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Ejemplar Portugal

Portugal se ha revelado como uno de los países del mundo que, hasta el momento, ha gestionado con mayor éxito la crisis sanitaria derivada del coronavirus. Presenta una tasa de mortalidad por millón de habitantes de 77 personas y las medidas recomendadas de confinamiento y paralización de actividades no esenciales se tomaron con eficacia y prontitud. Un éxito —si es que se puede hablar de éxito en circunstancias en las que se producen fallecimientos— atribuible no solo a la responsabilidad de los ciudadanos portugueses, sino también a sus instituciones y a su clase política.

Desde que se detectaron los primeros contagios, llegados del exterior a principios de marzo, el Gobierno socialista portugués se sintió arropado y apoyado por los partidos de la oposición conservadora, lo que no ha significado en ningún momento la ausencia de crítica por parte de esta. En un país con un sistema sanitario tocado por los importantes ajustes derivados de la crisis de 2008 y con un sistema de residencias de ancianos similar al de otros países del sur de Europa, toda la oposición ha adoptado desde el primer momento —incluso antes de que empezaran a producirse fallecidos— una actitud crítica, pero un límite claro y explícito: la necesidad de unidad en torno al Gobierno para superar una potencial situación dramática para el país.

En este contexto, destaca que el primer partido de la oposición, el Partido Social Demócrata (PSD, centroderecha) haya ofrecido al Gobierno socialista su total colaboración sin reservas. Su líder, Rui Rio, se dirigió a los militantes de su partido para explicarles claramente la situación: “No es patriótico criticar en estos momentos al Gobierno”, señaló y añadió que la lealtad expresada en el Parlamento no es un cheque en blanco. Lejos de levantar polémica interna alguna, la actitud de Rio ha recibido elogios que trascienden las mismas fronteras del país luso.

Y la misma actitud, aunque con menos repercusión mediática, han tenido otros partidos con representación parlamentaria tanto pertenecientes a la derecha como a la izquierda más radical. Pero eso no significa que en Portugal —donde no se han interrumpido los plenos de la Asamblea ni las sesiones de control al Gobierno— haya significado la ausencia de debate, las discrepancias y las exigencias al Ejecutivo de António Costa de temas tan importantes como los apoyos a los diferentes sectores empresariales, a los trabajadores y las ayudas sociales.

Los epidemiólogos nunca conocerán los efectos de la tranquilidad parlamentaria y social sobre la expansión de un virus, pero sí que esa colaboración de todos los grupos políticos portugueses, sindicatos, asociaciones empresariales e instituciones como la Iglesia consigue reducir la crispación en las redes sociales y, aún más importante, en las calles del país.

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