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EE UU celebra el intercambio de presos después de que los talibanes liberen a 20 soldados afganos

Un grupo de talibanes recién liberados de la cárcel de Bagram, a las afueras de Kabul.Un grupo de talibanes recién liberados de la cárcel de Bagram, a las afueras de Kabul.NATIONAL SECURITY COUNCIL OF AFG / Reuters

El enviado de Estados Unidos para Afganistán, Zalmay Khalilzad, ha celebrado este lunes el canje de presos entre el Gobierno afgano y los talibanes. Esa milicia liberó la víspera a una veintena de miembros de las fuerzas de seguridad afganas que retenía, en respuesta a la excarcelación de varios cientos de sus miembros. Es un primer paso para que el acuerdo firmado entre Washington y esos insurgentes afganos permita la retirada de las tropas estadounidenses del país asiático. El temor a que llegue ese momento, sin embargo, ha llevado a las minorías sij e hindú a pedir mayor protección y ayuda internacional.

“La liberación de prisioneros es un paso importante en el proceso de paz y la reducción de la violencia”, ha tuiteado Khalilzad. “Ambas partes deberían acelerar esfuerzos para alcanzar los objetivos especificados en el acuerdo EE UU – Talibanes lo más pronto posible. El riesgo de brotes de la covid-19 en las cárceles plantea una amenaza real y es otra razón más para actuar con urgencia”, añade.

Ese pacto establece que el Gobierno afgano debe excarcelar a 5.000 miembros de los talibanes a cambio de que la milicia libere a un millar de miembros de las fuerzas de seguridad que se encuentra bajo su custodia, como medida de confianza para iniciar un diálogo interafgano. Pero ni el Gobierno fue parte de aquel acuerdo, ni el grupo talibán -al que EE UU echó del poder en 2001 (tras los atentados del 11S) y que desde entonces se han reconstituido en una insurgencia- reconocen a las autoridades de Kabul.

Aún así, el deseo de poner fin a casi dos décadas de guerra civil y la presión de Washington (deseoso de sacar a sus tropas de Afganistán) han logrado que, aunque con retrasos, se inicie el canje. El Gobierno afgano ha excarcelado hasta ahora a 361 milicianos talibanes de la cárcel de Bagram, según Javid Faisal, portavoz del Consejo de Seguridad Nacional. Además, “las liberaciones van a continuar en otras penitenciarías hasta dejar en libertad a un total de 1.500 presos”.

Esa es la cifra que fijó el presidente, Ashraf Ghani, para tantear la seriedad de la otra parte. Antes de proseguir con las excarcelaciones, explicó, quería asegurarse tanto de que los talibanes liberan a policías y soldados, como de que los liberados se abstienen de volver a empuñar las armas y la milicia mantiene su “reducción de violencia”. Este eufemismo se refiere a una menor intensidad de sus ataques que no llega a ser un alto el fuego como les pidió inicialmente el presidente Ghani.

De momento, los talibanes difundieron el domingo imágenes de sus primeros liberados. El Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) confirmó que había facilitado el traslado de 20 miembros de las fuerzas de seguridad afganas detenidos por los talibanes a la oficina del gobernador en Kandahar, al sur del país. La entrega se produjo en una de las comarcas de esa provincia bajo la férula de los talibanes. Se estima que el grupo controla en mayor o menor medida la mitad del territorio afgano, aunque son las zonas menos pobladas.

Pero si la confirmación del intercambio satisface a los planes de Washington, la perspectiva del regreso de los talibanes a Kabul tras la retirada de las fuerzas extranjeras preocupa sobremanera a las minorías. Una coalición de activistas sijs en Estados Unidos ha hecho un llamamiento urgente a la Casa Blanca para que permita el reasentamiento inmediato en ese país de las minúsculas comunidades sij e hindú afganas. Recuerdan que, a pesar de los esfuerzos del Gobierno de Kabul para protegerlas, ambas son especialmente vulnerables a la violencia de los militantes y lo serán aún más cuando las tropas de la OTAN empiecen a retirarse. A finales de marzo, al menos 25 sijs murieron en un atentado contra el templo donde rezaban en Kabul. El autodenominado Estado Islámico, un grupo aún más radical y sectario que los talibanes, se responsabilizó del ataque.

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