirus. Para hacer esta grotesca afirmación se basó en supuestas evidencias apoyadas por la Organización Mundial de la Salud.

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Habituados a sus salidas de todo, los desmentidos se multiplicaron. En cuestión de horas, el Gobierno del país y el propio fabricante de las bebidas que había distribuido como antídoto contra la Covid-19, reprendieron al gobernador de las cadenas y anillos de oro por propagar semejante bulo. La empresa emitió un comunicado en el que especificaba: “El consumo de nuestra marca o cualquier otra bebida alcohólica no protege contra el virus”. La firma aprovechó para instar a la población a seguir las medidas de protección reales: lavarse las manos con jabón con frecuencia.

Los bulos también pueden provocar muertes, por eso, que provengan de un representante público con miles de seguidores en sus redes es especialmente peligroso. La Organización Mundial de la Salud (OMS) advirtió de la “infodemia” que que acompaña a la verdadera pandemia. Los rumores, la desinformación y las noticias falsas representaban una amenaza tan grande como el propio virus. En Kenia había hasta este miércoles 303 casos confirmados y 13 fallecidos.

Cada país tiene su propio Trump y Mike Sonko cumple todos los requisitos para ganarse el título. Populista, con la sombra de la corrupción sobre su cabeza, famoso por su hortera opulencia y por decir lo primero que se le pasa por la cabeza. Hace diez años se vio involucrado junto a otros cinco dirigentes kenianos en una red de narcotráfico y hace solo unos meses una cámara grabó cómo soltaba un sopapo a un periodista incómodo. Un currículum al que no le falta de nada.

Su actuación durante la crisis sanitaria del coronavirus ha supuesto su escaparate perfecto para sus estravagancias. Desde visitar a una niña enferma con una vistosa camisa de Versace, hasta repartir geles limpiadores de manos con su cara y su nombre en la etiqueta. Cuenta con su propia ONG, Sonko Rescue Team, cuyos miembros fumigan y reparten alimentos estos días enfundados en chandals y monos con el nombre del gobernados estampado.

Detenido mientras escapaba

En diciembre fue detenido acusado de lavado de dinero y apropiación indebida. “Investigar estos crímenes ha sido un reto por los intentos continuados de los acusados de obstaculizar mediante tácticas de intimidación. Los acusados pusieron sus intereses por encima de los de los ciudadanos de Nairobi y esto es un abuso de la confianza pública”, expresó el fiscal Noordin Haji. La agencia que se encarga de combatir la corrupción en Kenia publicó en Twitter que cuando lo detuvieron, Sonko estaba tratando de escapar. Unos días después de su detención pagó la fianza para salir a la calle. La fecha para el juicio aún no está fijada.

Hace diez años se vio involucrado junto a otros cinco dirigentes kenianos en una red de narcotráfico y hace solo unos meses una cámara grabó cómo soltaba un sopapo a un periodista incómodo

Famosa es también la sesión de fotos que colgó en su página de Facebook, su gran altavoz al mundo, en la que se le ve en su palacete de estrafalaria decoración. El elenco de objetos dorados que se pueden encontrar en la habitación en la que aparece sobrepasan la media aceptable de oro en una misma estancia: 15 sillas, un leon y un caballo, un reloj de pie y otro de pared y una alargada y resplandeciente mesa. Lo peor de todo es que colgó estas imágenes en un mensaje en el que indicaba los números de emergencias a los que los ciudadanos podían dirigirse justo después de las terribles inundaciones que afectaron a Nairobi a finales del año pasado.

“Aparte de los asientos dorados; ¿qué más has hecho para evitar las inundaciones en Nairobi?”, le pregunta una usuaria. “Disfrutando de la vida de lujo, sin embargo, las personas que votaron por ti viven una vida miserable y patética, ¡qué vergüenza!”, escribe otro. El problema de presumir de extravagancia, más allá de la estética, es que en el país, de 51 millones de habitantes, hay 17 millones de pobres.

Las críticas no van con él. El pasado agosto celebró sus dos años en el cargo con una canción, con videoclip incluido, en el que se le ve bailando en el despacho oficial. “En lugar de gastar el dinero de millones de contribuyentes en grandes fiestas y publicidad, he decidido celebrar mis dos años en el cargo con estilo”, explicó él mismo en su cuenta de Facebook. La pieza es una auténtica oda audiovisual a las proezas del gobernador. “Lo celebraré en un club privado con mi gabinete y directores generales”, añadió. (Las imágenes de esa celebración se pueden ver en el vídeo superior). No se le puede acusar de no ir con la verdad por delante.

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