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El duelo de Tamara Falcó por su padre, el marqués de Griñón

Tamara Falcó recibió el viernes la llamada más dolorosa de su vida que le anunciaba que su padre, Carlos Falcó, había fallecido. Ella no se imaginaba que la salud de su padre corriera peligro aunque conocía su ingreso y que por tener 83 años era un paciente de riesgo. Tampoco lo sospechaba cuando horas antes le felicitaba por el Día de Padre con una foto en la que aparecía en sus brazos siendo una niña. Tamara es la única hija nacida del matrimonio del marqués de Griñón e Isabel Preysler. La mujer, de 37 años, pasa sus primeros días de duelo en Miraflores, la casa que su madre tiene en la urbanización madrileña de Puerta de Hierro, de Madrid, acompañada de esta y de su actual pareja, el escritor Mario Vargas Llosa. Cuentan que Preysler está también muy afectada por la muerte de su segundo marido.

En una reciente entrevista con este periódico, Tamara Falcó hablaba de sus padres y declaraba su devoción por ambos. En la conversación recordaba que aunque siempre había vivido con su madre, Carlos Falcó estuvo en todos los momentos importantes de su vida. Pero en los últimos tiempos las cosas habían cambiado. Tamara mantenía la relación con su progenitor aunque el contacto físico era menor. Todo comenzó a raíz de la relación del marqués con la que ha sido su cuarta esposa Esther Doña. Su llegada en 2016 tensó las relaciones familiares. Solo Duarte, el menor de los hijos, nacido del matrimonio de Griñón con Fátima de la Cierva, mantenía vínculos cercanos con la pareja. Eso sí, los cinco hijos del aristócrata se han mostrado siempre unidos entre ellos.

De esos tiempos convulsos llegó la marcha de Xandra, la mayor de la familia, de la gestión de la empresa familiar de la que era una de las máximas responsables. Manolo, el mayor, ha seguido el cisma desde Londres donde trabaja como importante economista. Los más pequeños, Aldara y Duarte, no se han implicado en las empresas de su padre. Aldara vive en el extranjero mientras que Duarte lo hace en Madrid.

Manolo y Xandra, hijos del matrimonio del aristócrata con Jeanine Girod, fueron los que insistieron para que su padre ingresara en la Fundación Jiménez Díaz de Madrid tras ser diagnosticado con coronavirus, algo que Esther Doña no consideró inicialmente necesario. Pocos días después fallecía y horas después era incinerado con la presencia solo de dos personas. Sus cenizas serán depositadas en Casa de Vacas, en Malpica del Tajo, una de sus fincas, esas a las que dedicó toda su vida.

Por delante queda toda la testamentaria del patrimonio de Carlos Falcó que, al casarse con Esther Doña en 2018, puso en orden su legado. Un matrimonio que nunca fue bien visto por los suyos que se ausentaron de la ceremonia. La suya ha sido una crisis familiar hasta ahora discreta en la que los hijos siempre han hablado bien de su padre y han eludido hacerlo de Doña. Es difícil que siga siéndolo.

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