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El año electoral de la sucesión de Merkel arranca con una fuerte caída del voto a los conservadores de la CDU

Una mujer pasa por delante de un cartel del candidato de los Verdes, Winfried Kretschmann, en Stuttgart, el pasado miércoles.
Una mujer pasa por delante de un cartel del candidato de los Verdes, Winfried Kretschmann, en Stuttgart, el pasado miércoles.RALPH ORLOWSKI / Reuters

Este año el colegio electoral del Hospitalhof, un complejo educativo y religioso en el centro de Stuttgart, ha cambiado de la sala más pequeña y peor ventilada de otras elecciones a un enorme espacio diáfano en el que las dos únicas mesas parecen miniaturas de casa de muñecas. A la entrada, Sven Förtsmann, un voluntario de 31 años, recordaba este domingo a todos los votantes que debían usar el dispensador de gel hidroalcohólico antes de pasar. Ha tenido mucho menos trabajo que en otras citas con las urnas: la pandemia ha obligado a disponer el doble de puntos de votación y se calcula que casi la mitad del censo envió su voto por correo. La lluvia y el frío acaban de componer una jornada electoral desangelada en la capital de Baden-Württemberg, uno de los dos Estados federados alemanes, junto con Renania-Palatiando, que eligen este domingo a sus líderes para los próximos cinco años.

Poco después del cierre de los colegios electorales, a las seis de la tarde, los primeros sondeos de la televisión pública ZDF muestran que los Verdes ganan en Baden-Württemberg y los socialdemócratas del SPD en Renania-Palatinado, lo que confirmaría que sus candidatos repiten como presidentes de sus Estados. La formación conservadora de la canciller Angela Merkel, la Unión Democrática Cristiana (CDU), registra una importante caída de sus apoyos, que incluso podría alcanzar mínimos históricos, según estos primeros sondeos. En Renania-Palatinado habría perdido seis puntos porcentuales con respecto a las elecciones de 2016 y en Baden-Württemberg, cuatro. En ambos casos se mantiene como segunda fuerza más votada.

Una pequeña encuesta improvisada a la puerta del colegio permite confirmar la enorme popularidad que los sondeos atribuyen al actual presidente del rico e industrial Estado de Baden-Württemberg (en el sur), Winfried Kretschmann. Una decena de personas aseguran que, o bien le han votado, o no tendrían problemas en hacerlo si el candidato de su partido de cabecera no les convenciera. Kretschmann, un antiguo profesor de Biología de 72 años, cae bien. “Es sincero, es fácil identificarse con él, no actúa de cara a la galería”, enumera Sophie Rumpelt, estudiante de Odontología de 28 años. El candidato de los Verdes partía con una ventaja de 10 puntos porcentuales sobre el siguiente con más intención de voto, la CDU. Nadie dudaba de que Kretschmann conseguirá un tercer mandato en un Estado que hasta su primera victoria, en 2011, había sido un fortín impenetrable de los conservadores durante décadas.

Sin la emoción de una carrera ajustada por la presidencia, el interés de estos comicios está en cómo de dolorosa será la derrota de la CDU. Kretschmann ha gobernado esta legislatura con los conservadores, pero si los números le permitieran una coalición con los socialdemócratas y los liberales, la CDU podría quedarse fuera del Ejecutivo regional. Y eso supondría un mal comienzo para el flamante presidente de la CDU, Armin Laschet, que vería menguar sus posibilidades de convertirse en el candidato conservador para las elecciones generales de septiembre. Los comicios en Baden-Württemberg y Renania-Palatinado inauguran lo que los alemanes llaman un superaño electoral: coinciden seis elecciones en otros tantos Estados (incluido Berlín) y las federales al Bundestag. De esa cita saldrá el sucesor de Merkel, la canciller que durante 16 años al frente de la primera economía europea ha ejercido en cierto modo de líder de toda la Unión.

La anunciada victoria de Kretschmann avanza también un año interesante para los Verdes, que han conseguido colocarse en segundo lugar en intención de voto para las federales, solo por detrás del partido de Merkel. Desde que adelantaron a los socialdemócratas del SPD en los sondeos, se habla cada vez más de una posible coalición negro-verde (CDU y Verdes) en Berlín, a semejanza de la que ha liderado Kretschmann en Stuttgart estos cinco años. La formación ecologista se presenta como un partido pragmático y dispuesto a asumir responsabilidades de Gobierno. El político de Baden-Württemberg es su mejor baza. Ha conseguido aunar la defensa de la naturaleza con las políticas de apoyo al crecimiento económico en el Estado donde tienen su sede emblemas del poderío automovilístico alemán como Porsche y Mercedes Benz.

“Kretschmann podría ser de la CDU”

Pero está por ver si el efecto Kretschmann es extrapolable fuera de su Estado. A Janik Appel, de 22 años, le gusta el político de los Verdes, pero no su partido. A la salida del colegio electoral de Hospitalhof, asegura que ha votado a la CDU porque cree que puede defender mejor sus intereses y los de la industria automovilística del Estado. Es ingeniero y trabaja en una de esas empresas mientras estudia un máster. “Él me gusta. Es de mi región y fue profesor en mi colegio. Creo que ha gestionado bien y me gusta que se haya vuelto más conservador y menos verde como era al principio”, dice. Los Verdes, añade, son “demasiado de izquierdas y su programa no sería bueno para la economía”. “Kretschmann podría ser de la CDU”, sentencia con una sonrisa.

Si el panorama para la CDU no pintaba bien hace dos semanas, el llamado escándalo de las mascarillas puede hacer que todavía obtengan menos votos de los que le atribuían las encuestas. En los últimos días se ha destapado un escándalo de presunta corrupción que afecta al menos a uno de sus diputados en el Bundestag y a otro de la CSU, su partido hermano bávaro. Las empresas de los parlamentarios cobraron comisiones de seis cifras por intermediar en la compra de mascarillas durante la primera ola de la pandemia. Sus rivales políticos han aprovechado las últimas jornadas antes de las elecciones para insistir en que no se trata de casos aislados, sino de un problema estructural de la formación conservadora. “Mucha gente ya había votado por correo cuando el escándalo salió a la luz”, recuerda el voluntario Förstmann. El golpe de la presunta corrupción podría quedar amortiguado. Por ahora. Pero la gestión de la segunda ola también podría pasar factura a los conservadores. Las encuestas muestran que el apoyo a las medidas de la canciller va perdiendo fuelle entre la ciudadanía, harta después de cuatro meses de restricciones. Quedan seis de carrera electoral hasta las federales.

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