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El 23 de julio, Sant Jordi

El 23 de julio, jueves, es la fecha que el sector de libro y el de los floristas han elegido para celebrar el Sant Jordi alternativo, el Día del Libro y de la Rosa, y sacar a la calle los tenderetes con libros, las tradicionales flores y la firma de los autores que este año no podrá realizarse el tradicional 23 de abril, fruto del confinamiento por la pandemia del coronavirus.

El acuerdo se ha producido esta misma tarde entre la Cambra del Llibre, que reúne a representantes de toda la cadena del sector, y el Gremi de Floristes. “Somos conscientes de que ese día todavía se tendrán que mantener medidas de distancia social para proteger la salud de todos, pero ya pactaremos con las administraciones para encontrar fórmulas o escenarios diferentes apropiados para celebrarlo con la máxima garantías, quizá cerrando calles muy nachas o buscando espacios para carpas muy grandes que permitan un acceso controlado… veremos”, apunta Patrici Tixis, presidente de la Cambra del Llibre, que añade: “Pero algo se ha de hacer”.

La fecha elegida, así como la urgencia en comunicarla, no son casuales. Por un lado, se trata de un jueves, el único día laborable hábil y entero antes de una potencial salida de fin de semana que en muchos casos suele pellizcar en verano buena parte de un viernes; por otro, con relación al día del mes, es la más alejada posible a un paulatino desconfinamiento antes de que llegue la desconexión psicólogica del verano que comporta agosto. En el sector, había quien veía con temor que la festividad del Día del Libro saltara esa frontera mental y se trasladara incluso a octubre, como dejó entrever hace apenas unos días la presidenta del los libreros, Maria Carme Ferrer. Además, eso apretaba el calendario de la rentrée literaria, que en septiembre ya cuenta con la celebración de la Setmana del Llibre en Català y un supuesto calendario de novedades ya para la campaña de Navidad.

Inyectar dinero al sistema

La otra razón para evitar ir más allá de julio es la delicadísima situación económica que está viviendo el sector tras cuatro semanas de confinamiento y el cierre de toda actividad productiva y comercial, situación que está castigando especialmente en un primer momento a las librerías, una tensión que estos días se traduce incluso en la polémica entre editoriales, distribuidores y libreros si llevar a los domicilios de los compradores los libros adquiridos online o si de hacer ahora la adquisición para seguir dando ingresos pero recoger los ejemplares en las librerías cuando estas puedan abrir. La trascendencia económica de la festividad del libro y de la rosa es vital para el sector: en unas 14 horas se venden 1,64 millones de libros, con un valor de 22,16 millones de euros: del 7 al 30% de la facturación anual de una librería, según su tipología, en un solo día. “La prioridad es conseguir que la gente vuelva las librerías: un ejemplar vendido significa inyectar dinero de nuevo a todo el ecosistema del libro”, admite Tixis.

El Gremi de Llibreters de Catalunya, por su parte, invita a que el 23 de abril se adquieran libros, “con independencia de cuando se puedan recoger o servir”, y promueve, entre las 12 y las 18 horas, una acción para que “todos salgamos a ventanas, terrazas, patios o balcones de casa y leamos en voz alta, para acabar con un aplauso y con el grito del nombre de nuestra librería”.

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