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El cielo de México

–“Mamá, no salgas”.

–“Mamá, ¿a dónde vas?”

–“Mamá, ¿qué haces?”

–“Mamá, cámbiate toda tu ropa, desde los tenis para arriba”.

–“Mamá, me estás matando de la preocupación. ¿Que no entiendes que te puedes morir? – me dice mi hija Paula. “A una amiga se le murió su papá, no pudo acompañarlo en el hospital, ni siquiera le permitieron ir al entierro…”.

El cielo azul de México contradice los presagios funestos, las terribles noticias, pero ahí están las camas esperando y dicen que no serán suficientes. En los barrios ricos, la bonanza permite que la vida siga igual, en las calles más pobres, aun caminan codo a codo los que trabajan al día y pocos guardan la llamada sana distancia… México es el país de “si me han de matar mañana que me maten de una vez” y salgo al parque a caminar con el tapabocas requerido y solo veo a indigentes que preparan su cama nocturna bajo alguna banca sobre algún pedazo de cartón. Hoy me dijeron que murió Rubem Fonseca que yo quería mucho y escuché en algún congreso de escritores y me cayó a todo dar porque no se tomaba en serio ni era un burro solemne. Murió de viejito. Aunque solo tengo 88 primaveras, también voy a morir de viejita.

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