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El desconfinamiento italiano huele a café

Ha llegado la fase dos a Italia. Tras más de 50 días de máxima emergencia, el primer país por el que entró la covid-19 a Europa ha comenzado a relajar las medidas restrictivas que han permitido reducir la mortalidad por debajo de los 200 casos diarios y doblegar la curva de contagios. Se nota ya en la calle. Vuelven este lunes al trabajo unos 4,4 millones de personas, reabre la industria y los sectores textiles, de construcción o mayoristas. Los bares y restaurantes ya pueden servir a los clientes que se lo lleven a casa. A muchos les parece todavía muy poco, pero el paisaje en la calle ha cambiado enormemente y se vuelve a empezar desde los elementos fundamentales.

Las iglesias seguirán sin celebrar misas hasta final de mes. El primer ministro, Giuseppe Conte, ha cerrado un acuerdo ya con los obispos, que se levantaron en armas cuando no recibieron noticias en el último decreto. Pero los verdaderos templos romanos han abierto ya este lunes por la mañana. A las nueve, junto al Senado, ante el café Sant’Eustachio, ya había una fila india de adictos a su denso ristretto. A partir de hoy los clientes pueden entrar de uno en uno, pedir su café y llevárselo a la calle. El ritual, en realidad, no cambia tanto. Sucede a una velocidad parecida a la que se tarda normalmente en tomarlo de un sorbo en la barra. “Teníamos ganas de volver a abrir. No por el negocio, porque vamos a perder dinero con este modo de hacerlo [los clientes entran de uno en uno]. Teníamos ganas de volver a una cierta normalidad”, señala Raimondo Ricci, propietario de este histórico local, inaugurado a finales del siglo XIX.

Los bares y restaurantes podrán abrir al público y servir en sus propias mesas a partir del 1 de junio, y solo con medidas de seguridad sanitarias excepcionales. No están autorizados a abrir este lunes la mayoría de negocios minoristas que no sean los ya regulados (alimentos, higiene personal, quioscos, farmacias, estancos, librerías, tiendas de ropa para niños y bebés, flores y plantas). Pero algunos comercios buscan grietas: hasta ahora algunos bares colocaban libros en sus barras para abrir como librerías. Este lunes ya hay algunas tiendas que sirven café y comida. “Siempre hemos tenido este servicio”, masculla mirando al tendido la propietaria de una tienda de ropa junto a la Piazza Navona. La fase dos será también la de la picaresca. Y hasta que llegue la tres, hay algunas buenas noticias donde agarrarse.

Las calles de Roma han recuperado cierta vitalidad. Ninguna exageración. Pero centenares de personas con urgentes ajustes de peluquería (hasta el 1 de junio no podrán abrir los salones de belleza y derivados) aprovechan la mañana de otro lunes extraño para dar una vuelta. Massimo, diseñador gráfico de 37 años, se ajusta la mascarilla mientras compra la fruta en el mercado del Campo dei Fiori. “Está mal decirlo, pero ojalá Roma fuera así de tranquila a veces”. A partir de hoy se puede salir a correr y a practicar deporte donde se quiera, incluso cogiendo el coche para desplazarse a alguna otra punta de la ciudad. Se permiten algunas visitas: no muchas y a través de una confusa disquisición sobre lo que debería ser un allegado o “seres queridos”. Se podrá ir a ver a los novios y novias. Pero nada de amigos, reuniones o fiestas familiares.

La movilidad ha cambiado ya. El tráfico en Roma no tiene nada que ver con los infernales atascos de la era precovid-19, pero este lunes han vuelto a tener sentido los semáforos y pasos de peatones. Más bicicletas, pocas motos y coches. En el transporte público es obligatorio llevar mascarilla y la disciplina se ha impuesto a rajatabla. Todavía hay que llevar autocertificación para salir de casa, pero en las regiones con menos contagios (como Lazio) se impone una cierta flexibilidad policial. Algunas, como Calabria, incluso, pretenden reabrir más servicios de los permitidos, desafiando al Gobierno.

El confinamiento es ahora más bien regional. Los viajes por los motivos permitidos, es decir trabajo y salud, solo están autorizados en la misma región de residencia (excepto para estudiantes o trabajadores atrapados lejos de su casa que quieran volver). Tampoco se puede ir a segundas residencias el fin de semana, aunque el decreto no lo prohíba explícitamente, pero la estación de Termini empezaba ya a cobrar más vida a media mañana. Roma reabre. Y no hay rastro del ruido, la contaminación o los turistas. A veces es tentador buscar algunas ventajas de la pandemia.

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