Internacional

Egipto recurre a la ayuda internacional para hacer frente a la debacle económica

Reparto de comida durante el Ramadán para personas vulnerables, el pasado 27 de abril, en El Cairo.Reparto de comida durante el Ramadán para personas vulnerables, el pasado 27 de abril, en El Cairo.AMR ABDALLAH DALSH / Reuters

La crisis del coronavirus empieza a cobrarse las primeras víctimas financieras entre las frágiles economías emergentes. Egipto ha tenido que recurrir a la ayuda del Fondo Monetario Internacional (FMI) para hacer frente a la debacle económica derivada de la caída del turismo con el cierre de fronteras y que amenaza con afectar a la estabilidad del país, el más poblado de la región. Pero el propio Fondo avisa de que esta línea de emergencia no será suficiente.

Desde su toma del poder en 2013, el actual presidente egipcio, Abdelfatá Al Sisi, ha hecho de la mejora de la economía y de la estabilidad política las piedras angulares de su mandato. Un discurso que le ha permitido retener la confianza de algunos sectores de la sociedad después de la inestabilidad desatada en Egipto tras la revolución de 2011.

Sus opositores, por el contrario, señalan que las draconianas reformas económicas que ha impulsado el rais han beneficiado solo a una minoría de los egipcios, y que además han ido de la mano del peor periodo de represión política que ha vivido el país en su historia reciente. Además, la fragilidad de la economía egipcia persiste. El turismo representa el 5% del PIB del país, ahora sin visitantes como consecuencia del coronavirus. La caída de los precios del petróleo ha dañado sus exportaciones de crudo y el freno al comercio global ha golpeado la importante fuente de ingresos que supone el canal de Suez.

En consecuencia, solo entre marzo y abril las reservas en divisas han caído aproximadamente un 18% y la fuga de capitales ha obligado al banco central a intervenir. “Hasta ahora, el banco central ha tenido éxito a la hora de proteger el valor de la libra egipcia”, observa Timothy Kaldas, investigador en el Instituto Tahrir para Oriente Próximo, pero por lo que respecta a la liquidez “las cifras recientes indican que su éxito ha sido bastante limitado, dado que la demanda en Egipto ha caído drásticamente y el sector privado experimentó en abril su peor contracción” desde 2011. Entre 2016 y 2019, Egipto ha estado bajo un programa del FMI que, aprovechando el entorno de bajos tipos de interés, ha disparado la deuda externa del país, que ya representa el 40% del gasto público, según el diario Al Mal, lo que ahora ha disparado el temor de los inversores.

El programa de reformas también tuvo un alto coste social. Según las últimas cifras disponibles, al menos un 32,5% de los egipcios vive hoy por debajo del umbral de la pobreza. Desde el estallido de la pandemia, el Gobierno ha impuesto solo un cierre parcial de la economía y un toque de queda nocturno, en un intento de dar cierto margen de maniobra a la vasta economía informal del país para seguir funcionando.

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