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El abogado Keir Starmer sustituye a Jeremy Corbyn como líder del laborismo británico

El Partido Laborista ha elegido a Keir Starmer (57 años), abogado especializado en la defensa de los derechos humanos, como nuevo líder de la oposición, en sustitución de Jeremy Corbyn. Casi 800.000 afiliados y miembros de organizaciones adheridas al partido (sindicatos, principalmente) han participado durante estas semanas en un debate y votación que la crisis del coronavirus ha convertido casi en subterráneos. Starmer, hasta la fecha portavoz en materia del Brexit de la oposición, llega a su puesto en condiciones muy distintas a aquellas en las que se postuló. Su propósito era preservar el mensaje radicalmente de izquierdas del último programa electoral de Corbyn pero deshacerse del sectarismo que los críticos del veterano político le achacaban. Su misión, en estos momentos, será la de perfilar el papel del principal partido de la oposición en medio de una crisis descomunal en la que el Gobierno, a la fuerza, acapara todo el poder y toda la atención pública. La noticia de su nombramiento ha coincidido con la carta que Boris Johnson ha enviado a todos los partidos políticos en la que les reclama cooperación. “Como líderes, tenemos el deber de trabajar juntos en un momento de emergencia nacional”, dice el texto.

Starmer ha mantenido durante todas estas semanas una cómoda ventaja sobre sus otros dos rivales, Rebeca Long-Bailey (la heredera directa de Corbyn y su política de estos años) y Lisa Nandy, muy crítica con la actual dirección. El nuevo líder de la oposición ha sabido mantener durante su campaña un equilibrio en el mensaje que le presentaba como el cambio gradual de imagen y contenidos que necesita el laborismo, después de la estrepitosa derrota electoral cosechada el pasado diciembre.

Las circunstancias en que Starmer pasa al primer plano de la política son excepcionales y convierten sus primeros cien días en una carrera de obstáculos y en todo un desafío. El Parlamento sigue cerrado por la crisis del coronavirus y el partido no puede reunirse. El candidato ha tenido que preparar un mensaje grabado para aceptar su victoria y comenzar a desgranar sus planes de futuro. Y sobre todo, la noticia de su elección, que en circunstancias normales acapararía titulares y atención de los medios durante semanas, corre el riesgo de diluirse de inmediato en las actuales circunstancias extraordinarias. El Brexit y la futura relación con la UE, el caballo de batalla de Starmer durante estos años (ha demostrado ser un firme proeuropeísta) han desaparecido, por el momento, del debate público. Y la política expansiva de gasto del Gobierno Johnson, para intentar salir de la inevitable recesión que ha provocado la pandemia, va a complicar el discurso perseguido por el laborismo para contrastar sus propuestas con las de los conservadores. Y junto a todos estos problemas, Starmer tendrá que gestionar una estructura y direcciones laboristas plagada de “corbynistas” que, con los estatutos en la mano, pueden seguir en sus puestos para plantarle cara y obstaculizar su tarea

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