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El coronavirus contra la cultura

Un teatro cerrado en la Gran Via en Madrid durante la pandemia de coronavirus.Un teatro cerrado en la Gran Via en Madrid durante la pandemia de coronavirus.©Jaime Villanueva

Cada vez que la palabra crisis se hace realidad, el sector de la cultura, que aporta a la economía nacional el 2,5% del PIB, es de los primeros en sufrir. Con todos los esfuerzos del país orientados en salvar vidas y en evitar una depresión económica, la producción cultural ve con temor la posibilidad de reducción de la financiación pública y la caída abismal del consumo que paga por contenidos. EL PAÍS ha recorrido distintos sectores para comprobar cómo el confinamiento ha paralizado buena parte de la vida cultural e instalado el temor a la destrucción de empleos.

ERTE en las librerías

El mundo editorial es uno de los más afectados por la crisis de la pandemia y las librerías son las primeras en caer. Casa del Libro prepara un ERTE de entre 500 y 600 trabajadores; La Central, todos menos una decena (cerca de 80); en Laie, los que atienden al público (un 80%) de sus casi 200 trabajadores. “Todo nos lo estamos mirando”, admite Mari Carme Ferrer, presidenta del Gremi de Libreros de Cataluña. Entre las editoriales, las más afectadas son las medianas y pequeñas (el 70% de las empresas y el 56% del empleo de un sector con 12.714 trabajadores).

Pero el daño se amplia. “Los factores que ponen en peligro a muchos editores están en la propia cadena de producción del libro: el cierre de librerías implica anulación de pedidos, devoluciones, retraso en planes editoriales; habrá dificultades de cobro y de financiación. La situación es crítica”, explica Miguel Barrero, presidente de la Federación de Gremios de Editores. Los efectos se notan en todos los ámbitos. “Me acaba de decir mi editora que no podrá darme el adelanto, las librerías no pagan, la distribución e impresión, frenadas, ferias anuladas. Terrible. Me gustaría pagar el alquiler con un capítulo o un cuento”, se quejaba en Twitter la escritora argentina Ariana Harwicz.

Además, el 88,7% de las editoriales recurre a personal externo, muy vulnerable: traductores, correctores, ilustradores e incluso editores independientes. “Tenemos trabajo hasta finales de año; lo que vemos es que los editores nos están frenando libros más o menos apalabrados con miras a inicios de 2021”, afirman traductores próximos a la Asociación Colegial de Escritores.

Instituciones solidarias

Las instituciones culturales, públicas y privadas, han cerrado sus puertas, aunque ofrecen numerosos servicios a través de sus webs. La directora de la Biblioteca Nacional, Ana Santos, lamenta que “se hayan desbaratado los planes presenciales, como las exposiciones y el acceso de lectores”. “Además, cuando volvamos, nos vamos a encontrar con miles de ejemplares para el depósito legal, lo que nos va a causar un atasco”, señala. La BNE recuperará, no obstante, las muestras previstas, pero las del próximo año quedan pendientes del presupuesto público. “Preocupación” es la palabra que repite el director del Instituto Cervantes, Luis García Montero, organismo con trabajadores en 86 centros de todo el mundo. “Como institución del Estado, dependiente de Exteriores, estamos ayudando a los españoles que están fuera”, señala García Montero. En cuanto a la parte económica, “más del 40% del presupuesto es autofinanciación, lo que limita nuestras posibilidades”, añade.

“Así que, los ingresos van a caer, esto nos golpeará, pero cuando volvamos tiene que ser con fuerza, hacer pocas cosas pero de calidad, y buscando patrocinios”, dice el director del Instituto Cervantes. El caso del Círculo de Bellas Artes de Madrid (lo público solo cubre el 7% de su presupuesto) demuestra, según su presidente, Juan Miguel Hernández León, “lo complejo y especialmente frágil que es el tejido cultural español”. “De aquí al verano podremos mantenernos, pero depende de lo que dure la cuarentena”, dice. Para Hernández León, “las grandes crisis generan cambios y en esta vendrá por la innovación tecnológica”. La SGAE ha lanzado para sus 120.000 socios “un servicio de asesoramiento para que soliciten ayudas públicas”, explican desde la entidad. A la vez, reciben decenas de consultas sobre su programa de ayuda de emergencia social, con el que la entidad apoya a los socios más vulnerables.

La Real Academia Española (RAE) ha suspendido sus plenos, “aunque mantiene sus proyectos, como la 24ª edición del Diccionario”, explica su director, Santiago Muñoz Machado, que mantiene cada semana una reunión telemática con los académicos. “Los que nos dedicamos al estudio de la lengua estamos acostumbrados al aislamiento”, añade. Con ayudas estatales aprobadas, el director de la RAE no cree que el coronavirus aporte muchas palabras a la lengua. Desde la Real Academia de la Historia señalan que este contexto ha acelerado su apuesta por lo digital y que se percibe un mayor interés por la institución. Su Diccionario Biográfico recibe tres millones de consultas al día, aunque lo que ocurra con su financiación (40% pública y 60% privada) es una incógnita. En lo que coinciden desde la RAH con la directora de la BNE es que estas instituciones “tienen que dar un servicio público”.

Pantallas sin ingresos

Para el cine, la hecatombe. Primero, por el cierre de salas. En España, en 2019, había 3.593 pantallas. Esas salas cuentan con 11.500 trabajadores, según la Federación de Entidades de Empresarios de Cine de España (FECE), personal que, en contados casos, está yendo a sus trabajos a labores de mantenimiento. Marzo y abril son meses medianos en taquilla, pero iba a haber estrenos con tirón: cada semana se dejan de recaudar de seis a ocho millones.

Segundo, rodajes parados. Según la Spain Film Commission, se han suspendido unos 300, el 26% de ellos, anuncios; el 13%, series de televisión; el 12%, programas de televisión, y el 11%, largometrajes. Casi la mitad eran internacionales. Solo en gastos de mantenimiento de sus productoras, la Asociación Estatal de Cine habla de 26 millones mensuales y sin ingresos. Otras fuentes cuantifican entre gastos y dinero no ingresado en el cine en España hasta 20 millones de euros diarios. Los rodajes se han quedado colgando y ni siquiera ha llegado una apuesta legislativa para impulsar el cine en Internet (hay 50 filmes esperando que se aclare el calendario), o una línea de crédito y ayudas rápidas. Además, los técnicos e intérpretes, que no son asalariados, están viviendo sin ingresos.

Silencio en la música en directo

Ya lo advertía la cantaora Rocío Márquez al principio de la epidemia: “Las condiciones de los autónomos en este país es mucha tela. Llevo dada de alta y pagando impuestos desde los 18 años [tiene 34]. Ante la cancelación de actuaciones, no tengo derecho a paro”. La Federación de Música de España ha cuantificado las perdidas en 764 millones. “Esta crisis afectará a las empresas y personas que trabajan en la industria de la música en vivo. Necesitarán ayudas para mantener sus empleos”, señala la federación. Ese sector emplea en España, directa o indirectamente, a 300.000 personas. Los consultados estiman que “la mitad” perderá el empleo si la situación se extiende varios meses. Mientras, las compañías de discos ven como mal menor la opción de un ERTE, al que muchas se han acogido. Además, se están mostrando las costuras del negocio del streaming, como apunta el músico Martí Perarnau, líder del grupo Mucho: “Entregamos nuestras canciones a cambio de nada a plataformas, por aquello de que no se vendían discos para obtener ingresos irrisorios, y nos vimos obligados a poder vivir de nuestros conciertos. Ahora es cuando viene la palmada”.

La fotografía es de autónomos

Un sector poblado por autónomos es la fotografía. El leonés Álvaro Laiz, de 39 años, acaba de regresar de Nicaragua, de fotografiar pueblos que viven junto a yacimientos arqueológicos, “un proyecto que ahora está en el aire”, dice. Como también ve incertidumbre en la exposición, con libro, que prepara para septiembre. “Un trabajo con National Geographic y el Museo Universidad de Navarra en el que he seguido las huellas de las migraciones que cruzaron el estrecho de Bering”. Laiz aprovecha el parón “para editar, hacer maquetas… como hacemos los fotógrafos en agosto”. “La diferencia es que no sabemos cuál será la fecha de salida y cómo arrancará esto”. Su colega Susana Girón, de 44 años, freelance también, ve cómo se ha aplazado a noviembre la exposición que iba a inaugurar en Sídney sobre una familia de pastores trashumantes. Y otro proyecto de larga cocción, un libro sobre una bailaora, no sabe cuándo podrá mostrarlo. “Ya estaba en imprenta”, apunta. Girón vive de reportajes para medios que se están empezando a cancelar. Por eso, junto a otros siete fotógrafos, ha formado un grupo en Instagram que sube imágenes de esta cotidianidad, para ver si de ahí surgen encargos.

Alarmas en el arte

Las alarmas saltaron en el arte el lunes 23, cuando la Fundació Miró anunció un ERTE a sus 57 empleados. Empezó así el goteo de los despidos temporales en el sector privado, si bien por ahora no se ha abierto del todo el grifo. Consultadas grandes fundaciones como Telefónica, La Caixa, Mapfre y Juan March, estas aseguran que ―por el momento― no se plantean “decisiones traumáticas” para sus plantillas. Pero no todas ha seguido el mismo camino: ante la prórroga del confinamiento, la Fundación Caja de Burgos ha solicitado un ERTE parcial para su plantilla, con la excepción de colegios y residencias.

Más complicada resulta la situación para las galerías, que no cuentan con el respaldo de grandes entidades. Desde el sector se calcula que la mayoría perderán entre 20.000 y 40.000 euros y subrayan el efecto dominó que se desencadenará. “El cierre influye en el aplazamiento y cancelación de exposiciones, producciones y comisariados que estaban en marcha, publicaciones…”, apuntan desde la asociación Arte Madrid; sin olvidar a “proveedores, transportistas, viajes, seguros…”. Los principales museos de titularidad pública, como el Prado o el Reina Sofía, mantendrán los puestos de trabajo, tanto de funcionarios como laborales.

Otra cosa son las compañías externas que les proporcionan servicios, aunque desde el Prado aseguran que intentarán agilizar los pagos pendientes para que estas empresas “sufran lo menos posible”. Entidades más modestas, como el MARCO de Vigo, también descartan un ERTE. Su director, Miguel Fernández-Cid, declara que “la situación ya es lo suficientemente dura”.

El teatro, inviable

Lo mejor que le puede pasar estos días a un trabajador de las artes escénicas es que le apliquen un ERTE. Eso significa que tiene garantizado un empleo cuando vuelvan a abrirse los teatros. Pocos tienen esa suerte: personal de gestión de salas o productoras y artistas o técnicos de montajes estatales (Inaem), o de gran formato (musicales). El resto posee contratos ligados a la duración de un espectáculo que se cancele “por causa de fuerza mayor”.

Según un informe de la Unión de Actores y Actrices, a partir de una encuesta entre 1.500 profesionales, el 23% de los intérpretes que estaban trabajando en teatro, cine o televisión cuando sobrevino la crisis se han quedado en el paro (el 85% de estos sin indemnización) y calculan una pérdida a corto plazo de casi siete millones. Muchos dan la temporada por muerta y auguran que el empleo no se recuperará hasta los festivales de verano. “No es solo que se hayan suspendido espectáculos en cartelera, es que los estrenos de mayo son inviables porque no se puede ensayar ni construir decorados”, lamenta el productor Jesús Cimarro, presidente de la asociación de empresarios (Faeteda).

El futuro es más negro para las pequeñas compañías y creadores experimentales. “Son más vulnerables, ni siquiera logran cobrar paro porque sus contratos son muy cortos”, comenta Jacobo Pallarés, presidente de la Red de Teatros Alternativos. Y por encima de todo sobrevuela una angustia: ¿querrán los ciudadanos volver a disfrutar juntos en un teatro?

Con información de Manuel Morales, Juan Carlos Galindo, Carles Geli, Carlos Marcos, Silvia Hernando, Raquel Vidales, Gregorio Belinchón y Tommaso Koch.

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