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El coronavirus transforma el mapa turístico en una temporada aciaga

Zona de tumbonas de la playa de Magaluf, en Mallorca, casi vacío el 30 de julio.
Zona de tumbonas de la playa de Magaluf, en Mallorca, casi vacío el 30 de julio.CLARA MARGAIS / Getty Images

El coronavirus ha dejado al turismo al borde del abismo. La primavera se perdió por completo, con los confinamientos y restricciones a la movilidad. El sector se agarraba al verano como tabla de salvación, pero en realidad ha sido la puntilla. Los datos de julio son nefastos en las principales zonas turísticas, con gran dependencia de los viajeros extranjeros. Y agosto ha sido todavía peor, según los datos que maneja el sector. Tanto que han adelantado el cierre en destinos como Baleares y Benidorm. La otra cara de la moneda se ha vivido en la costa norte del país, Cádiz o Huelva, donde han soportado mejor el golpe.

Este 2020 pasará a la historia como el peor ejercicio del turismo español. La previsión apunta ya a un agujero de casi 100.000 millones en el conjunto del año, según Exceltur, con desplomes sin precedentes en los destinos de sol y playa y grandes ciudades. El tablero ha dado un vuelco y los datos arrojan algunas excepciones donde se ha conseguido amortiguar el golpe. Esto no significa que vayan a cerrar un buen año. Ni siquiera empatar. Pero visto lo visto, acabar con una pérdida de viajeros por debajo del 40% es un éxito.

Entre los mejor parados están Asturias (solo una caída del 23,5% de viajeros en julio), Cantabria (-27,2%), Jaén (-33,2%), Huelva (-35%) y Cádiz, Gipuzkoa y Huesca (-36%), según el Instituto Nacional de Estadística (INE). Si se miran las pernoctaciones, repiten entre las que mejor han capeado el temporal algunas de las anteriores, a las que se suman destinos de interior. Asturias vuelve a ser la mejor (24,2% de pernoctaciones menos que un año antes). Le sigue Guadalajara (-32,4%) y Soria, Cantabria y Ávila (-34%).

“Las zonas que dependen más de la demanda española han registrado una buena ocupación, suficiente para defenderse al menos”, argumenta José Luis Zoreda, vicepresidente de Exceltur. Aunque con muchos matices, incluso dentro de la misma zona. “En Andalucía, Cádiz y Huelva se han defendido. Pero la Costa del Sol (Málaga) se ha hundido porque depende del turismo extranjero”, explica.

Así, la cara más amarga de la temporada de verano abarca casi todo el mapa. La situación es desoladora en destinos como Baleares, que perdió un 80,4% de viajeros en julio y un 84,2% de pernoctaciones. En línea con las caídas de Barcelona, Madrid y, un poco menos, Canarias. “Durante la desescalada la apuesta era el turismo nacional, pero era evidente que no sería suficiente para suplir la falta de viajeros extranjeros”, sostiene Juan Ignacio Pulido, profesor de Economía Aplicada de la Universidad de Jaén.

Con estos datos de julio, que presentan mejoras respecto a junio —el país estuvo en fase de desescalada y con las fronteras cerradas hasta el 21 de junio—, los más optimistas podrían esperar un mejor agosto que arreglase parte del destrozo. Pero nada más lejos de la realidad, especialmente por la retahíla de restricciones que se han ido imponiendo a los viajes. Sobre todo desde el Reino Unido, que llegó a final de julio, por ser la primera en volver a imponer cuarentena y por tratarse del mayor caladero de viajeros extranjeros.

“La incipiente recuperación que el turismo extranjero había mostrado en España a finales de junio y principios de julio parece haberse truncado en agosto”, recoge el Banco de España en un reciente informe. Y manda un aviso a navegantes: la recuperación tardará en llegar. “Según los escenarios más recientes de la Organización Mundial del Turismo, es poco factible que los flujos globales de turismo alcancen los niveles previos a la crisis sanitaria antes de 2022”. Es decir, queda al menos otro año por el desierto.

Todas las grandes organizaciones del sector turístico, así como fuentes gubernamentales, coinciden en que este verano hay pocos ganadores y muchos vencidos. “Todos hemos perdido, incluido el país. El balance de la temporada es muy negativo, a pesar de los resultados positivos en el norte del país o zonas del interior. El segmento de sol y playa, que es el más importante, ha tenido una temporada muy mala”, argumenta Jorge Marichal, presidente de la Confederación Española de Hoteles y Alojamientos Turísticos.

Una muestra de la escasa demanda es la capacidad hotelera operativa. En las islas, por ejemplo, se dejó la persiana bajada en más de un 60% de los establecimientos en julio, según el INE. Y las hoteleras reconocen que agosto ha sido todavía peor. Sin embargo, en Cádiz, Huelva, Asturias, Pontevedra, Gipuzkoa y Cantabria abrieron alrededor del 90% de los hoteles. Y se anotaron una ocupación por plazas de en torno al 50%. Todo un éxito si se compara con el 35% de la media nacional (la mitad que en 2019), un dato paupérrimo, más si cabe al estar abiertas solo la mitad de las plazas existentes.

Todo esto ha tenido un reflejo en las tarifas, con bajadas de precios y ofertas para intentar atraer a los clientes y a esa demanda indecisa”, explica Marichal. Pero esta política agresiva de precios no ha sido suficiente para contrarrestar un desplome de la demanda sin precedentes. El problema no es en la oferta, es que no hay turistas por la crisis sanitaria. “Esta dinámica de deterioro está provocando el cierre de una cierta proporción de establecimientos hoteleros antes del fin de la temporada (…) y un empeoramiento adicional de las perspectivas”, añade el Banco de España.

Ayudas más generosas

En esta tesitura, ganan todavía más importancia las políticas públicas de ayuda a un sector ahogado. Especialmente los ERTE, en plena negociación para su prolongación hasta finales de enero. La intención del Gobierno es centrarlos en sectores como el turismo, aunque hay diferencias notables con los agentes sociales. El turismo es la actividad económica que más está tirando del mecanismo: “De los 812.438 empleados que permanecían bajo ERTE al cierre del mes de agosto, un 40% pertenecen al sector turístico, en concreto 325.578 personas”, detalló la semana pasada en el Congreso Fernando Valdés, secretario de Estado de Turismo.

Desde las organizaciones turísticas presionan para que haya una prórroga por sectores, lo que les daría un soplo de aire mayor al tener exoneraciones en las cuotas a la Seguridad Social más generosas. “Por primera vez en la historia se ha gripado el gran motor de la economía española. Por eso necesitamos una ayuda importante y un trato diferencial para sobrevivir”, defiende Zoreda. Algo en lo que insiste Marichal, que añade: “Están en riesgo decenas de miles de empleos”.

Fuentes de la Administración insisten en que, según los datos que manejan por regiones, si no se aprueba una ayuda más generosa, muchas empresas del sector turístico no podrán aguantar y pasarán de los ERTE a los ERE. Juan Ignacio Pulido coincide en este análisis, ya que considera que los expedientes han sido hasta ahora el soporte del empleo. Aunque se plantea un futuro con muchos nubarrones: “Los ERTE no pueden ser indefinidos y está por ver hasta cuándo se puede mantener. Pero está claro que sin esto sería insostenible. Incluso con el alargue, en función de las bonificaciones, habrá empresas que echarán el cierre”, concluye.

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