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El fracaso del mayor sistema de salud pública del mundo

“Estamos en la primera línea de acción contra el coronavirus, pero solo después de la presión mediática tenemos material de protección en Bombay. La situación es mucho peor en ciudades más pequeñas”, cuenta por teléfono la doctora Swait Rane, presidenta de la Sociedad de la Enfermería Clínica en la capital financiera de India. El país asiático ha sobrepasado los 3.500 contagios y las 100 muertes, aunque expertos critican la correlación entre los datos oficiales y sus casi 1.300 millones de habitantes, por falta de tests.

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Desde que empezó el confinamiento del segundo país más poblado del mundo, se han registrado ataques a médicos y enfermeras por la ignorancia y el miedo de la comunidad local mientras se colapsa su ya débil sanidad. “Este Gobierno ha desatendido la sanidad pública y la atención primaria, lo que agrava el impacto de la epidemia”, explica Harjeet S. Bhatti, doctor en un hospital privado de Nueva Delhi que ejerció en el reputado Instituto de Ciencias Médicas (AIIMS). Autoridades de la capital india rechazaron la semana pasada la renuncia de doctores que quisieron dimitir por falta de equipos de protección ante la covid-19, según medios locales.

“Los gobiernos regionales han tenido que hacerse cargo de hospitales privados en los estados de Rajastán, Chhattisgarh y Andhra Pradesh, lo que demuestra el fracaso de las políticas del Gobierno que han incentivado el servicio privado”, señala el doctor Amar Jesani, uno de los fundadores del Foro por la Sociedad de Medicina Ética.

En 2018, India anunció su Plan Insignia de Protección Sanitaria (PMJAY, en hindi) para dar cobertura al 40% de la población (500 millones de personas) y abarcar a 100 millones de hogares vulnerables del país; segundo del mundo con más gente viviendo por debajo del umbral de la pobreza (96,7 millones) solo por detrás de Nigeria. Apodado con el nombre del Primer Ministro, el Modicare, el plan aumentaba en un 15% la inversión en el sector; anunciándose como el programa de salud pública más grande del mundo. Pero un análisis detallado del gasto y su eficacia demuestra, según expertos y activistas, el impacto relativo de la medida y el desamparo de la sanidad en el país asiático.

Desde Bombay, Jesani ha criticado el programa que el actual ejecutivo indio inició hace dos años con el objetivo de reforzar el sector de la salud. “El plan prioriza los servicios secundarios y terciarios. Pero es la atención primaria la que forma el primer nivel de ayuda a pacientes así como la espina dorsal de los servicios comunitarios”. El experto hace referencia a la punta de lanza de la sanidad, desatendida desde hace años y ahora dique de contención de los casos de infección por covid-19 que se extienden por India.

Precariedad del sistema público de salud

A finales de diciembre del año pasado, más de cien niños murieron en un hospital público de Kota, un pueblo en el Estado de Rajastán, 400 kilómetros al suroeste de Nueva Delhi, capital india. El Ministerio de Salud envió expertos y el Supremo investigó lo ocurrido mientras el gobierno regional dijo haber facilitado sus mejores servicios. Ya entonces, fuentes del departamento de salud criticaron la falta de personal y la escasez de equipos básicos como bombas de infusión o nebulizadores; de los que un 70% no funcionaban. Es decir, déficit de recursos en el sistema público de salud. O lo que los profesionales médicos del país llaman business as usual y a lo que las familias indias refieren como ye to hota hi hai. Lo de siempre.

Cuando no son más de medio centenar de cadáveres de infantes en un hospital de una región subdesarrollada —en el estado de Uttar Pradesh en 2017— son otros tantos fallecidos por enfermedades prevenibles. Como si fuesen víctimas de desastres naturales, los muertos por afecciones médicas curables son una constante en India. Aunque la mortandad infantil y materna decrecen, sus estadísticas siguen lejos de los objetivos de desarrollo sostenible y, en ocasiones, son más altas que en países vecinos. Su inversión pública en salud tras décadas de democracia es un 1,28% del PIB (la media global es del 3,5%), pero el Gobierno de India se atreve a prometer que duplicará este gasto para 2025. Mientras, los tratamientos se encarecen y el Ejecutivo opta por un nuevo sistema de subsidios, tan comunes en el país.

Estamos en la primera línea de acción contra el coronavirus pero solo después de la presión mediática tenemos material de protección en Bombay. La situación es mucho peor en ciudades más pequeñas

El plan Modicare concede 6.300 euros anuales por familia para el tratamiento de enfermedades graves, que solo cubre los costes de tratamiento y hospitalización pero deja sin asegurar los gastos menores de medicación y diagnóstico, desde donde se atajan mejor los problemas médicos. “Si hay muchos accidentes de coche, está bien que el Gobierno compense a las familias, pero ese no es el remedio. El problema depende, sobre todo, de la mala situación de las carreteras”, razona Sanjay Nagral, reputado cirujano de Bombay asociado con el Diario de Medicina Ética: “El Modicare es una medida temporal, como de costumbre. Estos programas dan dinero a los pacientes para que tengan mejores tratamientos, pero no mejoran los servicios básicos”.

Aunque la inversión sanitaria estima unos 2.000 millones de euros para las consultas de atención primaria por primera vez, esto solo supone un 7% de estos centros. Desbordados y sin personal ni medios en un país con un déficit de 600.000 médicos y dos millones de enfermeras, según los estudios, los ambulatorios no pueden dar servicio a todos los pacientes. Así, las familias de los estados más sobrepoblados del país optan por invertir el seguro del gobierno en enviar a sus enfermos a regiones con mejores servicios; incurriendo en un gasto extra y en la repetida idea de que los servicios privados siempre son mejores que los gubernamentales.

Las deficiencias de la sanidad pública de India han hecho crecer modelos de pago hasta el punto de que el 63% del gasto en servicios médicos procede del bolsillo de las familias, mientras el negocio de los seguros crece a un 25% anual. Una consulta privada puede llegar a costar 11,5 euros; suma que deja fuera de cualquier cobertura a los millones de indios que viven con menos de 1,6 euros al día. “La situación es crítica en la India rural, donde falta un 70% de recursos, según nuestros estudios”, explica Abhijit More, doctor y miembro del grupo por la defensa de la sanidad universal, Jan Arogya Abhiyan: “El gobierno no privatiza la sanidad, por el momento. Pero invierte igual en las privadas, lo que acaba de enterrar el sistema público de salud”.

La inversión en centros de atención primaria se reparte en consultas públicas y privadas, fomentando un concierto entre sectores nocivo en el contexto de India, donde los sistemas viciados son comunes y toman nuevas formas. “La corrupción de la salud privada sucede mediante las comisiones que laboratorios, clínicas y demás ofrecen a los doctores que les envían pacientes”, cuenta Sanjay Nagral, que trabaja en dos hospitales privados de la capital financiera de India. “Esto afecta a la calidad del servicio, ya que algunos doctores pueden rechazar a los pacientes dependiendo del servicio que se puedan costear”, concluye.

Un trabajador rocía desinfectante en camas en un hospital especial temporal para pacientes con Covid-19 en Bombay (India).Un trabajador rocía desinfectante en camas en un hospital especial temporal para pacientes con Covid-19 en Bombay (India). Reuters P. Ravikumar

Meses después de la creación del Modicare, medios locales informaron que el Gobierno detectó unos 3.000 casos de hospitales que usaron las ayudas de forma fraudulenta. Un efecto derivado de este programa que, según los expertos, no ocurriría si esos fondos se hubiesen destinado a la atención primaria pública, donde cerca del 90% de la población podría ser tratada si contasen con el 70% de los recursos. El nuevo sistema de salud indio, además, ha reducido la inversión en salud reproductiva e infancia así como en el control de enfermedades contagiosas. Si el último campo es urgente para un país superpoblado y con escaso dominio de la higiene -especialmente en condiciones de pandemia como la del coronavirus- el primero es vital para la población en riesgo que ocupa titulares cuando fallecen por decenas en condiciones prevenibles.

“En los últimos 40 años, todo gobierno ha prometido fortalecer el sistema de salud público. Pero hay otras formas de atraer votos, como subvenciones o anulación de préstamos”, resume Nagral. “El problema también es ciudadano. Acostumbrados a que el sistema funcione solo para clases y castas altas, el resto acepta limosnas como lo que debería ser una parte pequeña de sus derechos”. Ye to hota hi hai. Lo de siempre.

Días después de imponer el confinamiento del país a raíz de la expansión del coronavirus, India estableció una partida de 20.600 millones de euros en ayudas a los más necesitados y un plan de seguros de más de 60.500 euros para cada trabajador de la salud. El primer ministro también creó un fondo especial de donaciones y apremió a la colaboración del sector privado. Nuevamente, programas especiales, planes de seguros y fondos de emergencia para la desatendida sanidad; que ahora revela su importancia ante el mayor reto sanitario de la historia reciente en la democracia más poblada del mundo.

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