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El coronavirus cierra el hotel que resistió abierto hasta en la Guerra Civil

El Hotel Inglaterra, el más antiguo de Sevilla abierto en 1857, cerró el jueves después de 163 años de actividad ininterrumpida. Ni siquiera las bombas que impactaron en el edificio el 18 de julio de 1936, cuando el general Queipo de Llano dirigió el golpe militar contra la Segunda República en la capital andaluza, hicieron que el establecimiento echara el cierre. El decano de la hostelería se ha visto obligado a cerrar tras la orden del Gobierno para controlar la pandemia de coronavirus, al igual que otros 766 en la comunidad, según datos de la Federación Andaluza de Hoteles y Alojamientos Turísticos (Fahat).

Lo que comenzó siendo la Fonda de Londres, abierta por el empresario Antonio Ricca en la recién creada plaza Infanta Isabel —hoy plaza Nueva—, se convirtió a principios del siglo XX en el Hotel Inglaterra de la mano del francés Francisco Carrere, que amplió las instalaciones hasta ocupar toda la manzana oeste de la plaza Nueva, frente a la fachada neoclásica del Ayuntamiento de Sevilla. En el nuevo hotel, convertido desde su apertura en punto de encuentro de escritores, se alojaron huéspedes tan ilustres como el rey Alfonso XIII, la reina Elisabeth de Bélgica, el compositor Giuseppe Verdi o el escritor Hans Christian Andersen. Más recientemente, también han pernoctado en este hotel cuatro premios Nobel: Juan Ramón Jiménez, Miguel Ángel Asturias, José Saramago y Mario Vargas Llosa.

“El Inglaterra era el hotel más prestigioso de la ciudad cuando, ese 18 de julio de 1936 Queipo de Llano entró con sus tropas hasta el Gobierno Civil, situado a la espalda del hotel, y decidió tomar el establecimiento como cuartel de los requetés. En la batalla entre los golpistas y las fuerzas leales a la República, un cañón disparó al hotel matando a uno de sus trabajadores”, cuenta la periodista Carmen Otero, hermana del actual director, Manuel Otero.

El compositor Giuseppe Verdi o el escritor Hans Christian Andersen pernoctaron en las habitaciones del establecimiento

Carrere decidió entonces marcharse a Francia y dejó al frente del negocio a su gerente, Manuel Otero Ruiz —abuelo de Carmen y Manuel—, quien se trasladó a vivir al hotel para controlar la situación. Cuatro meses después de la ocupación, el Inglaterra recuperó la normalidad. “El empresario francés dejó a su muerte acciones del negocio a todos los trabajadores del hotel en función de su antigüedad”, explica la periodista. La empresa sigue siendo actualmente una sociedad anónima en la que la familia Otero tiene la mayoría de las acciones.

A pesar de haber estado en el ojo del huracán durante la Guerra Civil, en la llamada batalla de la Plaza Nueva, el Inglaterra nunca antes había cerrado sus puertas. Aunque lo que no hicieron los cañonazos lo ha hecho ahora la Covid-19. Desde el jueves, 50 de sus 55 trabajadores se acogerán a un ERTE y los otros cinco permanecerán en el edificio haciendo labores de vigilancia y mantenimiento, ha comentado Manuel Otero a Efe. El director, como antes hizo su abuelo, permanecerá alojado en una de las 90 habitaciones del hotel de cuatro estrellas “para no abandonar el barco”, ha añadido.

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