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El BCE mantiene intactos los tipos de interés mientras analiza el riesgo de una recaída

El Banco Central Europeo ha decidido este jueves no alterar su programa de estímulos monetarios y dejar intactos los tipos de interés en el 0% —esto es, no exige ninguna recompensa a los bancos que le pidan dinero prestado—. Tampoco toca la tasa a los bancos por sus depósitos, del -0,5%. El primer encuentro del año no había generado las expectativas del trascendental cara a cara de diciembre, cuando el organismo presidido por Christine Lagarde recalibró sus herramientas y anunció la ampliación en 500.000 millones de euros del programa de compra de deuda ligado a la pandemia (PEPP), dotado ahora de 1,85 billones.

La ausencia de cambios ha confirmado que la de hoy ha sido una reunión de transición. Las urgencias han desaparecido con la financiación barata a los Gobiernos asegurada al menos hasta marzo de 2022 e incluso más allá: “hasta que se considere que la fase de crisis del coronavirus ha terminado”, según el comunicado emitido por el banco este jueves. Los mercados han acogido bien la batería de liquidez desplegada por la entidad —el Tesoro español emitió por primera vez en su historia deuda a 10 años a tipos de interés negativo—, y el eurobanco se interna en una fase de análisis antes de volver a mover ficha: esperar y ver si la vacuna permite reabrir la economía para guardar en el cajón las restricciones a la movilidad o por el contrario la tercera ola obliga a volver a echar mano a la chequera; esperar y ver si el dinero inyectado en el sistema desde Fráncfort y las capitales hace repuntar una inflación languideciente, lastrada también por la fortaleza del euro frente al dólar. Y esperar y ver la evolución del rebote del 3,9% del PIB que prevé este año para la zona euro, amenazada por el aumento de los contagios y la lentitud de la vacunación en Europa, mucho menos veloz que en el Reino Unido y Estados Unidos.

El BCE se ha mostrado dispuesto a ser flexible en la aplicación del programa pandémico de compra de activos. Este jueves ha afirmado que si la financiación barata que proporciona a los Gobiernos puede seguir adelante sin agotar los 1,85 billones del PEPP, no dudará en dejar sin emplear una parte del mismo. En el escenario inverso, tampoco descarta ampliar la dotación “si es necesario para mantener unas condiciones de financiación favorables que contribuyan a contrarrestar el impacto negativo de la pandemia en la senda de la inflación”.

La dirigente francesa podría dar más pistas sobre la salud de la economía europea en la intervención que realizará a las 14.30 horas. Por ahora, si bien no aprieta el acelerador, tampoco frena. La semana pasada, en un evento de la agencia Reuters, dejó claro que no ha llegado el momento de retirar estímulos. “Cualquier tipo de ajuste en este momento estaría del todo injustificado”, afirmó. Más aún cuando la campaña de vacunación avanza a ritmos muy desiguales en Europa, y desde la última reunión del BCE, los riesgos han crecido, con las las restricciones en países como Alemania, Francia u Holanda alargándose más de lo esperado. La propagación de la tercera ola ha provocado que muchos analistas apuesten ya por un estancamiento en el primer trimestre, e incluso gane terreno la posibilidad de un regreso a tasas de crecimiento negativas. El propio BCE, al igual que servicios de estudios como el del BBVA, han aplazado el comienzo de la recuperación a la segunda mitad del año, y estiman que el grueso del repunte se retrasará a 2022.

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